¡Penalti como catedrala!

Creo que fue Vujadin Boskov, entrenador ya fallecido, que militó en banquillos como los de Zaragoza y Real Madrid, autor de frases inolvidables, quien acuñó una siendo técnico del Sporting de Gijón. Le preguntaron después de un partido por una jugada en concreto. Respondió sin vacilar: «Penalti como catedrala». Ayer, sobre las doce y media del mediodía, recordé al entrenador y por supuesto la frase. Era un penalti como la copa de un pino. Ni el árbitro, ni Jaime Latre en el VAR, ni la señora Concha en el puesto de pipas, se atrevieron a decretarlo.

El partido ya estaba de cara y era una posibilidad espléndida para casi sentenciar. Luego, pasó lo que pasó. Nada bueno, ni nuevo porque ya son un montón de partidos que se comienzan de cara y se terminan capotando. Por cierto, ante los pepineros, en la ida y en la vuelta. Hay dos cosas que no haré antes de alcanzar la vida eterna. Me iré de este mundo sin comer pipas y no entenderé nada de nada a los señores que se encargan de decidir con los vídeos, las imágenes, las cámaras, los pinganillos y el costurero de los miedos. Estoy seguro que la tecnología es espléndida.

El problema no está ahí, sino en las personas que la gestionan. Vuelven a aparecer los viejos fantasmas, no para beneficiar a unos, sino para perjudicar a otros. Siempre igual. Ayer por la tarde, antes de escribir, tomé el trabajito de comprobar qué nombramientos arbitrales llevamos a estas alturas del ejercicio. Da pavor comprobar cómo nos ningunean. Hay colegiados internacionales que aún no han sido designados en partidos de la Real y eso que llevamos buena parte del ejercicio en puestos de premio.

Comento esto por daros un hilo conductor al que aferrarse después del fiasco de Butarque. Seguro que si os pregunto, queridos lectores, qué alineación hubierais puesto sobre el césped de Leganés, ninguno coincidíais con la titular. Probablemente, cuando a Javier Aguirre le enseñaron el papel con el once inicial realista, se debió poner las gafas para cerciorarse de lo que veía. Ni bien, ni mal. Inesperada.

Seguro que Imanol creyó que con ese equipo ganaba y que era la mejor decisión para afrontar una semana con tres partidos. ¡Qué tres! Uno se ha perdido y restan dos que son de armas tomar. Uno más decisivo que el otro, pero los dos de máxima exigencia, porque son rivales con recursos, oficios y ganas de ganar. Fue cruel la forma de perder ayer. Quizás, como dijo el técnico en rueda de prensa, el empate hubiera sido más justo. El chutazo que decide el partido es un monumento al golpeo y sentencia un partido con claros, nubes y algún nubarrón. Si retomamos la forma de expresarse de Boskov, vendría bien aquí añadir aquello de «Punto ser punto» o «Perder es mejor que descender». El punto no era una maravilla, pero tampoco malo. Sabemos que «el fútbol es imprevisible y que todos los partidos empiezan cero a cero», acuñaba el yugoslavo. La mayor pena viene siempre del lado de los aficionados, los que se pegan un señor madrugón para estar cerca de su equipo, para ayudarle y disfrutar de momentos como el del tanto de Isak. Parece que no está, pero cómo las enchufa.

Y si he decidido elegir el siniestro del VAR es por no referirme al vídeo que ha circulado a nuestro alrededor en las últimas jornadas. No puedo, no puedo, no puedo. Esperaba que alguien del club compareciera en público. No para dar la cara, sino para explicar a la concurrencia algunos momentos del enrevesado camino. Creo que lo que ocurrió en las últimas horas ha sido una compra de tiempo. Lo que deba suceder, pasará sin prisas ni presiones.

Hace unos artículos pedía en esta sección el uso de pantalones. Por ahí, nada que discutir y ninguna cesión a nada ni a nadie. El prestigio y el respeto no se compran en las tiendas de ultramarinos. Otra cosa bien distinta será a partir de ahora el rendimiento del jugador, el compromiso con sus compañeros y con la entidad que le paga. Lo mismo con su entrenador que es quien decide dónde, cómo, cuándo y con quién. Cuanto antes, lo mejor que nos puede pasar es que el delantero recupere su mejor versión, que no pierda valor y que en el tiempo que nos lleva hasta junio se produzcan cuantas reuniones se necesiten para entenderse y llegar a la conclusión que haga felices a todas las partes. No hay más. Ni menos.

Mientras tanto, con cara gris, afrontamos dos partidos que van a marcar camino. La cita en el Bernabéu no es moco de pavo. Jugártela a un partido en el campo del líder ante el equipo que actualmente parece más en forma del campeonato no es un plato de buen gusto. Luego, llegará el domingo. Un derbi entre dos equipos que acaban de perder sus partidos, que no se encuentran en puestos europeos, pero que ansían derrotar al rival y que lo pondrán todo sobre la hierba, como si les fuera la vida. ¡Partido como catedrala!

Todo sucederá en tres días. De jueves a domingo. Mientras unos se pegan con el primero de la tabla, los otros, con el segundo. Sin perder de vista al sorprendente tercero. A la hora de escribir este texto, el Getafe ocupa esa posición. Poco ruido y muchas nueces en el equipo azulón. A lo mejor su juego no cautiva, pero cómo la pelean.

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