Un señor ejemplar

Asier Garitano vivió una semana complicada por la despedida de dos hombres del vestuario y supongo que no fue fácil poner el punto de concentración exigido para que su equipo rindiera y lograra ganar en Ipurúa. Una derrota más, en el descuento y tras quedarte con diez y tocados por la lesión del debutante. Aritz Elustondo fue titular en el central derecho y el míster sorprendió con Sangalli en el once de salida. Los entrenadores prevén cosas, suponiendo siempre que no se producirán sobresaltos. Sin embargo, la historia está llena de sorpresas desagradables en forma de graves lesiones. Llevo unas cuantas décadas compartiendo con los deportistas muchas de sus vivencias y os aseguro que no hay nada peor que una fractura, un quirófano o un largo tiempo de recuperación y espera.

Las mesas camillas funcionan. Los masajistas escuchan cada día lo que sienten y piensan los jugadores. A veces, el entrenador no les alinea, les deja fuera de la convocatoria, etc., rajan sin medida, pero saben de sobra que eso pertenece al guión y que es una enfermedad más o menos pasajera. Lo que de verdad hace daño es el ostracismo que se deriva de la larga ausencia de los terrenos de juego y la competición. La única compañía en estos casos es la soledad.

No hay consuelo. Viendo el partido de Leganés y la jugada de la lesión de Llorente, sólo piensas en la persona, no en el daño que supone su ausencia del equipo. Las manos a la cara, las lágrimas, la cabeza dando vueltas. Saben de sobra, al instante, que se han roto y empiezan a pensar en la gravedad de la lesión, en la intervención quirúrgica. Aplaudo la decisión de Luis Enrique de incorporarle para su primer proyecto, aunque sólo sea como oyente. Nadie mejor que ayudar a que el tránsito sea lo más llevadero posible. El partido fue un tratado de infortunio: Willian José, Orellana, Merquelanz…

Anoche en Ipurúa se enfrentaban dos equipos a los que les faltan futbolistas de calado. Los armeros hicieron en su día una apuesta formal y fuerte por Pedro León. Cuando el murciano estuvo bien, aportó al equipo lo que deseaban y fue pieza clave en el rendimiento ofensivo del grupo. El tiempo, sin embargo, le ha pasado demasiadas facturas y el dique seco se ha convertido en un desagradable compañero de viaje. Recién operado de una hernia, sólo cabe desearle una buena recuperación.

¿Qué decir de Imanol Agirretxe?. Casi tres años recorriendo el mundo entre médicos, fisioterapeutas, masajistas y toda la letanía de recuperadores, santos, estampas milagreras, terapias, ungüentos, muletas… sin perder la esperanza. No es fácil la relación con ellos en estas circunstancias. Le preguntas qué tal va y responde que bien, pero sabes de sobra que la procesión va por dentro. Acudí el miércoles a la despedida en Zubieta. Sólo fui a aplaudir. Con toda la fuerza del mundo, porque se va un grande, muy grande. En todo el tiempo de convivencia con él, en los buenos momentos y en los que no lo fueron, sentí su cariño y respeto. Traté de agradecerle su trato exquisito, porque me ayudó siempre. Seguí la comparecencia con máxima atención. Ni una mala palabra, ni un mal gesto, ni un hilo de rabia o rencor, ni una factura pendiente. Nada. Al contrario, gracias al presidente, al que elevó a los altares, gracias a las personas del día a día, gracias a técnicos, compañeros, familia. Y un brindis a la felicidad. Lo dijo varias veces. Se aferró al sentimiento por los colores, a la Real por encima de todos, a lo colectivo antes que lo personal. Un señor ejemplar.

No hace falta ser Einstein para intuir que moralmente está hundido, pero eso se lo guarda para él y para los más cercanos. No quiso que fueran sus mejores amigos al acto de despedida, porque se podía derrumbar y no era esa la imagen que deseaba ofrecer en un día tan especial para él. Al acabar, nos dimos un abrazo. Y después le comenté a uno de los consejeros de peso que me preocupaba la salida de tantos futbolistas de pálpito en el vestuario. En un santiamén, Xabi Prieto, Carlos Martínez, antes Vela, ahora Markel Bergara, De la Bella, Imanol…y que en el espíritu de pertenencia nos estábamos quedando, con perdón, en bolas. Lo saben de sobra y les preocupa. Es la hora de Oyarzabal, Illarramendi, Elustondo, Zaldua…con Zurutuza como elemento de conexión entre los de ayer y los de mañana. Y es la hora del compromiso de los más jóvenes y de los que acaban de llegar.

Esto, en lo que se refiere a jugadores mediáticos. Hay más, muchos más. En fútbol o en otras modalidades. Por ejemplo, Alex Iriondo un centrocampista guipuzcoano que defiende la camiseta del Leioa en Segunda B, se ha roto el cruzado y ya le han operado. Mikel Azkoiti, defensa del Real Unión, pasa por el mismo mal trago y le intervendrán en próximas fechas. Cito a ambos porque les conozco y porque sé de sobra que les mueve la pasión por el juego y que lo dan todo cada siete días, más allá de sus virtudes. Son jugadores con alma. No abundan. ¡Mucho ánimo!. A ellos, y al balonmanista Mikel Agirrezabalaga, al que ayer también le operaron del peroné.

El fútbol que me gusta se relaciona bastante con el compromiso. Veo partidos espantosos, en los que el juego no es de galanura, ni elegante. Disfruto con los vendavales, las algaradas del patadón y tente tieso, las cargas y las disputas. Llegan los noventa minutos y la necesaria concentración. Por fas o por nefas, te descontrolas, desaprovechas la oportunidad de ganar, pierdes en la prolongación y te cargas de dudas y de graves lesiones. La semana no ha sido, precisamente, una oda al optimismo.

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