¡Hasta dentro de un mes!

Un día de Todos los Santos, a las cuatro de la tarde, sin sobremesa, sin café, sin siesta, sin poderme comer esos buñuelos rellenos de cabello de ángel que tanto me apasionan, sin beber un poco de moñoño, sin jugar la partida de chinchón, sin ganarles cinco euros a los rivales…todo por un partido de fútbol que debo ver por televisión para luego hacer este relato, a mi bola, a mi manera o como se me ponga en la bahía. ¡Hartito me tienen!. Y menos mal que esta vez no perdemos, marcamos un gol -¡Juanmi, qué bien te sienta Vigo!- y mantenemos viva la esperanza.

Atasco monumental en el departamento personal de ideas, decidiendo sobre qué escribir para no aburrir y para contar historias diferentes. Cuando jugamos copa, volvemos al debate manido, desgastado y cansino. Que si la tiramos, que si las rotaciones, que si no competimos, que cuanto asco, que si son unos caraduras, que si patatín, que si patatán. Me niego a seguir ese hilo. Menos mal que los cambios, la actitud del equipo, las paradas de Rulli y el buen son general permiten abrigar esperanzas de éxito.

Esta semana nos han cambiado el himno, una palabra de la letra, el fondo musical y el ritmo. Y ya está el personal sumido en el debate como mi amiga Margari que vive en Fitero, a la que visitaré hoy y a la que le encanta discutir de todo. Están de una parte aquellos a los que les parece bonito, dispuestos a cantarlo a ritmo de foxtrot y tamborrada. Otros, en vivo incendio, porque hay público para todo y están en su perfecto derecho de opinar y decir que la marcha de Sabadie no se mueve un pelo. Faltaría más.

Como he viajado tanto por esos campos de Dios, he escuchado himnos de equipos rivales. Los antiguos y los modernos. Y a base de oírlos te aprendes la letra y resultan inolvidables. Me apasionaban los del Zaragoza, “ el cachirulo se alzará”; Logroñés, “chuta que chuta que chuta”… Levante, “en las barras azulgranas de tu clásico jersey”…el de las mocitas madrileñas, el antiguo del Espanyol; escuchar a los Chimberos hablar del gran tesoro, el del Alcoyano…”logrando fama y renombre por furia, garra y moral”. ¡Qué hermosura!

“Cuando juegas con tesón, vibra toda la afición”…suena en Balaídos, desde 1969, el del Celta, hasta que entendieron que la rianxeira era otra cosiña más entretenida y con más porvenir. Iago Aspas les pone a prueba cada partido, y todos a cantar aquello de las ondiñas vienen y van. Podría escribir un tratado sobre himnos de ayer y hoy, cantables y descorazonadores. Algunos, en lugar de animar, te hunden en la miseria. Cuando llegábamos a un campo y escuchábamos aquellas tristuras…habíamos ganado medio partido antes de empezar. De norte a sur y de este a oeste, os animo a que busquéis en internet las canciones de cada club, en cualquier categoría, y disfrutéis de letra y música. Entra dentro de lo probable que, en algún caso, os quedéis entre el soponcio y el patatús.

Si voy con la música a otra parte y hago parada y fonda en el asunto Julen Lopetegi necesitaría cien beaterios para explicar lo que pienso. Como todo es un despropósito detrás de otro, algún responsable debería calificar la profesión de técnico de fútbol como de riesgo. Las ruedas de prensa se están convirtiendo en partidas de tiro con arco, en donde lo que menos importa es la opinión del entrenador. Entretiene mucho más tocarle los pelendengues. Y así estamos y lo que te rondaré. Hay poco tiempo para la sonrisa.

Ayer me pareció verla asomar en la comisura de los labios de Asier cuando el equipo marcó el gol del empate. Lo merecíamos, sobre todo en el tramo final del encuentro. Ellos, a defender lo que habían conseguido y nosotros en busca del arca perdida, cuya tapa abrimos felizmente cuando quedaba poco para el disgusto. Apareció el látigo, dio el pase y el malagueño la mandó a la esquinita por abajo.

Pensaréis que el partido de vuelta está a la vuelta de la esquina. ¡Quiá!. Hasta el puente de diciembre no toca resolver la incógnita. Más de un mes entre la ida y la vuelta. Para entonces pueden pasar tantas cosas. Entre ellas, que nos olvidemos del encuentro de ida y del objetivo. Eso es un despropósito en toda regla se mire por donde se mire. Es un horror pero, aunque a los que deciden les da igual lo que pensemos y opinemos, seguiremos con la matraca el tiempo que haga falta.

Apunte final: No sé si Luca Sangalli me conoce de algo o le sueno, pero es obvio que le deseo una pronta y feliz recuperación. Lo mismo que hace unas semanas a Adrián Crowley, jugador del Bidasoa que sigue adelante con su restablecimiento. Gente joven, con mucho futuro, a quienes el camino les pone pruebas. Con la fuerza interna y el apoyo exterior todo será más fácil. En Balaidos enseñaron la camiseta con el “23” en el banquillo cuando llegó el momento de la alegría compartida. Tengo un amigo, Iker, que es muy de la Real y que le ha cambiado la letra al himno. Su estrofa se canta así. “Aurrera Sangalli! Aurrera Arroka! Aurrera Txuri-urdina!”. Mi versión del himno hasta que te recuperes, comenta. #ÁnimoLuca. Amén, añado.

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