Emotiva despedida de “Anso” en Anoeta

Puede resultar poco comprensible para el gran público que los deportistas, cuando ponen fin a una etapa en los clubes en los que han militado la mayor parte de su carrera, rompan a llorar sin consuelo. Da igual la modalidad, pero buena parte de ellos se desmorona. El último en pasar el mal trago ha sido Jon Ansotegi, el futbolista de la Real Sociedad que pone fin a una trayectoria plagada de compromisos.

Un defensa como una torre, alto, incombustible, zaguero a la antigua usanza, dominador del juego aéreo, rascador cuando hacía falta. Contraste con la realidad de encontrarse ante un micrófono con el que dirigirse a los amigos del vestuario que le acompañan, a los dirigentes, a los periodistas, a las personas que deciden estar a su lado en ese momento tan especial.

Universitario con la carrera terminada, siempre se manifestó como persona equilibrada y con la cabeza bien puesta. Obviamente, en sus palabras no iba a haber ni un reproche, ni nada que se relacione con conceptos de negatividad y abandono. Todo lo contrario.

“No he venido a decir adiós, sino a dar las gracias”. Un punto de partida que refleja la calidad humana del jugador que se desvivió siempre en la defensa de los colores que le acompañarán allá donde vaya y defienda la camiseta que defienda. Hablamos de lealtad y fidelidad, realidades que cada vez están más en desuso

Contó siempre con el apoyo y la consideración de sus compañeros que le eligieron como uno de los capitanes del equipo. Más allá del número de partidos disputados y de lo que contara para los técnicos, siempre tuvo el respeto del vestuario: “Me han demostrado que esto es especial y que yo soy especial para ellos. He estado diez años en el mejor club que puedo estar”.

El club le concede la insignia de oro y brillantes y seguro que un día recibe el homenaje merecido. “Con lo que me quedo es con lo vivido en lo personal. Antes que el fútbol está la vida y me quedo con la vida que me ha dado la gente”, aseguraba entre emociones y con un claro sentido de pertenencia: “No hay que nacer en un sitio para querer a un equipo. Desde muy pequeño empecé a ser de la Real, hasta cumplir mi sueño”.

Repasar una trayectoria en unos minutos resulta imposible. Momentos buenos y malos, decepciones, alegrías, algunos goles que resume en palabras de afección: “Son muchos años y vivencias, muchos amigos y me acuerdo de todos ellos. Siempre me he sentido querido”.

Y ahora más, porque a lo mejor deben pasar cosas así para que la gente valore el tesoro humano que constituye un futbolista íntegro, de pies a cabeza, que puede ser mejor o peor, pero que es ejemplo para quienes tratan de seguir la estela de un referente. Un día llevó el “31”, luego el “14” y finalmente la casaca del “15”, con la que llega al final. Quien la herede sentirá el peso del orgullo en sus hombros.

Que una cerrada ovación despidiera al futbolista en la rueda de prensa, responde al cariño ganado a pulso desde el coraje y la normalidad. “Anso” siempre estuvo lejos de los focos, los espejos y la alfombra roja.

 

También te puede interesar

0 comentarios