¡Txotx!

Puede resultar extraño encontrarse a Aritz Aranburu vestido de calle, con suéter y vaqueros, calzado, sin tabla de surfear ni traje de neopreno. Incluso, no es imaginable un escenario sin agua de mar y olas bravas que pongan de manifiesto su pericia para superarlas, volando sobre ellas y llegando hasta la arena.

Sin embargo, siempre hay un momento diferente. Pisando suelo de piedra, con un vaso de cristal en la mano, junto a una barrica llena de sidra, se abre la espita y el líquido casi maduro de miles, millones de manzanas, rompe con fuerza al grito de ¡Txotx!.

La voz calmada y el talante emocionado del protagonista abren la temporada de sidrerías en Astigarraga como en los próximos días sucederá en otras poblaciones guipuzcoanas que defienden la cultura, la tradición y el proyecto de emprendedores nuevos que refuerzan día a día la aventura de competir con los mejores.

Quizás venga por ahí la decisión de elegir al zarauztarra para inaugurar la temporada. Aritz vive en el mundo, en todos los meridianos, codeándose cuerpo a cuerpo contra los rivales. Lleva muchos años consolidado, superando muchas dificultades, pero creyendo firmemente en sus posibilidades, sin regatear esfuerzos.

Ante la atenta mirada de cámaras, periodistas, sidreros, gestores e invitados, con la timidez que le acompaña, Aranburu invitó a todos a probar el nuevo caldo dando las gracias por ser el elegido para un ritual tan particular como emotivo. Toca trabajar, abrir la puerta a los proyectos y disfrutar de las innovaciones. Habituado como está a viajar por el mundo y a vivir sin tregua, seguro que este momento le alegra especialmente y le dice que hay vida más allá de los sacrificios permanentes.

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