Irribarria recupera sensaciones ante el campeón

Olía a partido grande y el olfato no falló en la noche del Atano III. El campeón manomanista defendía txapela ante Iker Irribarria que lo fue en 2016. La fuerza de dos delanteros poderosos, de estilo diferente y de ambición infinita. Jokin Altuna y el pelotari de Arama ofrecieron un partido enorme que la gente reconoció con cálidos aplausos cuando los pelotaris se retiraron a vestuarios tras dirimir la contienda.

Uno, Irribarria, muy contento, porque ganó (18-22) a Jokin Altuna; el otro, decepcionado, porque no podrá repetir título. El manomanista tiene estas cosas. No hay segundas oportunidades. No estaba claro el papel de favorito que, a veces, añade presión a la disputa. Salió fuerte Altuna (5-1) con un saque letal y con juego suficiente como para marcar tendencia. Sin embargo, Irribarria no estaba por la labor de dejarse dominar por su yo interior que a veces le traiciona. Un sotamano con la derecha revolucionó la grada y a él. Ocho tantos seguidos voltearon el marcador (8-9). Cualquier cosa podía suceder.

Era como el juego de la oca. Primero, tú; luego, yo. A la tacada de Iker le sucedió otra de Jokin (16-12) oliendo el cartón «22». Fue entonces cuando apareció la zurda de Irribarria. Un monumento de eficacia impuso su ley. Saques duros, pelotazos terribles muy lejos del frontis que terminaron por desarbolar al campeón que no pudo acercarse a los cuadros alegres donde podía haber más salsa y opciones de éxito. Le obligaba a defender hasta que el de Amezketa no podía más. Un parcial de 2-10 puso fin al encuentro y eliminó a Jokin Altuna del manomanista. Sigue Irribarria que en semifinales se medirá con el ganador del Elezkano-Peio Etxeberria. El modo de celebrar el triunfo fue tan elocuente como real. Necesitaba ganar y echar fuera las tensiones acumuladas en el interior. No hace falta ni preguntar para entenderle. Llevaba mucho tiempo necesitando un partido así.

Foto: Beñat G.Lizarralde

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