El soldado de Tudelilla

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El entorno de la calle Laurel de Logroño no dejaba espacios para la reflexión. Festivo en Euskadi y plan otoñal con destino a la capital de La Rioja. No he sido nada original, porque muchos han pensado lo mismo. La ruta prevista, con parada en Tudela y visita a la cooperativa de Lodosa. Imposible comprar, porque hay cola de clientes y encima es el día del “toro ensogado”, una de esas citas que pasan por los pueblos y que mantienen la tradición sin cambios.

Así que, con los recados a medio hacer, encontré un mejor plan. Telefonazo a Gurutz Aginagalde. Respuesta afirmativa. Un menú del día, con un poco de prisa porque a primera hora de la tarde debe entrenar. Aparcar es una conquista. Dos vueltas hasta que la entrada al parking está franca.

La primera y obligada visita conduce a la frutería Pedro. Junto al mercado, en la calle El Peso, todo a la vista, fuera y dentro. Como siempre, todo de primera. Las bolsas se llenan de alubias blancas, pimientos de todos los colores, melocotones soberbios, unas peras de tronío y algunas cosas más que van directas al maletero.

Mientras espero la llegada de Gurutz, elijo uno de esos sitios de “tortilla al momento”- La hacen en un santiamén. ¿Quiere usted un poco de picantito?, pregunta el amable señor de la barra. “Vale. así un poquito de alegría”. Al rato, un triangulito con una corona de tomate rojo, cargado hasta las entretelas. Mi garganta por tiempos.

Después de varias vueltas, preguntando aquí y allá con todo petado, nos hicieron hueco en “El soldado de Tudelilla”, calle San Agustín. Una tasca antigua, diminuta, que no necesita carta de menú. Una pizarra con cuatro cosas y arreando.

Ensalada de tomate, con cebolla, bonito, aceitunas negras y un buen aceite, sal y vinagre. El responsable de la barra la hace a la vista del cliente. No hay más primeros para elegir. Los tomates son de categoría. De segundo, dos opciones: callos y huevos fritos. El portero del Natur opta por lo primero y, como estoy de antojo, elijo huevos fritos con patatas y que puedes acompañar con pimientos, jamón o chorizo. Metidos en faena, opto por lo último. Santisima decisión. Las rodajitas fritas picaban a reventar. Casi muero. Como luego debía conducir, no pude darle al rioja como hubiera deseado…

Cesto generoso de pan. De postre, si quieres queso con membrillo, queso solo o nada. Para qué complicarse. Tampoco sirven café. Los sibaritas y puristas es posible que pongan el grito en el cielo, pero el sitio es entrañable, con el sabor de lo familiar. Pocas mesas, todas llenas y muy divertidas. Servicio encantador. Y si encima, te invitan…

 

 

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