El juego del despiste

Que me perdonen los afectados y afectadas, directa o indirectamente, pero cada vez que a nuestros equipos se les saca del carril, la resultante se paga en el marcador. Lo he comentado muchas veces, porque esto sucede desde tiempo inmemorial. Lo pensaba escribir el pasado domingo, porque temí lo que iba a suceder. Además con doble ración de aguantoformo.

La merecida fiesta de las jugadoras de la Real Sociedad con la entrega del afamado tambor conllevaba en la semana previa reportajes, entrevistas, posados, bagatelas y naderías. Viaje a Valencia para jugar ante el Levante un partido de campeonato y meneo en toda regla para no ser menos que la versión masculina de su equipo y encajar también tres tantos. No están acostumbradas a tanto bochinche y algazara. Con la memoria de este resultado afrontarán en Salamanca la semifinal de la Supercopa dentro de unos días frente al mismo rival, con mil dudas en la cabeza y dando más vueltas que la noria de Alderdi Eder.

¿Qué decir de los chicos? Portadas de periódicos y revistas, vestidos de tamborreros o cocineros. Ninguno de fraile. Viaje a Sevilla, tierra de pocas conquistas en la historia y regreso con las orejas gachas, con un ramito de crisantemos entre manos y con más dudas que los alumnos de matemáticas en un examen de álgebra. Es decir, que en paisajes comunes, respuestas parecidas, con una sensación de despiste increíble. Sucede que hay un montón de equipos a los que también se les ven las costuras y cuyos resultados nos benefician. Es decir que, a día de hoy, se sigue ocupando una plaza europea y se pasa una nueva eliminatoria de Copa.

El día que se sorteó la eliminatoria de anoche reconozco haber pasado malos tragos según se desarrollaba el trajín de bombos y bolas. Primero, atento a saber si nos caía en suerte un Segunda B. Luego, un Segunda A (me niego en rotundo a llamarla Smartbank) y finalmente rogando al cielo para que el rival de Primera fuera razonable. Por un momento, vi al Sevilla en el horizonte y hubo que esperar al último emparejamiento para saber que jugábamos en casa. Ese hecho, quieras que no, concede una cierta ventaja. Comencé a pensar en el Espanyol, equipo que muchas veces ha protagonizado hazañas en este torneo. No esperaba una perita en dulce.

Piensas que, como les preocupa la clasificación de la Liga, bajarán la guardia en la Copa y afrontarán el partido con gente menos habitual. Digo piensas, pero no me lo creo, conociendo el perfil de su nuevo entrenador. Abelardo sí hubiera posado con traje de fraile, porque cuando pide parece que da. Pone cara de niño bueno mientras inculca a los suyos la pasión por el objetivo. Bastó verles en Villarreal para confirmar que un equipo que nos ganó aquí, perdía pocos días después en su campo y ante el colista. Los pericos defendieron con uñas y dientes los puntos que conseguían en tierras de cerámica.

Intuía por tanto un Espanyol pletórico, corajudo, como si disputara la final del torneo aunque fuera una eliminatoria de octavos. Es cierto que se dejó en casa buena parte del cargamento. Para Imanol Alguacil y su cuadrilla era una gran ocasión de recuperar confianza y contagiarla a su entorno más cercano. Aquí no había sitio ni para izadas, ni arriadas, ni tambores, ni medallas, sino para una cesta llena de huevos y alguien dispuesto a hacer con ellos una buena tortilla.

Las buenas cocineras no se despistan. Ahora que estamos en tiempo de sidras, ¿hay algo mejor que una tortilla de bacalao de Roxario o Karmele en la casa de los Zapiain? Sinceramente, no. ¿Hay un mejor momento para marcar un gol que en la prolongación del primer tiempo? Andertxu Barrenetxea se animó a probarlo y abrió la lata. Lo intentó pocos minutos antes con la pierna derecha. La rosca se le fue fuera por poco cuando más y mejor jugaban los realistas. Se ganó la merecida ovación con la que la grada le premió en el momento del cambio. Pensé que iba a ser Oyarzabal el sustituido. Creo que agradecería un descanso. Tiene ojeras.

Sucede que los partidos deben cerrarse. Item más si estamos en una eliminatoria de Copa a partido único. Rozó el palo una acción españolista a la que Remiro dio réplica adecuada, justo antes de una contra de filigrana que Isak mandó al marcador para tranquilidad de la animosa y animada concurrencia. Es obvio que preferimos la grada en bullicio que en silencio administrativo (21.647 adictos e inaccesibles al desaliento). El partido siguió a su manera. Podía haber sido un trámite hasta el final, pero el chutazo de Wu Lei al travesaño nos despertó del letargo y nos sacó de la zona de confort.

Al final, misión cumplida, eliminatoria superada, clasificados para octavos de final y espera paciente hasta el viernes que es el día del sorteo. Entre todos los que han pasado de ronda hay uno que me hace tilín por encima de los demás. ¡No hay gambas mejores que las de Huelva! Os lo digo antes de que las bolas y los bombos jueguen al despiste y nos emparejen con otro rival.

P.D.: ¿Hay alguien que sea capaz de confirmarnos si Willian José y Januzaj son jugadores de la Real Sociedad, niños cantores de Viena o pilotos perdidos en el Dakar? Por comentar. ¡Señor, qué cruz y qué pelmada!

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