Alex Txikón

Una entrevista con Alex Txikón se hará corta siempre, porque a cada pregunta le llega una respuesta en cascada. No delimita el tiempo porque expresa con todo tipo de detalles cada aspecto que desea compartir con los oyentes.

Da la sensación de encontrarse claramente en el largo de ida de la actividad que le apasiona: la montaña. Acaba de conseguir un hito que hasta el momento nadie había logrado. Ollar una cumbre en pleno invierno, después de un intento fallido. Ahora convive con la satisfacción de haber logrado el objetivo.

Podía vanagloriarse de la gesta, pero está muy lejos de ello. Prefiere hablar de campo base, de equipo, de experiencia colectiva y de conquista coral. Unos, sí, llegaron a la cima y pasan a la historia, pero eso hubiera sido imposible sin la ayuda de los demás, sin la guía con prismáticos y walkies de quienes les observaban en la distancia.

No hay romanticismos, pero la luz de las estrellas, los silencios, las puestas de sol y las alboradas, todo en conjunto otorga un clima de serenidad que sólo es posible vivir a más de ocho mil metros de altura. El objetivo está claro, la conquista, pero no hay riesgo. La vida es siempre lo primero, al igual que la seguridad. Cuando le pregunto si en esas circunstancias puede más el corazón que la cabeza, responde con rotundidad, que sólo la frialdad del pensamiento debe marcar las decisiones.

Es curioso conocer la vida de una expedición, la selección de los integrantes, la relación de todos ellos durante dos meses en los que siempre surgen problemas y que se deben resolver desde el sentido común. Es el tiempo de los liderazgos, del objetivo común que debe prevalecer sobre los personales, aunque sean unos pocos los protagonistas si todo sale bien como hasta ahora.

En estas circunstancias siempre se emite algo así como un parte que suena a final de batalla: “El 26 de Febrero de 2016 pasará a la historia del alpinismo mundial. A las 15:37 (hora pakistaní), Alex Txikon, Ali ‘Sadpara’ y Simone Moro llegaban a lo más alto del Nanga Parbat (8.126m), hasta entonces el penúltimo ochomil virgen en la estación más fría del año”.

Tamara Lunger, compañera de cordada, se quedó muy cerca de hacer cumbre. Enorme fortaleza la suya, porque le faltaron cien metros para ver el mundo desde otra perspectiva. La contó Alex Txikón en un mano a mano repleto de experiencias y enseñanzas.

 

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