¿Es verdad que no vamos a fichar?

No me recupero del sofocón del miércoles ni del catarro-gripe que me acompaña desde hace dos semanas. De esto voy saliendo con jarabes, pastillazos efervescentes, aguas, zumos, frutas, verduras, gotas hidradantes…de lo otro es imposible. La noche del día de autos la pasé entre el colchón de la cama y el sofá del salón, porque el insomnio se apoderó de mí como un novio de su novia.

Después de la tormenta siempre escampa y, aunque sé de sobra que partidos como el de ayer son complicados, pensé que estábamos ante una oportunidad de levantarnos. Pasado el encuentro, perdiendo de aquella manera, sin premio a tanto esfuerzo y al partido de Rulli, creo que se agravarán todos mis males.

Bajé, tras el sopapo copero, a la sala de prensa y encontré silencios, caras largas. No se oía una palabra más alta que la otra. Sólo los periodistas catalanes, dirigentes del club y jugadores ilerdenses elevaban un nivel los decibelios, porque los del otro lado miraban al infinito como si trataran de encontrar una respuesta que les aliviara. Desde hace tiempo se instala un discurso colectivo que siguen todos a pies juntillas. Se trataba de pedir perdón a la afición tras el manifiesto ridículo.

Estamos fuera de la copa como tantas otras veces. A partir de ahí cada cual saca las conclusiones que le parecen oportunas, arrimando el ascua a su particular sardina. Es decir, puedes poner en duda lo que el equipo hace, o valorar como accidente el fiasco monumental que nos dejó a todos más planos que la tableta de CR7.

El Metropolitano se presentaba como el mejor escenario para rearmarse. Los rojiblancos van de menos a más. Después de varios sustos que les pueden apear de la Champions dentro de un par de días, se han rehecho. La dupla “GG” trata de paliar el hambre con el alimento de los goles y la defensa no concede demasiado. Los últimos tres años la Real perdió allí y no vio portería en ninguna de las derrotas. Eso, unido a la sensación de tristura que nos dejó el partido frente a los catalanes, no llamaba al optimismo precisamente.

Sin embargo, los realistas jugaron muy bien cuando dispusieron del control del balón. Es lo que mejor hacen. Lo movieron y contaron con ocasiones suficientes como para abrir una brecha seria en su rival. Antes del penalti marcado por Willian José, nos habíamos aproximado con peligro a los dominios de Oblak. El propio brasileño y Xabi Prieto rondaron el gol en claras ocasiones. También las falló Correa.

Los descansos nos sientan mal y el equipo del segundo tiempo no se pareció al del primero. Perdió el dominio, la posesión y aparecieron las realidades de casi siempre. Los rojiblancos entraron en ebullición y nosotros en duda. Rulli, gran partido el suyo, mantenía de pie el pabellón con paradas de relumbre en la misma medida que el dominio local era cada vez más evidente. Salimos bien en alguna contra pero no acertamos a sentenciar hasta que Griezmann, quién sino él, empujó el balón de la puntilla.

Es entonces cuando aparecen las carencias. Llevo pidiendo todo el año un centrocampista que nos aporte lo que no nos sobra. El más parecido juega ahora en Getafe. Hay momentos en los que necesitamos fortaleza. En el banquillo del Metropolitano no había un solo jugador que pudiera saltar al césped y mantener las constantes vitales del equipo. Se marcha Xabi Prieto y desaparecemos, o dejamos de ser nosotros. Lo que queráis. No somos capaces de defender las ventajas, aguantar los marcadores y cerrar los partidos.

Y que nadie me llame ventajista porque es algo que repito cada varias semanas en esta sección. Getafe, Girona, Las Palmas, Lleida, ayer… el equipo se deja la piel, pone el encuentro en franquía, pero echa por la borda las muchas cosas positivas que logra en el camino. Un partido puede ser casualidad, pero tantos seguidos en las últimas semanas…

El equipo, posiblemente, no mereció volver de vacío, porque ofreció su mejor versión durante una amplia fase del juego. Es cierto que en frente había un rival con recursos. Reculamos, les dimos terreno, no salimos con el balón en condiciones y terminamos claudicando. Tan real como simple. No sé si la solución está en Zubieta. Ojalá. La disposición inicial ayer era buena, reforzar por dentro para presionar, robar, salir, dinamitar su juego. Cuando nos falló el engranaje dijimos adiós a un punto que nos hubiera sabido a gloria bendita. De verdad ¿no vamos a fichar?.

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