¡Como vengan los italianos…verás!

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En el tiempo en el que el balón era redondo y en los clubes no existían jefes de prensa, la ley favorecía a las entidades y el derecho de retención impedía cualquier movimiento…en aquel tiempo los veranos del fútbol eran tranquilos y desde que acababa la liga hasta que llegaba septiembre, no se movía ni el tato.

Ahora, de aquello no queda nada. Ni siquiera sé si el balón sigue siendo redondo. Es un sinvivir y desde que los euros, dólares y petrodólares, jeques y magnates han desembarcado en este puerto, no hay quien esté a salvo de contingencias y caprichos. Las últimas jornadas en la Real Sociedad han sido tremendas y, si lo vivido hasta este momento es todo lo que nos va a pasar, ni tan mal.

Recuerdo hace bastantes años el último día de un mercado de fichajes en el que el Barça le levantó al Depor a Rivaldo, reforzándose hasta las cachas y dejando al directo rival decapitado en la vanguardia y sin margen de maniobra. Al presidente Lendoiro no se le olvidó jamas. Desde entonces parece claro que eso puede pasar en cualquier parte.

La Real le ha dado a Eusebio las llaves del castillo (eso parece) y no hay decisión deportiva que no pase por su visto bueno. Unos gustan y se quedan. Otros, no y deben buscar acomodo. Se trata de confeccionar la mejor plantilla posible y hacer frente a todo lo que viene que no es moco de pavo. Cada vez que el equipo consigue plaza europea lo desangran. El escaparate está lleno de mirones y se encaprichan con lo que se ve.

Parece que salvamos la campana con Odriozola, como antes con Oyarzabal. El traspaso de Yuri ha sido una evidencia de lo que el mercado te puede hacer casi sin enterarte, como en su día Griezmann o Illarramendi. Ahora el foco está puesto en Iñigo Martínez. Lo sabe de sobra el club y el futbolista. Como vengan los italianos y le pongan en la mesa “il Duomo”, “la torre del Filarete”, “la Scala” y la “Pinacoteca de Brera” nos va a entrar un sudor frío, un acojono de unta pan y moja.

A estos equipos forrados de pasta como se les ocurra ir a por un jugador te lo levantan del mismo modo que los perros de caza una perdiz. Cuando desde dentro del club, siempre una voz autorizada, señala que están tranquilos es entonces el momento de temblar sin parar.

En el caso del central, internacional y con experiencia, entra dentro de lo muy probable que estén dispuestos a pagar la clausula si consideran que es lo que necesitan. Luego, o quizás lo primero, está el jugador. Si decide quedarse y pasar de todo, será una buena noticia y aplaudiremos a rabiar, pero como un posible cambio le haga tilín, talán…verás.

O sea que. será bueno atarse los machos por si llegan las curvas.

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