Arruabarrena, dos años en Chipre

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Mikel Arruabarrena para en Limassol, después de la experiencia poco gratificante en Hong Kong. Se incorpora a la disciplina del AEL, uno de los dos equipos de la población chipriota. Firma por dos temporadas y espera reencontrarse con el juego y las porterías contrarias.

La llegada al hotel, el reconocimiento médico, la presentación ante los medios, la búsqueda del espacio físico y químico son cosas que ha debido superar en las primeras horas. No conoce a nadie y le es imposible comunicarse con los compañeros en su idioma griego.

Lo que parece difícil se convierte en cercano, porque al final todos hablan el idioma del balón, el único que conocen los futbolistas. El fichaje del delantero tolosarra respeta las dudas y aparca los nervios de la incertidumbre. Se ha cerrado el mercado y no todos los jugadores han encontrado acomodo. La oferta y la demanda difieren, lo mismo que los recursos de los clubes. Casi ninguno nada en la abundancia. Disponer a día de hoy de un contrato de dos años, cuando has cumplido 33 es algo así como un pequeño milagro. O grande.

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