La vieja senda del paréntesis

Recordaréis que no hace muchas temporadas, cuando la Real se enfrentaba a uno de los tres primeros de la liga (normalmente Barça y los dos equipos de Madrid) abría un paréntesis, metía el partido dentro y cerraba el paréntesis. Pasara lo que pasara, estos encuentros se convertían en imposibles por unas u otras razones. El crecimiento del equipo, las conquistas, la fe en sus virtudes y la creencia de que cualquier cosa podía suceder, me animaron a considerar estos encuentros como una gran oportunidad de demostrar que no somos menos que nadie. Ese es el sueño vivo hasta que se desvanece como anoche.

En los últimos tiempos se repitieron sucesos en los que nos vimos perjudicados por quien, cada vez que tratamos de ser felices, lo impide. Siempre nos toca en suerte y aparece en el momento más inoportuno. Vivimos muy tranquilos sin él. No le necesitamos. El camino está plagado de pitadas y pitidos cargados de ignominia. La convivencia con tanto descrédito nos llevó a revelarnos. El más grande Jagoba Arrasate acuñó para siempre una frase de estandarte y escapulario: “Nosotros también tenemos escudo”. Eran momentos en los que quisimos ir a por todo y pisar terrenos de veda para los humildes.

Cada momento escribe una historia. Ahora andamos con la tinta del bolígrafo fría. Nos cuesta protagonizar buenas páginas, redactarlas con letra elegante y sentirnos orgullosos del cuaderno. Nos cuesta ganar, nos cuesta cerrar los partidos y confirmarnos como un buen equipo. Lo hacen los resultados. El jueves ocupé asiento de primera fila en el copero Barça-Celta, los dos rivales inmediatos. A la media hora, no había partido. Todo el pescado vendido desde la gran superioridad del rival de anoche. Me enfrié a velocidad de vértigo y un aire fresco se coló entre la entrepierna y la taleguilla. ¡Ay, madre, la que nos espera!, pensé sin ruborizarme.

Posiblemente, ese equipo ofreció la mejor versión desde que comenzó la temporada. El inmenso valor de Valverde es ese. Perdió a Neymar y a Dembelé (lesionado) y se quedó con Deulofeu, junto a Messi, Luis Suárez y Alcácer. Reconoció hace días que el vestuario quedó tocado por la salida del brasileño. La magia lució menos, pero cada siete días los puntos al talego. No era un juego de dibujos animados. No cautivaba, pero lograba la primera plaza en el grupo de Champions, se quedaba como campeón de invierno y accedía a cuartos de final de Copa, mientras sus rivales se perdían en ditirambos y estulticias. Suma que suma puntos, en tanto el resto seguía preguntando al espejo de Blancanieves si había alguien más guapo. Y en esas estábamos hasta las nueve de la noche de ayer.

Valverde se permitió el jueves conceder minutos de descanso a Messi, Iniesta y Piqué. Esa decisión en tiempo reciente hubiera puesto en marcha la fusilería, pero ahora (este es el valor de la gestión grupal) todo sucede con normalidad. Así que el Barça vino liderando todas las clasificaciones, jugando como nunca y con todo el coro de chicos cantores sin desafinar ni en los gorgoritos.

En el lado de acá, menos alegrías. Iñigo Martínez no llegó para el encuentro que más le apetecía. No se portaron bien con él. Seguro que estaba con ganas de enseñar pantorrilla y dar calor aprovechando la fría noche. La convocatoria de tres guardametas apuntaba a alerta roja, porque Rulli es el titular que cuenta con el respaldo inequívoco del entrenador. Guste más o menos, la portería es suya.

Es decir que, la partida comenzó con muchas distancias entre ambos contendientes. Se esperaba de salida a Oyarzabal y Januzaj en el equipo titular, pero el míster eligió a Juanmi y Canales para sacar adelante un plan. Los dos firmaron un buen primer tiempo al que además el malagueño le dio rúbrica con el gol de la doble diferencia. Seguro que muchos de vosotros pensasteis en la heroica, porque al inicial golazo de Willian José se añadió otro, que pudieron ser tres si el trencilla no se inventa una falta.

Es cierto que los partidos contra el Barça son largos y que para ganarlos debes jugar bien, no perder la concentración y disponer de una pizca de fortuna. A medida que el encuentro avanzaba, además del chaparrón generoso, todo se fue poniendo en contra de la Real. Primero el gol de Paulinho antes del descanso. Después del vestuario, el empate. Más tarde, la lesión de Zurutuza, luego los errores que desembocan en un final que tuvo poco de feliz para la muchachada txuri-urdin. A la postre, victoria contundente de un equipo plagado de recursos que cuenta con media liga en el bolsillo. Cerrado el paréntesis, sin sacar los pies de las alforjas, concluimos una primera vuelta bastante pobre. Lejos de lo que esperábamos. La visita del Celta se presenta como una nueva oportunidad de congraciarse con las victorias, siempre y cuando seamos nosotros y no una sombra. En eso, no hay paréntesis que valgan.

También te puede interesar

0 comentarios