Llegar a final de mes

Las incógnitas que os planteaba en relación con la ausencia de Héctor Hernández en la convocatoria del Camp Nou se prolongaron en el tiempo hasta este sábado cuando tampoco figuraba entre los elegidos por Eusebio para la cita del Bernabeu. Como quiera que todos los comités, habidos y por haber, mantuvieron la sanción a Yuri, al entrenador realista se le planteaba un marrón en toda regla. Jugar contra el Real Madrid, en su campo, no parece una ocasión propicia para experimentos. Darle a un jugador del filial la oportunidad de debutar en semejante escenario, conlleva bemoles. A lo visto, al entrenador realista no le tiembla el pulso. Kevin debutó en el flanco izquierdo de la defensa con Lucas Vázquez en su horizonte inmediato, cumpliendo con mucha dignidad.

Es decir que el ausente lateral vallisoletano saldrá en las próximas horas hacia otro destino. Lo mismo que hace días lo hizo Rubén Pardo, de estreno ayer con la camiseta verdiblanca del Betis. Es decir que, la Real aligera tropa hasta el 30 de junio, una vez que se han cubierto todos los compromisos competicionales, salvo la doméstica liga que nos lleva a un calendario racional, a partido por semana, y con el foco puesto y bien dirigido a un concreto objetivo. ¡Agur a la dispersión!.

Y todo este trajín se deriva del penalti no pitado a Yuri por derribo indiscutible dentro del área. Lo que para todos nosotros es evidente, para quienes administran justicia deportiva, no. Ya me gustaría, pero parece misión imposible, que de vez en cuando estos santones actúen de oficio y pongan en orden esta catarata de escupitajos, codazos, empellones, collejas, pescozones, cogotazos… que cada día proliferan más. Afortunadamente, las cámaras de televisión desenmascaran a los causantes. Lejos de sonrojarse, mantienen el listón en el mismo sitio que lo dejaron, porque aquí no pasa nada y se perpetúa la impunidad. Hay una tabla de medir y un reglamento para unos. Lo mismo que otro, menos generoso, para los demás. ¿Quién le pone el cascabel al gato?.

Hubo un tiempo en el que, a partidos como el de anoche, les daba una importancia relativa. Incluso, sabéis que abría un paréntesis, metía dentro el producto del día, y cerraba el paréntesis. Felizmente ahora se compite (por lo menos cincuenta minutos hasta que enchufaron el segundo), se da la cara y se pelea, aunque las bombonas estén en la reserva y la cabeza no puede más que marearse. Esa es una evidencia del cambio más allá del resultado. En estas circunstancias parece que pueda suceder algo y se agradece, porque en tiempos no lejanos estos partidos se parecían a la escalera que conducía a María Estuardo al cadalso para ser decapitada.

Ciertamente, la jornada no se planteaba favorable tras los fracasos de Barcelona, Atlético y Sevilla. Los directos rivales madridistas capotaron y la oportunidad de poner más tierra de por medio se planteaba como una oportunidad para los locales y una dificultad añadida (por si hubiera pocas) para los visitantes. Estos, por la misma causa, se encontraban con la gran oportunidad de crecer. Planteado el cuerpo a cuerpo muchas cosas iban a depender de los esfuerzos y de la resistencia.  Quizás por ahí se pudiera entender la ausencia en el once inicial de Xabi Prieto y Vela.

La Real gustaba, llegaba con peligro y daba la sensación de que no estaba lejos de la sorpresa. El Madrid no jugaba a casi nada. Ni saques de esquina, ni posesión, ni acierto en los pases, pero…te espera a que cometas un error midas mal la distancia. Se sienten felices saliendo como gamos. Así nos pillaron en los dos primeros tantos. Casemiro reconoció al terminar el encuentro que lo había entrenado durante la semana. Con el segundo gol, el partido se acabó. El tanto nos hizo daño y todo lo que pasó después pertenece más a la película tantas veces vista. Pérdida de tensión, expulsión de Iñigo, y todos mirando al reloj para que todo acabara cuanto antes. No hay equipo en el mundo que juegue en cuatro días contra el Barça y Real Madrid y no lo pague de alguna manera.

Concluye, por fin, un mes pernicioso con nueve partidos en veinticinco días, que acaban con el más pintado. Kit de supervivencia para técnicos, jugadores, periodistas, aficionados, sometidos al diseño de una hoja de ruta implacable que va dejando bajas en el camino, como si pasara una plaga o una caballería. Se agradece un poco de calma, porque el equipo necesita recuperarse y descansar. Queda atrás la cuesta de un mes en el que tanto esfuerzo supone llegar al final.

 

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