«Cada día es una oportunidad de experimentar nuevos horizontes» (Felipe Montoya)

Este patinador formado en el Txuri Berri donostiarra logró uno de los sueños de su carrera metiendo las cuchillas en el hielo de los Juegos Olímpicos de invierno en Pyeongchang 2018. En la rotonda de la vida, tomó una decisión y se aventuró a vivir en un crucero, haciendo lo que le gusta ante la mirada atenta de los pasajeros que aplauden el show de cada día. Tampoco en alta mar se escaparon de la influencia del virus y hoy espera que la tormenta amaine, algo a lo que está acostumbrado.

¿Cómo has vivido los acontecimientos en el crucero?

–Cuando saltó todo el tema del coronavirus, lo primero que hizo la compañía fue intensificar las medidas de higiene. Hacían muchos test a los pasajeros que venían de vacaciones a bordo al menos durante dos semanas, y en principio se veía como una cosa de China y de Europa. Hasta ahí todo bien, pero llego el día en que nos dijeron que en el siguiente desembarque, en Miami, no cogerían más clientes por medidas de prevención y que estaríamos a bordo solo la tripulación durante un mes. La cosa cambio después de unos 10 días, en los que estuvimos a bordo sin pasajeros y aprovechando todas las facilidades del barco. Nos dijeron que nos iban a desembarcar a todos los del departamento de entretenimiento (bailarines, cantantes, acróbatas, patinadores, etc… ). Fue un poco triste el ver que nuestra aventura a bordo acababa antes de lo previsto. Era un estado de emergencia. ¡Qué se le iba a hacer!

¿Termináis desembarcando a los pasajeros y permanecéis confinados dentro del barco unos días?

–Así es, estuvimos confinados dentro del barco. Es decir que podíamos usar todas las áreas comunes, restaurantes, piscinas y demás. De hecho nos organizaban multitud de actividades para todos los trabajadores. Así que era una confinación un poquito especial en la que estábamos todos paseando sin ninguna restricción, y simplemente nos tomaban la temperatura por las mañanas. Nadie superó los 37.5 grados así que a nadie se le tuvo que aislar. Sin embargo al irnos, ya empezaron a salir los positivos en los mil y pico tripulantes que quedaban a bordo y ya los aislaron a todos en cabinas individuales en las cuales aún siguen por tiempo indefinido.

Suma la experiencia olímpica en esa compañía. Parece increíble que en un barco pueda haber una pista de hielo para espectáculos. ¿Os ve mucha gente?

–Ciertamente, la pista de hielo y su espectáculo es una de las atracciones más aceptadas por la gente que disfruta del crucero. Puede ser muy chocante el hecho de que exista un espacio así en un barco. La gente termina pasando al menos una vez a ver nuestro show, pues en siete días que duraba nuestro itinerario, lo anunciaban bastante. Buena publicidad para nuestro trabajo.

¿Cómo es el día a día, la vida? Porque se supone que hasta la noche no se actúa. ¿Se os cae el camarote encima? ¿Os aburrís?

–He tenido tiempo de muchas cosas, menos de aburrirme, ya que siempre hay actividades para los trabajadores, y además nosotros los de los espectáculos contamos con el privilegio de participar de las actividades de los pasajeros. Además durante el día estamos en puertos a los cuales solíamos salir a disfrutar. Normalmente teníamos shows cinco días a la semana y dos días completamente libres para visitar los países en los que atracábamos.

El hecho de que tu pareja también patine y esté en el mismo barco ¿facilita las cosas o termina siendo más exigente la convivencia?

–Si te digo la verdad, la convivencia es bastante complicada cuando son 24 horas al día y los siete días a la semana, pero yo creo que con diálogo y comunicación siempre se puede buscar cómo llevar cualquier situación del mejor modo posible. Pero desde luego estar con tu pareja siempre facilita muchas cosas de la vida cotidiana, todo se hace muy ameno.

El ir de una parte a otra permite conocer mundo. ¿Por dónde se mueve el crucero en el que vives?

–Cogí el crucero en Cádiz y cruzamos el Atlántico hasta llegar a Miami. Desde allí hacíamos dos tipos de itinerarios, en los cuales pasamos por Puerto Rico, México, Jamaica, Haití, Bahamas, San Martin, San Thomas, y alguna vez por Fort Laurderdale. ¡Vamos, un mareo!

Después de los Juegos de Pyeongchang toma una decisión. Abandonó el patinaje sobre hielo profesional y competitivo para embarcarse, nunca mejor dicho, en otra experiencia. ¿Es lo que esperabas?

–Bueno, en algunos aspectos ha sido lo que esperaba y en otros me quedaría con la competición. Yo sigo sintiendo que cada día es una oportunidad para experimentar nuevos horizontes y empaparte de lo positivo, aprendiendo de las nuevas experiencias. Amo la novedad, me encanta cambiar. Me considero un aventurero.

Ahora, toca esperar. Los contratos estaban vigentes. Les pagan por su trabajo. ¿Por dónde pasa el futuro? ¿Volveréis a embarcar o se ha roto la relación contractual?

–Bueno, en principio, a finales de julio nos iba a tomar el relevo el siguiente elenco que seguramente ya había firmado el acuerdo. Hasta esa fecha todo debería seguir su curso con normalidad. Ahora, todos los trabajadores estamos a la espera porque los planes previstos para el show de patinaje han cambiado con esta parada obligatoria, tres meses antes de terminar. Así pues, ahora mismo de lo que se trata es de esperar en casa y cuando todo esto pase decidir qué hacer.

Si no hay pasajeros, el crucero no sale del puerto. Cabe pensar que las cosas volverán a su ser. ¿Merece la pena vivir flotando? ¿Cómo es la casa por dentro?

–Es una vida completamente diferente, en ciertas cosas es mejor que la vida en tierra, y en otras, no hay como nuestra casita. No cabe duda que esto es un aprendizaje y una experiencia de la que obtengo mucho crecimiento personal. Lo que viene siendo la casa flotante es muy bonita, de hecho es un sitio de lujo, un hotel cinco estrellas. De lo que desde luego estoy seguro es que vivir en un barco de lujo no te puede hacer pensar que esa es la realidad. Es como entrar en una especie de gran hermano en el que todo se vive muy intensamente y suceden cosas muy de prisa. Después tienes que volver y adaptarte a otro ritmo diferente.

No sois turistas, ni marineros, ni empleados, ni tampoco la clase de mando. El dicho «Dónde manda patrón no manda marinero» ¿se cumple en tu caso o campáis a vuestras anchas?

–En todas las tripulaciones se organizan a los tripulantes por categorías y obviamente el de máxima es el capitán, pero para ser honesto, los artistas tenemos muchos privilegios a bordo y tenemos tiempo y permiso de disfrutar de ellos. Vivimos bien.

Felipe Montoya, patinador sobre hielo, es hoy un marinero en tierra. Quizás recite los versos de Alberti «sueño en ser almirante de navío,
para partir el lomo de los mares, al sol ardiente y a la luna fría.

(Foto: Colección de Felipe Montoya, arriba primero por la izquierda)

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