El desayuno de los ciclistas

Estaba viendo el final de la etapa de la Vuelta a la Comunidad Valenciana a la misma hora en que la Real Sociedad debía salir del hotel camino de Mestalla. Creo que los ciclistas no llegaban exactamente hasta la puerta, pero sí muy cerca. Entiendo que debieron buscar una ruta alternativa a la habitual. Cuando les vi calentando sobre el césped, respiré y disipé las dudas. Lo mismo que Ion Izagirre quien salvó la última caída del pelotón camino de la meta para conseguir el maillot amarillo de vencedor. ¡Zorionak!

Desde hace muchos años la Real se hospeda en el mismo edificio, al lado de la estación de autobuses. En una ocasión coincidimos con el Banesto de Miguel Indurain. Era septiembre y correspondía la fecha a una etapa de la Vuelta a España. Suelo bajar a desayunar pronto, al buffet que tanto me gusta. Entré en el comedor y encontré una mesa larga en la que no faltaba de nada. Ni siquiera un pequeño hornillo en el que se cocinaba pasta a reventar. Espaguetis para un ejército. Sin guarnición. Sólo aceite y sal. Serían las ocho de la mañana, unas horas antes de la etapa del día. Además, se repartían botes de margarina, tostadas, mermeladas, frutos secos, pavo, jamón, yogures, cereales, copos de avena y lo que hiciera falta. ¡Qué barbaridad!

Los ciclistas se pegan luego palizas descomunales. Se meten los hidratos que sean necesarios antes de pedalear. Luego, en el camino, barritas energéticas o glucosa para los momentos de debilidad. Lástima que entonces no existieran los teléfonos móviles con cámara. Hubiera sacado una foto de recuerdo para la posteridad, porque no he visto nunca nada parecido. Es imposible que cualquiera de nosotros pudiera dar cuenta a esa hora de semejante desayuno. El cuerpo no aceptaría tal cantidad de productos. ¡Fijaos el tiempo que ha pasado desde entonces y no me olvido!.

El desayuno de los futbolistas es mucho más discreto, entre otras cosas porque luego almuerzan. Rutinas y planes diversos, mucho más ahora que los partidos se disputan cuando se le pone al repartidor de horarios. En Mestalla, a las cuatro y cuarto. El encuentro comenzó con menos espectadores de lo habitual, porque las calles cortadas por el ciclismo no facilitaban la llegada al recinto y porque, luciendo el sol, comerse una paella como ellos saben requiere calma y reposo en la sobremesa. O sea que algunos se perdieron la música de la banda de turno que muchas veces es lo más agradable de la contienda.

Esta vez le correspondía a la Sdad. Santa Cecilia de Chelva que interpretó las siguientes piezas: Amparito Roca, de Jaime Teixidor; Ramón Falez, de Emilio Cebrián; Tomas Ferrús, del mestre Godrofredo Garrigues; Xabia, de Salvador Salvá y el himno Amun Valencia, del mestre Sánchez Torrella que suena cuando saltan los equipos al césped. ¡Gloria bendita musical!. Supongo que a los realistas debutantes o novatos se les haría raro semejante despliegue artístico.

El otro despliegue, el futbolístico, suele ser diferente. Cambiamos instrumentos por botas, camisetas por uniformes, y arreamos. Cada uno con sus armas. La Real en la pelea, tratando de disponer del balón y de llevar peligro siempre que le dejaran. En caso de perder el esférico, repliegue intensivo, fortaleza en las disputas y evitar apuros y sobresaltos en la meta de Rulli. Así, sin que el primer tiempo fuera un tratado de donosura, donaire y galanura, nos fuimos al descanso con gafas en el marcador y sin mayores sustos. Partido de poder a poder a la espera de lo que llegara luego.

Ignoro los planes de Imanol para el segundo tiempo, pero entra dentro de lo probable que la lesión de Navas se los trastocara. Como quiera que, cuando ya había realizado todas las modificaciones, Joseba Zaldua sufrió menoscabo y el capitán Illarramendi terminó abandonando el campo en camilla sólo quedaba aguantar. Como cosacos para mantener el empate que considero bueno a esta hora de la película. Estos equipos en su campo atacan por oleadas. Doblan por laterales (qué bien Gayá), centran y rematan. Alguna te cazan. Debes estar atentísimo y súper concentrado. A Marcelino le pareció que merecieron ganar por el segundo periodo que jugaron. Muy bien. Es una opinión.

Puede que haya lectores que consideren que al equipo le faltó ambición o mejor balance ofensivo. No voy a discutir, pero el rival de ayer sigue vivo en todas las competiciones. Remontó dos goles hace unos días con una capacidad de reacción formidable y dispone de un plantillón. No es un equipo de mindundis. Contado así conviene no perder el norte, lo mismo que valorar el partido intenso de Theo Hernández. Al césar lo que es del césar. Si en Huesca le zumbamos cuando le expulsaron, ahora sólo cabe aplaudir el intenso encuentro protagonizado por el lateral izquierdo. Posiblemente, el mejor del equipo ayer, junto a Zubeldia. El de Azkoitia se pegó un partido de faja, corsé y liguero, chocando contra todo lo que venía de frente. Esfuerzo agotador. Hubiera necesitado un desayuno como el de los corredores, esos que protagonizan gestas de esfuerzo, escapadas y trabajo pocas veces reconocido. Cito a estos jugadores como podía nombrar al resto, porque el punto de ayer es coral. Desde Rulli hasta el último en saltar al terreno de juego que fue Sandro. La fortuna no está de su lado, pero seguro que pronto se estrenará como goleador y le abrazarán.

A la espera del parte médico que nos aclare la situación de los afectados, sólo cabe seguir por ese camino de entrega y compromiso. El sello del entrenador se nota mucho en esa faceta que por ahora (ojalá dure mucho) le funciona. Anoeta sigue siendo la asignatura pendiente. Si la victoria merecida en el derbi supuso un punto de inflexión, la llegada del Leganés debe reforzar todas las tesis. Ignoro con quiénes, pero seguro que el técnico tirará de los disponibles y de imaginación para presentar un equipo de alcurnia. Los pepineros llegan con En-Nesyri, que se pegó un desayuno de tres chicharros estupendos ante el Betis. Habrá que pararle. Os prometo que hoy desayunaré ligerito. ¡Vamos!.

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