El ascenso

Osasuna y Girona se jugarán entre el miércoles y el sábado la plaza que queda libre en el fútbol de Primera División, categoría en la que militaron no ha mucho tiempo y a la que quieren volver, porque para un equipo de Segunda ascender supone algo así como la panacea a todos sus males, sobre todo los económicos. El que suba sabe que ingresa en caja un pastón.

Los navarros vienen de atrás hacia delante. Consiguieron plaza en el último segundo para disputar un play-off de dos eliminatorias. En principio, por ser sexto le correspondía el mejor equipo de la liga regular, el tercero del grupo, que peleó hasta el último minuto por una de las dos primeras plazas del ascenso directo. El Nastic lo tuvo en sus manos pero se le escapó.

Por partida doble, porque los navarros le han dejado en la estacada en las semifinales y además a base de goles y con mucha más holgura de la esperada. Se cumple la maldición de quienes no superan la primera decepción y también la oportunidad de rearmarse y no perder la segunda opción.

Martín Monreal pertenece a los técnicos de la antigua usanza, con el pañuelico rojo al cuello y todo, para que nadie dude de la pertenencia a un club y a la defensa de sus colores, como la plantilla que gestiona. Los rojillos son una mezcla de experiencia y veteranía, la aportación generosa de un colectivo con Miguel Flaño y Merino como elementos descollantes, sobre los que gira buena parte del éxito, sin desdeñar a los demás.

Están a dos partidos de culminar un sueño y de oxigenar por dentro a una entidad que a lo ha pasado mal en los últimos años por cuestiones que aún colean y cuyo final no se atisba. Sabe Osasuna que su rival es el Girona. Los catalanes debieron incluso disputar una prórroga para eliminar al Córdoba. Los andaluces lo tenían todo a su favor, pero sucumbieron quizás porque le vieron en la mano y se les escapó como el agua entre los dedos.

Los gerundenses sufrieron hace un año un revés endemoniado y aspiran a sacarse la espina, aunque las fuerzas fallen. Juegan bien al fútbol, explotan sus virtudes y quieren ser de Primera por primera vez en su historia.

Ambos equipos se conocen porque se han enfrentado en la liga un par de veces y porque la televisión enseña los caminos por los que tratar de derrotar al enemigo. Entre el miércoles y el sábado, la sentencia. Primero, en el Sadar, luego en Montilivi. Quien domine mejor los nervios, quien equilibre los impulsos entre la cabeza y el corazón tendrá mucho camino andado, aunque evidentemente quienes deciden son los goles y en eso no me atrevo a pronosticar.

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