El campeón discreto

No caben sino los elogios, por muchas razones que van más allá de ganar una final de pelota. La gente lleva hablando semanas de Iker Irribarria, desde que movió el bigote a Olaizola II, mesó las barbas de Oinatz y sacó la cortadora ante el campeón Urrutikoetxea. Con semejante hoja de ruta, no cabe sino rendirse ante las evidencias y aplaudir a este txapeldun que ni se afeita.

Hay muchas otras cosas, evidentemente, en las que fijarse. Sorprende el aplomo con el que se presenta en la cancha, la calma con la que se mueve y los duros golpes con los que doblega a sus rivales. Sería casi normal ante un pelotari de talla pero hablamos de un chico de 19 años, el campeón más joven de la historia, que debutó hace un año y que ahora está en la hornacina más alta de los altares.

En unas recientes declaraciones reflejaba su deseo de no cambiar más allá de los éxitos. Defensor de su entorno cercano, su pueblo Arama, su familia, sus amigos se afilia a la normalidad y da la sensación de que tampoco se va a dejar llevar por los loores y cantos de sirena.

Suele suceder cada vez que irrumpe un pelotari con fuerza que en seguida hablamos de campeón para años, del nacimiento de una estrella… La realidad es tozuda y lo mismo sucedió en su día con Beloki, Eugi, Barriola, el propio Urrutikoetxea y todos saben por experiencia que esto no son matemáticas y que influyen en el camino muchas cosas.

Que Irribarria es un gran pelotari, indiscutible. Qué la empresa Aspe ha salvado el campeonato del modo más inesperado, incuestionable. Lo mismo que la irrupción del resto de jóvenes valores ha servido para revolucionar el cuadro y ofrecer a los aficionados partidos de garantías.

El nuevo poseedor de la txapela cambiará el azul por el rojo, pero seguirá siendo un estudiante que sigue yendo a clase, que está en plenos exámenes, desbordado por todas partes ante el aluvión de entrevistas y reportajes que los medios le proponen. Es la novedad del cartel.

Iker es un chaval discreto, siempre atento a lo que sucede alrededor. Le cuesta expresar lo que siente y lleva por dentro, pero en el momento del tanto “22” no pudo contenerse y salieron al exterior la tensión y rabia acumuladas. Un campeón que se viste por los pies y que, si pudiera, llevaría rastas como Bob Marley, el cantante jamaicano que le apasiona y cuya música le acompaña en los momentos especiales. Éste lo es.

 

 

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