Imanol Idiakez deja el banquillo del Zaragoza en el que se sienta Lucas Alcaraz

Sigo sin entender los criterios de los clubes a la hora de elegir entrenadores para sus proyectos deportivos. En la pasada temporada creyeron en Imanol Idiakez para llevar las riendas del Real Zaragoza. Se supone que le conocían y que entendían que era el idóneo para el cargo de entrenador. Diez semanas después de iniciarse el campeonato le destituyen y eligen a Lucas Alcaraz para ese trabajo. Imanol Idiakez y Lucas Alcaraz no se parecen en nada. No se pueden dar semejantes tumbos.

El entrenador donostiarra ha sufrido mucho porque ni la dirección deportiva encontró un delantero del rendimiento que ofrecía Borja Iglesias (hoy en el Espanyol), ni la plaga de lesiones ha dejado de acompañarle a lo largo del ejercicio. La propuesta de Idiakez en el juego es atrevida y moderna, pero no le han dado tiempo a que los futbolistas la asimilen. Los maños llevan un montón de años seguidos en Segunda División y siguen sin entenderlo. O se ponen las pilas de verdad, o seguirán conviviendo con el costoso fracaso. En los últimos diez años han pasado por La Romareda quince entrenadores. Una barbaridad.

Imanol Idiakez llegó a Zaragoza con la ilusión del que viene dispuesto a seguir haciendo camino tras ganar la Copa de Chipre con el AEK Larnaca. Se ha curtido en una categoría exigente como es la Segunda “B”, en donde ha llegado a jugar algún play-off de ascenso (Lleida, por ejemplo). Le toca ahora volver a empezar después de los meses de reflexión que se derivan de este cese. Ha tragado muchas cosas en el camino porque quería ser entrenador y así lleva diez temporadas consecutivas disfrutando con lo que le gusta.

Que no esperaba este final, es seguro. Que volverá a un banquillo en cuanto pueda, también. Le envié un mensaje al conocer la noticia de su despedida: “Imanol, un entrenador sin que le echen, es lo mismo que un jardín sin flores, o un niño sin suspensos”. Se levantará, porque es duro como la roca.

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