Lleno hasta la bandera en Artaleku que ve perder a su equipo

Cuando se discutía sobre la idoneidad de la fecha para elegir al nuevo presidente del Bidasoa, se prescindió del 8 de diciembre porque la gente iba a estar de puente. Visión poco beatífica, porque Artaleku se abarrotó para ver el partido entre irundarras y BM Logroño, batiendo records. La nueva directiva debió abrir todas las taquillas del pabellón ante la cantidad de gente que deseaba entrar. Tuvieron que dejar de vender entradas y hubo aficionados que se quedaron fuera.

La pena es que el equipo no consiguiera los puntos en disputa. Lo intentó, pero este Bidasoa está sometido a un tute que pone a prueba a todos. Desde el entrenador hasta el utillero. Sigue habiendo bastantes jugadores que renquean de golpes y lesiones. Para que no faltara de nada, Iker Serrano, afectado por una gastroenteritis, no pudo aportar lo que en él es habitual y apenas jugó.

BM Logroño se aferraba a las opciones de poder acabar la primera vuelta entre los cuatro primeros y acceder así a la Copa Asobal, que se disputa el fin de semana en Lleida. Para ello debía hacer un buen partido y cumplió con su objetivo. No se equivocó en casi nada. Compitió con frialdad, aprovechando todos los resquicios. Por un lado, los errores del Bidasoa que los tuvo. Brilló menos en defensa que otras veces y le faltó fluidez en el ataque. Por eso, fue casi siempre a remolque y debió afrontar marcadores imposibles en los dos tiempos, sobre todo en el segundo (19-23, 22-27, 24-29).

El comienzo del partido marcó la tendencia. Los goles de Juan del Arco subían al marcador como una pesada losa (2-7). Bidasoa, pese a todo, no dejó de creer y se puso a la par (9-9) para mantener un pulso vivaz y esperanzador al descanso (14-15), gracias a la eficacia de los hermanos Salinas.

La grada esperaba el revolcón pero llegó lo inesperado. Los riojanos no bajaron ni un ápice el rendimiento. Imanol Garciandía, el urretxuarra, no se apiadó y se hinchó a jugar, dar pases de gol, conseguir unos cuantos y ser decisivo en la suerte del equipo. Tampoco los centrales Edu Cadarso y Kukic desentonaron en el juego ofensivo, además del referido del Arco.

Sólo quedaba la heroica. Jacobo Cuétara lo intentó a la desesperada, modificando la defensa (5-1) o presionando a lo largo de la cancha. Un parcial de 7-3 devolvió la ilusión a la grada (28-30), pero no dio tiempo a otra cosa que no fuera un intercambio de goles. Partido de nivel, espectacular, con los dos equipos no cediendo una tregua. Sólo fallaron los colegiados, muy lejos de lo que el encuentro necesitaba. Da la sensación, demasiadas veces, de que los equipos están muy por encima de quienes del arbitran.

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