Mitxelo Olaizola, pasillo de campeón

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Seguro que no le ha dado nunca una buena patada al balón, ni se ha ido por la banda, ni ha gambeteado. Lo suyo fue el fútbol, la Real, desde las catacumbas de las instalaciones. Su mundo era un cuarto grande con lavadoras, plancha, ropa, botas, cestos y baúles. Y algún escondite para el piti o los almuerzos. Llegaba a Zubieta a una hora. Sabía cuando entraba, pero no cuándo salía, porque muchas veces el trabajo se acumulaba. Partidos entre semana, viajes, prisas, así un año, otro, otro…hasta pasar a la historia como uno de los grandes, aunque no pisara nunca el césped, ni luciera un número en la espalda.

No es fácil trabajar en un club de fútbol cerca del vestuario, donde se arremolinan jugadores y técnicos. Varias décadas viendo desfilar centenares de protagonistas. No es fácil lidiar con los desánimos, las decepciones, los malos tragos, ni tampoco afrontar el reto de cada día. Si el cuarto de botas hablara…cuántas confesiones, cuantas realidades. Nada es fácil. Le van a echar de menos. Les va a echar de menos.

Un día se dejó afeitar el bigote por parte de los jugadores. Fue cuando el equipo volvió a Primera División tras el último ascenso. Nervioso como el que más, se sentaba siempre en un banco alargado cerca del banquillo. Alguna vez algún árbitro le llamó al orden o le mandó al vestuario porque en las protestas había mucho de pertenencia al objetivo de cada partido. Hemos compartido viajes durante mucho tiempo. Las tiraba a gusto, nos daba caña a la prensa, pero siempre respetuoso y divertido con esa ironía que va siempre con él. La misma caña que a los futbolistas cada mañana al traspasar el umbral del vestuario y abrazarse con ellos. El cascarrabias al que todos quieren, es menos cascarrabias. No hay nada más grande que sentirse querido.

Se va por la puerta grande, con pasillo de campeón. Es el que le hacen en su último día de trabajo los protagonistas de cada jornada. No hay desencuentros sino todo lo contrario. Agradecimiento absoluto de los recién llegados, como de quienes llevan muchos años. Unanimidad sin paliativos. Su hermano Julio fue titular en el equipo campeón de liga. Mitxelo Olaizola lo es de otra manera, pero personas eficaces como él se encuentran pocas y deben pasar a la historia. En cualquier libro de la Real deberá aparecer en letras gordas y si se animara a escribir el suyo, os aseguro que se agotarían las ediciones. Pero siempre fue muy escrupuloso con la confianza y no traicionaría a nadie.

Foto: Real Sociedad.

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