Mikel Agirrezabalaga “Kapaxko”

La puesta en escena volvió a repetirse como tantas otras veces en la que un deportista decide poner fin a un ciclo de su vida. Esta vez le ha tocado a un jugador de balonmano, zarauztarra, que lleva en su mochila el enorme peso de una trayectoria en la que se mezclan defensa y ataque, con la misma fortaleza que el lenguaje de un balón lleno de pega y que le llevó desde su pueblo natal a Barcelona, Alcobendas, Dinamo de Minsk, Eisenach, Qatar y León. Siempre León, en donde ha militado durante seis temporadas en dos periodos.

Allí, defendiendo la camiseta blanca del Ademar, aporta lo mejor que tiene. Primero, la persona. Es fácil quererle. Ahí se engloban los conceptos de compañerismo, compromiso, profesionalidad, trabajo y liderazgo, tal y como explica su actual entrenador Rafa Guijosa:

Una de las ilusiones mías para venir al Ademar era volver a coincidir con Mikel. Fue la primera apuesta deportiva de mi carrera como entrenador. Disfruté como él en la cancha y de su evolución como jugador. Esta temporada, ha sido una gran ayuda para mí y, pese a todas las dificultades físicas y laborales por las que ha pasado, ha sido nuestro líder sobre la cancha”.

 El club quería seguir contando con él y le puso sobre la mesa una oferta de renovación pero, cuando llega el momento de decidir y además ya no eres un adolescente, entran en escena valores que se relacionan con la vida, la familia y el trabajo. Quedan muy atrás los tiempos en los que se podía vivir del balonmano. Ahora, la realidad es otra y además de jugar hay que conciliar el entrenamiento y la competición con la vida laboral.

Ese ha sido el detonante o quizás el argumento de más peso. La prioridad pasa a ser otra y el balón no determina el futuro. Casado y con dos hijos, comparte otra realidad y a ella se aferra a la hora de decidir. No hace falta ser sabio para entender que la decisión le ha costado. «El balonmano me lo ha dado todo. A León le agradezco todo. León es mi segunda casa, como el Ademar, que es el club donde más tiempo he jugado en mi carrera. Me voy satisfecho de lo que he hecho por este club y por dejar de nuevo al equipo en Europa». expresa entre emociones cuando se despide acompañado de dirigentes, compañeros, técnicos y familia.

Acaba de cumplir 32 años. Le queda cuerda, pese a que sus rodillas se enamoraron demasiado del bisturí y los cientos de partidos disputados le dejan secuelas. Puede presumir de haber ganado ligas, copas y haber disfrutado de una cita olímpica. Jamás una palabra más alta que la otra. Nunca un reproche. Espejo en el que poder mirarse como lo han hecho sus hermanos David y Alberto, también jugadores. Nos conocemos hace muchos años, nos hemos sentado una cuantas veces con una mesa de por medio para hablar y hablar y hablar. Lo haremos seguro, de nuevo, porque tendrá que decidir. Sabe de sobra lo que me gustaría.

 

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