A vueltas con las pipas

¿Quién de vosotros no ha comido pipas en un partido de fútbol?. No creo que fuera por hambre, porque no llenan. No creo que fuera por nerviosismo, porque no calman. ¿Tal vez para evitar el aburrimiento, porque entretienen?. ¿Quizás por el precio?. Hasta los futbolistas suplentes, sentados en los banquillos antes de entrar al vestuario, consumen o consumían en el tiempo de espera. No encontraba una respuesta convincente hasta que hurgué en internet. Las famosas pipas de girasol (sin sal), ricas en proteínas, cuentan con interesantes propiedades. Cito algunas que he encontrado en internet. ¡Atenta la compañía!. Mejoran el estado de ánimo, mejoran la fertilidad masculina, previene los problemas de embarazo, ayuda a controlar peso y mejoran la salud del cabello. Lo podéis buscar y leer.

Ahora me explico la ingente cantidad que se consume en los partidos. Los trabajadores de limpieza que pasan escobas y escobones, mangueras y demás elementos de limpieza recogen kilos y kilos de cáscaras.

Una vez sugerí que dejaran de venderse dentro de un estadio. A quien se lo propuse me respondió al momento. Daba igual venderlas dentro o no, porque las compraban fuera y todo seguía igual, excepto el beneficio que era para unos u otros. No sé desde cuando hay pipas en el mercado, pero las he conocido toda la vida. Ahora son algo más sofisticadas, porque vienen en paquetes. Incluso con publicidad: “No te irás de este mundo, sin comer pipas Facundo”. Antes las comprábamos a granel, en cucuruchos y con la sal pegada a la cáscara.

Recuerdo un profesor de universidad que en su primera clase del curso, cuando daba las instrucciones y presentaba su asignatura, mirándonos a todos expresó: “Donde no hay ceniceros no se fuma y está prohibido comer ese vicio nacional llamado pipas”. Es decir, que de una u otra manera, siempre ha habido guerra. Ahora resulta que con las pipas se pueden hacer más cosas en lugar de tirarlas y barrerlas. ¡Cómo avanza la ciencia!. Se trata de recoger a la entrada del campo un recipiente para echar las cáscaras y entregarlo a la salida. Ni tan mal. A ver si la gente se conciencia. Sería una buena noticia para una buena causa.

Seguro que cuando han llegado a esta determinación y avanzado tanto es porque hay mercado. Traté de fijarme en los aficionados que andan por mi zona. Hay mezcla de juventud y veteranía, señoras y caballeros. No tuve la sensación de que hubiera mucha gente con el paquete (de pipas) en la mano. Y eso que el partido estaba para comerse kilos por distintas razones en cada tiempo. Si es verdad que las pipas contienen aminoácidos, entre ellos el triptófano, que ayuda a mejorar los síntomas del estado de ánimo, entiendo que en Anoeta se comieron kilos, sobre todo en el primer tiempo que llevó una marcha…

Existen otras pipas. Las de fumar. Hace mucho que no veo a nadie montar el artilugio. ¿Ya no quedan intelectuales?. Se relacionaban mucho con ellos. Me encantaba el olor que desprendía aquel tabaco con personalidad propia. El aroma duraba mucho tiempo y lo impregnaba todo. Cuando entrabas en un lugar, sabías de inmediato que allí alguien había encendido una pipa por la esencia de mixtura que se expandía por el ambiente. No sé el porqué, pero alguien acuñó la idea de que fumar en pipa significaba o se relacionaba con un cabreo indisimulado. Esa sensación, por ejemplo, se intuía en las distintas entrevistas realizadas a Asier Garitano a lo largo de la semana.

Es posible que en el descanso algunos aficionados se movieran por esos derroteros, porque pasar, pasar, lo que se dice pasar…no había pasado nada o casi nada. No es que la gente fumara en cachimba, pero había poco a lo que agarrarse. Cierto es que los minutos exigen concentración y esfuerzo, tratando de desgastar al rival que está entero. Leganés acostumbra a defender muy bien. Ni es fácil hacerle ocasiones, ni marcarle goles.

Seguro que los entrenadores y analistas se referirían a un partido táctico, donde la clave estaba en no quedarse atrás en el marcador y marcar terreno. Suele instalarse una precaución, un miedo, un temor que se deriva de la igualdad en la tabla y de los pequeños detalles que muchas veces determinan ganar o perder. Pequeño o muy grande fue el debut de Alex Sola, “Ujía”. A Imanol le podrán reprochar cosas, pero valentía le sobra por arrobas. Conoce a los chicos del filial mejor que nadie y sabe de sobra lo que pueden aportar al juego del primer equipo.

El chaval se comportó como un lateral descarado, convencido, audaz, como si llevara jugando a esto doscientos trimestres. Llenó de orgullo al entrenador que confía en él y a quienes trabajan en Zubieta por el futuro. Se alió con Januzaj, del mismo modo que lo hacían Carlos Martínez y Xabi Prieto en los años dorados de la banda derecha. Tanta doblada, tanta velocidad y tanto trajín terminan por hundir en la miseria a los oponentes que tratan de evitar la desbordante marea.

Fruto del desgaste al que me refería, llegaron las ocasiones porque es muy difícil mantener la concentración y el esfuerzo los noventa minutos. La Real primero avisó. Luego, agarró la soga del badajo e hizo sonar la campana tres veces. ¡Ding, dang, dong!. Tres goles formidables, hermosos, plásticos y cargados de felicidad. Dos de Mikel Oyarzabal (no fueron tres de milagro) y un cabezazo de Willian José que saldrá en los telediarios europeos y cariocas. Una preciosidad de remate que, si lo hacemos cualquiera de nosotros, acabamos con las cervicales en bancarrota. El equipo se gustaba y disfrutaba que es algo que este año ha sucedido pocas veces, sobre todo en Anoeta. Meter tres goles, dejar la puerta a cero, sumar tres puntos y que encima haga sol parece un milagro.

El partido dejó el aroma del veteado del brezo, el humo de una tarde sin nociva nicotina. Seguro que hoy las jugadoras, que ansían alcanzar la final femenina de la Copa, respiran ante el Sevilla el olor de la alegría que perdura desde ayer e impregnan sus camisetas de confianza para alcanzar el sueño que persiguen. No les faltará el apoyo de la gente para lograr su conquista. Se lo merecen.

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