“Saccharomyces cerevisiae”

Nunca fueron mi fuerte ni las ciencias naturales, ni la biología. De hecho, no me apasionan nada. Siempre creo que el gusto por una asignatura depende mucho de la capacidad del profesor a la hora de impartir la asignatura y de conseguir adeptos para su causa. No fue el caso de aquel religioso que atendía por Severino María al que correspondía impartirnos la clase de botánica, zoología, genética, astronomía, planetas, Darwin, micología y demás parientes.

Casi todo disponía de una nomenclatura en latín. Nos hacía aprendernos los dos nombres. El conocido y su equivalencia en la lengua de Marco Aurelio. Han pasado cinco décadas desde entonces y hay denominaciones que no he olvidado. Una de ellas se refiere al Saccharomyces cerevisiae, el hongo de la levadura del pan, de la cerveza, al sistema reproductor de las células, etc. Al profesor le encantaba decir el nombre cien veces y lo sacaba a colación cada vez que podía, viniera, o no, a cuento. Os propongo el ejercicio de leer las dos palabras, aprenderlas y repetirlas. ¡Si lo consigues, un puntazo!

La levadura se relaciona con la fermentación. El conocimiento vulgar nos lleva al camino de un bizcocho, de un bollo, de todo aquello que se mete en un horno y crece hasta conseguir un tamaño idóneo. Si se olvidan de ella, todo queda plano y no se desarrolla. En lugar de una tarta encuentras una especie de zapatilla rusa, dura como una roca e incomible.

Desde tiempo inmemorial, con honrosas excepciones del camino, cada vez que llegaba una eliminatoria de Copa, se nos pasaba incluir el Saccharomyces entre los ingredientes. Así, una, otra y otra, hasta mil. Un disgusto, otro disgusto, uno más. Siempre igual o parecido. Nos pasaban por encima equipos que no aparecían en el mapa y nos pintaban la cara conjuntos entusiastas de unas cuantas categorías por detrás. No voy a citar nombres para no herir susceptibilidades, pero nos ponía de una leche…

“No me va a condicionar el pasado” comentaba Garitano, el nuestro, antes de disputar el partido de vuelta ante los gallegos. Confiaba en los suyos. No era malo el resultado de Balaídos, como no ha sido mala la imagen del equipo en los últimos partidos, más allá del acierto y de la puntería. En el sombrío camino de las decepciones, solía diseñarse un paisaje, en plan pájaros y flores, que trataba de explicar que todos los jugadores de la plantilla son iguales, que están preparados para la contienda, que son competitivos y que cuentan con la confianza del entrenador. Dicho esto, casi siempre salíamos con el carro de la verdura y derrapábamos en la primera curva y el cesto de la esperanza rodaba cuesta abajo y sin remedio. Con perdón, caca, culo, pis.

El entrenador dejó claro el martes que lo único que le preocupaba era este encuentro, que no haría muchas rotaciones y que después de jugar ante el Celta iba a pensar en el Valladolid del domingo. El papel lo aguanta todo y normalmente me lo creo, pero como son tantos años de sopapo en sopapo, voy a estos partidos con el freno de mano puesto. Garitano, el nuestro, echó la correspondiente levadura a la plantilla que maneja desde el verano. Cocción lenta. Quiere que fermente, que crezca, que pueda ponerse en el escaparate de los buenos productos para cautivar a la clientela. Le está costando.

Valora mucho a los rivales. Plantea los partidos a su manera con la sana intención de sacar adelante cada envite. El de ayer permitía especular. Hasta el empate sin goles nos valía. Lo que pasa es que salir en un partido al 0-0 es un peligro indudable. Cuando en un equipo son titulares Oyarzabal y Januzaj (por citar a dos), hay un mensaje añadido. Nada de conformismos, nada de riegos. Atacar, marcar goles y sentenciar. Lo mismo que replegarse cuando las circunstancias lo exigen. Dicho y hecho. A la media hora dos tantos de ventaja, la garantía de no sufrir una prórroga y la confianza en pasar la eliminatoria, porque los gallegos sacaron un equipo rarito y no daba la sensación de que fueran a protagonizar una remontada “a la ilerdense” de infausta memoria. Sumado todo, partido de allez up.

El movimiento se demuestra andando. Cuando al mediodía conocimos la lista de convocados, parecía que el asunto iba en serio. Horas más tarde, al comprobar el once inicial, no quedaban dudas de las intenciones del equipo y sus responsables. Prácticamente dispuso el equipo filigrana y no racaneó. Por tanto, victoria, premio y a la siguiente ronda. Parece que el Saccharomyces va surtiendo efecto positivo en un equipo que crece. Ya está en octavos de final de Copa. Si este fin de semana derrota al Valladolid, seguirá en plan acoso a la espera del asalto soñado

También te puede interesar

0 comentarios