¡ Consolatrix afflictorum!

No sé cómo se gana el cielo, pero si depende de rezos, rosarios y letanías, no ando lejos del séptimo. Durante años, al final de clase, tocaba darle a los misterios gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos. A su término, una sonora retahíla de invocaciones a la virgen, a las que respondíamos con un “ora pro nobis”. En latín, porque todo se decía en esa lengua. Era el tiempo en que los sacerdotes celebraban la misa de espaldas a la feligresía y toda la liturgia se expresaba en ese idioma.

Iba sucediéndose la lista de súplicas. Recuerdo el Virgo potens, Virgo clemens, Turris ebúrnea y el Consolatrix afflictorum que me animo a incorporar a este beaterio de mis entretelas. La traducción latina se relaciona con el “Consuelo de los afligidos”, algo así como un bálsamo para las decepciones, los lloros y gemidos en los que nos movemos cada vez que hay partido. Todo empezó hace una semana. La cita de Anoeta apuntaba a colosal. Despedida de un grande, cariño a borbotones, asientos nuevos, césped impecable, sonoridad formidable, tambores de guerra y un partido de esos que se marcan en rojo cuando se sortea e calendario.

Pasó lo que paso y nos quedamos un poco así, como venidos a menos. Todo lo vivido, las emociones controladas, los sentimientos indisimulados, la alegría de volver a un campo de fútbol, sirvieron de consuelo a una derrota que me pareció injusta, pero que es lo que queda. Siete días dándole vueltas a las cosas tratando de salir de la aflicción. Parecida a la que sufrió CR7 cuando en Mestalla le pasaportaron al vestuario antes de tiempo. Llora que te llora, entre gimoteos, duelos y quebrantos. Otro afligido. Y podríamos seguir un rato largo porque la actualidad da mucho juego y no nos faltan lágrimas y plañidos a raudales.

En medio de ese panorama se habló de Rulli que sigue siendo jugador de la Real Sociedad y forma parte de un grupo al que los fieles seguidores deberían apoyar sin distingos. Es posible que patine, pero tengo la sensación de que las cosas por dentro han cambiado. Parece obvio que se refuerzan comportamientos y conductas con un indudable objetivo de conseguir fortalezas. El arquero colgó fotos en las redes sociales con toda naturalidad. Salieron a defenderle, pidiendo respeto, quienes saben lo que supone cantar fuera de hora. El primero que le sacó la cara fue Moyá. Y después su amigo Rubén Pardo, cuya entrevista en estas páginas el pasado jueves, me pareció deliciosa, oportuna y edificante. La vida de un deportista, en cualquier modalidad, no es fácil. Tampoco acceder a ella. De ahí, el mérito de quien preguntaba (Mikel Recalde) y la sinceridad del jugador que habló mucho de sus pasadas aflicciones y desconsuelos. Y lo ha llevado todo con una resignación encomiable.

Rulli fue titular ayer. Lo contrario me hubiera decepcionado, porque los buenos entrenadores deben gestionar las situaciones desde el sentido común. No entro a valorar quién es mejor que el otro o quién debe jugar. Hablo de momentos de idoneidad. ¡En tiempos de tribulación no hacer mudanza!.

Más pudo sorprender la ausencia de Illarramendi (quizás para dosificar esfuerzos ante el doble compromiso de la semana que viene) que llevó el brazalete de capitán al brazo izquierdo de Oyarzabal para confirmar que este chico lleva un camino de compromiso (100 partidos ya a sus espaldas) y que no se asusta por las nuevas responsabilidades. Entre ellas, saludar al colegiado Iglesias Villanueva, el trencilla que nos tocó anoche en suerte, y ponerle cara de ¡Ay pena, penita pena! tras las expulsiones de Juanmi y Theo que no comento para no afligiros..
Con Bautista de titular, Zurutuza a la espera, y los de atrás ni tocar, era el turno para un centro del campo distinto con Zubeldia, Merino y Rubén Pardo que no jugaban juntos desde el encuentro inicial de liga en Villarreal, aquel en que se consiguió la única victoria. Entonces vimos un partido bien distinto al de anoche, sobre todo a partir de las incidencias.

No fue un buen encuentro, tampoco bonito. Disputas y más disputas hasta que apareció un golpeo formidable de Mikel Merino para adelantar a los suyos y poner el partido en franquía. Garitano seguro que había diseñado un plan, pero dos lerdeces indefendibles se lo cambiaron de raíz. Y desde que nos quedamos con nueve hasta el final, aquello fue un tramo insufrible para todos. Los que estábamos fuera mordiéndonos las uñas y los que estaban sobre el césped ya no podían ni con los ligueros de tanto esfuerzo y tanto correr para evitar otro sobresalto. Se trataba de aguantar el resultado como fuera. Y en eso, sinceramente, matrícula de honor.

Así, con las máximas dificultades, el equipo termina el partido sin encajar un gol por primera vez en la temporada, suma tres puntos muy importantes, pero paga demasiada factura cuando nos esperan dos partidos en un santiamén. Al míster se lo complican todavía más los propios y los extraños. Cuenta con tantas bajas como un colegio en tiempo de catarros.

Un triunfo que nos sirve de consuelo para tantos minutos de aflicción. Ahora, con los nervios a flor de piel y tratando de recuperarme de tanto sobresalto, a ver cómo consigo conciliar el sueño, porque para estas horas de concluir los partidos y de escribir artículos, no hay consuelo. ¡Afligido!.

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