¡Sin novedad en el frente!

Entró el cabo Mencía al despacho del coronel y, tras ruidoso taconazo de sus lustrosas botas, confirmó al jefe que en el frente de batalla no se habían producido novedades. El mando agradeció la información y el soldado se despidió con otro sonoro roce de tobillos y sin dar la espalda a quien se sentaba tras una mesa en la que estaba desplegado el campo de batalla y diseñados los movimientos de las tropas propias y ajenas.

La Real se parece bastante a este paisaje. Está en plena guerra. Dispuso tres frentes al inicio del actual ejercicio. Hace una semana, por donde menos se lo esperaba, recibió un ataque por sorpresa del enemigo que contaba con menos armamento, pero un certero asalto con mosquete, arcabuz y espingardas derribó trincheras, palenques y empalizadas. El inesperado contratiempo volvió a poner en tela de juicio la habilidad de la cadena de mando y dejó maltrecha a la tropa. Reflexión sobre lo acontecido y decisión de rearmarse cuanto antes para hacer frente a los otros dos litigios.

El frontal es el más largo. Irán llegando rivales uno tras otro que medirán nuestra capacidad de atacar y defender. Se tratará de afrontar las contiendas del mejor modo, con el menor número de bajas posible y con la confianza en quienes deciden los planes de acción. Es entonces cuando se ponen de manifiesto riesgos y conformismos, adalides y paladines, estrategias y tácticas. No sé duda de la idea sino del modo de ejecutarla.

En un calendario sin tiempo de treguas, la última contienda obligaba a medirse contra el armamento ruso de patente italiana. El Zenit de Mancini llegaba con las tareas hechas y con el objetivo de neutralizar la escaramuza rival. Los de San Petersburgo querían defender su plaza, la primera, la mejor, en tanto que los nuestros deseaban asaltar el enrocado castillo y trepar por las almenas hasta conquistar el objetivo.

En la última exigencia de esta competición continental se jugaban los realistas unas cuantas cosas. Deportivas, que se refieren al hecho de ser primeros de grupo y asaltar la siguiente ronda desde una posición de ventaja. Económicas, porque ganar conlleva mayores ingresos para la entidad. Sociales, porque tras las cuitas y desventuras de la eliminación copera el equipo estaba obligado a mostrar su mejor cara, la mejor versión que le ayudara a congraciarse con su gente.

Los aficionados cuando llegan al estadio se hacen siempre una pregunta: ¿Qué nos harán hoy? Las dudas razonables vienen de los números en feudo propio. Siete partidos de liga, dos victorias. Uno de copa, una derrota. Tres de Europa League, dos victorias…sumadas todas: cuatro triunfos en once partidos. Sin duda, en esta competición continental ha sido donde mejor han lucido los esfuerzos hasta ahora. Veía el martes y el miércoles los partidos de Champions, más atento a quienes acababan terceros de cada grupo que a los que se clasificaban para la siguiente ronda. A medida que se iban conociendo los posibles rivales y la enjundia de todos ellos, pensaba en el futuro inmediato y en la fortuna que nos depare el sorteo del lunes. Miras la lista de frente y percibes escalofríos que recorren tu cuerpo de arriba abajo, sin pararse en recovecos. Es como si llegara de frente, Braveheart con todas sus tropas.

Por eso, el partido en medio del macro puente de anoche asomaba como una oportunidad de consolidarse, de jugar bien y ganar. Lo necesitamos. Eusebio no guardó nada para la nueva cita del domingo y optó por la guardia de corps, pero con las mismas constantes de siempre, es decir, encajar goles de tres en tres ante un equipo que nos dio un repaso táctico en toda regla. Supongo que le dio muchas vueltas al equipo inicial, porque queda dicho que las decisiones de los técnicos llevan mensajes adheridos. Si sacas un equipo muy titular, los jugadores saben de sobra que deben ir a por todas. Si decides un equipo casi titular, no caben muchas especulaciones. Si optas por un equipo de chichinabo (con perdón), la gente se lo toma a modo de inventario. ¡Que termine cuanto antes! Esa fue la sensación de los más de veinte mil que acudieron al estadio. El equipo acabó muerto de esfuerzo con nulo premio.

No voy a incidir en lo que venimos repitiendo semana tras semana. Me limito a decir lo mismo que el cabo Mencía, porque en el frente ni hay novedad, ni se atisba. Más de lo mismo.

PD.- Seguro que no me lee, pero me apetece saludar al entrenador Paulo Fonseca, técnico del Shakhtar Donetsk. Cumplió su promesa y compareció en rueda de prensa vestido de Zorro, con máscara y todo. Su equipo ganó al Manchester City y puso una nota de color y alegría ante los periodistas. De vez en cuando, viene bien romper con la sosería instalada.

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