El dios del trueno

Lo primero que quiero escribir son palabras de ánimo y reconocimiento al esfuerzo de las jugadoras de la Real Sociedad en la final de Salamanca. Si llegan ahí es por su mérito y por el esfuerzo del camino. Son las mismas que el pasado mayo levantaron una Copa en Granada, las mismas que despertaron conciencias, las mismas que se ganaron el merecido respeto de los aficionados. Son ellas. Les seguimos queriendo igual, les aplaudimos como si hubieran ganado a sus rivales en la final de ayer. No pasa nada. Toca seguir, haciendo camino sin crearse un problema. Quienes lo tienen son sus rivales, las ganadoras. Hay leyes no escritas que los buenos deportistas saben cumplir. Así que, mucho ánimo.

Luego, llegó el derbi con menos joyas y alhajas de las esperadas. Quiero decir que, en las dos formaciones, las últimas batallas han dejado heridas de guerra y que en los hospitales de campaña se ha trabajado de lo lindo (se sigue haciendo) para recuperar cuanto antes a los soldados de trinchera. Pudiera parecer que Gaizka e Imanol se llamaran de víspera, se pusieran de acuerdo para urdir el mismo plan. Convoco a los que puedo, elijo una alineación con generales en la reserva y luego, tras el relajante primer tiempo, despliego todo el armamento disponible. ¡Les faltó tiempo para descubrir sus verdaderos planes!.

Los dos equipos respetaron la hora de la siesta y se agradece. El primer periodo guardó las emociones para una mejor ocasión. Se trataba de desgastar lo más posible al oponente, cansarlo, tratando de asestarle después el golpe decisivo. Ni Isak, ni Williams bajaron la escalinata de las vedetes. Se quedaron en los camerinos atusándose el tupé para cuando llegara el momento de las estrellas. Aparecieron los dos y de qué manera. Cada uno en su papel.

Aleksander ha vuelto loca a la parroquia. Sugeriría que no le llamásemos ni txipirón, ni Zlatan, ni jirafa. Tampoco Thor, el dios del trueno. Es él, tan normal como la vida misma, frío como los habitantes de Solna, pero caliente cada vez que ve un balón por sus aledaños. No soy capaz de cogerle el tranquillo. Parece que no está y de repente, con esa altura descomunal, patea, se mueve entre piernas rivales y termina por definir. Lo mismo da un pase brillante, un disparo colosal o un tiro a la Batería de las Damas en Urgull. Ni se inmuta.

Thor es un dios de la mitología escandinava. Seguro que le conoce y lo ha estudiado en los libros de historia. Aparece en medio de mil batallas con un martillo en la mano derecha, gobernando los espacios con truenos, viento, lluvia, relámpagos. Vamos, una tempestad en toda regla. También se le representa con un cetro, una vara labrada que sólo utilizaban reyes y emperadores. A esta hora, con respeto a todos sus compañeros, es quien está sentado en el trono de la eficacia txuriurdin. Por su capacidad de decidir y por sus goles. No hay duda. Como tampoco reconocer el acierto de quien le contrató. Si fue Roberto Olabe se dice y tampoco pasa nada. Hablamos de un delantero que cautiva, que seguro está calando en los niños de las ikastolas. Por su sencillez y humildad. Sabe de sobra de dónde viene, sabe de sobra por qué sus padres salieron un día de Eritrea para que él y su hermano dispusieran de un futuro mejor. Seguro que ahora les devuelve con creces todo el esfuerzo y sacrificio que realizaron por ellos. Hablamos de un chaval de 20 años con pinta de amueblado. Es evidente que no juega solo, porque se alinea con el resto de jugadores del equipo. Para dar y recibir.

Cuando el encuentro se puso en el plan habitual de los derbis, cuando entraron los coroneles de la reserva, las cosas cambiaron. Primero, porque Portu supo aprovechar el pase del sueco para adelantarse. Luego, despertó el león dormido y pegó un zarpazo, aprovechando un fiasco en el centro del campo y la velocidad de Williams a la contra. Se mascaba la tensión en cada jugada. Poco a poco se fueron olvidando de lo que les espera a la vuelta de la esquina y desplegaron el habitual abanico de desencuentros con la calma. Aumentó el número de choques, de entradas, de faltas, de riesgos. El empate no satisfacía a la hinchada local. Anhelaba el segundo gol. Lo inició Januzaj, con un pase tan rico como el chocolate belga. ¡Tráeme unos bomboncitos cuando vayas!. Lo recibió Portu y lo taconeó para que llegara Júpiter tonante. ¡Toma guapo. Para ti.!. Isak martilleó y la gente se fue feliz a su casa. Ni más, ni menos.

Abrimos ahora el hilo conductor de la copa ante el Mirandés, al que es obvio que se debe respetar y al que no será fácil eliminar. Están jugando muy bien. La última vez que estuve en Anduva nos eliminaron en medio de un aguacero monumental, con charcos por casi todas partes. Pedimos suspender el partido, pero Mejuto González dijo nones. Llegamos a los penaltis y nos volvimos con cara lerdomari. La gente piensa en Sevilla. Si viajan todos los que me he cruzado en el camino y me han preguntado por sitios para comer bien y esas cosas, ya podéis llevar tiendas de campaña, porque no va a haber hoteles, apartamentos, pisos, para tanta gente. En los próximos beaterios os contaré cositas al respecto. Mientras tanto, que el trueno sueco siga metiendo ruido y llevando la alegría a los hogares guipuzcoanos. Per omnia saecula saeculorum.

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