La Copa de dos asas

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Ignoro si la copa que recibe el campeón de la Copa en balonmano sigue siendo la misma que hace dos décadas y media. Eran tiempos diferentes en los que quien ganaba el título pasaba una criba, se peleaba con todos, disputaba una prórroga, o lo que hiciera falta, para coronarse. Ahora, con todos mis respetos el título se consigue con más facilidad porque hay un equipo y luego vienen los demás y casi casi se gana a la pata coja. En los últimos once años, dos conjuntos se han repartido el campeonato.

Guardo en casa está reproducción en miniatura de aquella conquista del Bidasoa en tiempos lejanos pero inolvidables. Fue un regalo fabricado en la acreditada platería Galindez de la madrileña calle del Clavel. La he tenido que limpiar con “Aladdin” para que luciera mucho y valiera para compartirla como recuerdo de unos momentos que sólo el tiempo ayuda a valorar más y mejor. Las emociones se cruzaban en el camino. No acertabas a reconocer en su justa medida el esfuerzo de quienes se dejaban la piel dentro y fuera de la cancha en una conjunción de estrellas, alineadas en la misma dirección y con un objetivo mayúsculo que se resume en una idea: ser cada día mejores conviviendo con las limitaciones.

Así eran aquel equipo y aquel club. Ahora, vuelve a esa competición después de muchos años sin hacerlo porque las cosas cambian, los recursos aminoran y la competencia se ha hecho mayor en la misma dirección en que el papel preponderante en la competición cambia de manos.

Desde hace dieciséis años no acudo a la cita. He decidido volver al lado del equipo con el que he vivido los mejores y más grandes momentos de mi carrera profesional. Ahora son más pobres, no son favoritos, pero en el fondo siempre crees que la sorpresa es posible que, aunque todo llegue muy al final de la temporada y de los esfuerzos, hay un punto de luz al final del túnel. He hablado con algunos de los protagonistas para preguntarles si van a pelearla. Ni un no por respuesta. Necesitaba saber si merece la pena acompañarles.

Creo en la profesionalidad de los jugadores amarillos y en ese afán de superación que pertenece a la ilusión. Si la última fue en Torrevieja, ahora será en León, entre catedrales góticas y pinturas románicas. Que si el Barrio Húmedo, que si siete partidos, que si el encuentro con gente que no ves hace mucho tiempo, que si el runrún de fichajes y rumores, que si una copa…con intriga y duda porque no sé si seguirá manteniendo las dos asas.

 

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