Celebración, con freno de mano

El 22 de abril de 1995 estaba en Zagreb. En las pistas del aeropuerto, en las calles, se notaba el ambiente post-bélico. Las tanquetas de la ONU aparecían por todas partes, para recordarnos que aquello no era un terreno cómodo. Croacia se independizaba y se constituía como nación. Todo era nuevo, con mezcla de miedos y orgullo. Allí aterrizó el Bidasoa, a defender los diez goles de ventaja del partido de ida, en un paisaje que no era de color de rosa porque la Dom Sportova crujía desde los cimientos hasta la techumbre. Al borde de la pista, ubicaron los pupitres de transmisión. Nuestro sitio, el de Herri Irratia-Radio Popular, casi compartía espacio con el extremo derecho cuando atacaba.

Los diez goles suponían mucha renta y la ilusión por rematar la faena estaba por encima del esfuerzo de los Matosevic, Jovic, Cavar, Goluza, Smajlagic y compañía. A medida que el partido avanzaba y las diferencias para los locales no eran suculentas, una tranquilidad relativa anidaba entre la cabeza y el corazón.

Ya en el segundo tiempo, el partido se igualó más y parecía quimera que los locales remontasen. En la misma medida que una dosis de  calma se apoderaba de nosotros, crecía la efervescencia de la grada que veíamos de frente. Algún desalmado tiró un asiento a la cancha y ahí comenzó un ¡Viva Cartagena!. Los protagonistas se metieron en los vestuarios. Entró una clase de seguridad que no hizo ni cosquillas. Les reforzó un segundo cuerpo de orden que tampoco lograba nada. Llovían mecheros y otros objetos por encima de nuestras cabezas. Recuerdo que, micrófono en mano, seguimos narrando la historia, agachados debajo de los pupitres individuales que nos adjudicaron. Hoy sería imposible semejante demostración de agilidad.

De repente, una tercera fuerza con mejor pinta y más recursos accedió al pabellón. Lo vaciaron en un santiamén. Respiro hondo. Entrega de la Copa y celebración con sordina y el freno de mano echado. Los pocos que estábamos aplaudimos y compartimos el momento de la entrega.

Esta foto que ilustra el comentario ha cumplido los mismos años que la copa que agarramos. Quienes posamos con ella, también. Xabier Lapitz, entonces en Radio Euskadi, a la izquierda; Tomás Maeztu, exjugador y compañero. Sabio comentarista del que tanto balonmano aprendí, en el centro y quien suscribe con un perfil menos chocolatero que el actual , a la derecha.

Luego, pasaron muchas cosas, pero la más difícil de olvidar se dio a la vuelta en el recibimiento al equipo. Las imágenes no necesitan la prueba del algodón para verificar que el pueblo se echó a la calle. Salieron al balcón del ayuntamiento los protagonistas. Se escuchó un bertso y se desbocaron sentimientos y emociones. Todo perdura hoy de manera intacta.

Tristemente, la situación social que vivimos no está para juergas. Lo siento por las personas que se han encargado de organizar con mimo los actos de este aniversario y que no han podido ver premiado tanto esfuerzo con la celebración prevista.. Lo mismo que por el club, por los jugadores, por técnicos y dirigentes, por la afición, por nosotros. Estábamos dispuestos a fortalecer aquella herencia y llevarla en volandas hasta donde haga falta, pero esta vez quien ha puesto el freno de mano ha sido un virus..

Aquel espíritu pertenece al club y a su afición. El comprometido vestuario de hoy debe impregnarse de él y seguir el camino del actual contexto. La entidad ha dado un formidable paso adelante de la mano de su actual presidente. Gurutz Aginagalde y toda la gente que le acompaña en esta travesía son responsables del futuro, de mantener viva la llama. Guarda desde joven, desde que entró en el Bidasoa siendo casi niño, la esencia de los valores que deben perdurar indivisibles. Tal y como lo hicieron quienes le precedieron, más allá de la gestión de cada uno de ellos. Solidaridad, compromiso, colores, azul, amarillo, Uranzu, Artaleku, la gente y el orgullo de sentirse representados con dignidad.

Irun,horiz-Irun, de amarillo

Con motivo de este aniversario, el club ha emitido un comunicado, firmado por el presidente Gurutz Aginagalde y que va dirigido a socios, seguidores y simpatizantes. Dice lo siguiente.

Querida afición:

Este miércoles se cumplen 25 años desde que Tomas Svensson levantó la Copa de Europa en aquel casi desierto Dom Sportova de Zagreb, pero son días incómodos para nuestra sociedad e incluso días de dolor en algunos casos. Jornadas, sin embargo, para recordar con orgullo y agradecimiento lo que el C.D. Bidasoa protagonizó aquel mes de abril. Desde el día 9 hasta el 22. Aquellas dos semanas mágicas cerraron una temporada de triunfos inolvidables.

Cinco lustros después, varios dirigentes europeos nos han recordado tanto en las reuniones de la EHF en Colonia como en el sorteo de la fase de grupos de la VELUX EHF Champions League en Viena lo que Elgorriaga Bidasoa logró en 1995. Hablaban de aquella majestuosa Copa ganada en la pista, de aquel histórico 30-20, pero también de lo que el club consiguió entonces fuera de la cancha: una reputación intachable en la gestión y una grada tan animosa como respetuosa con el rival y el deporte. Fue un gran éxito que queremos agradecer a todos y cada uno de sus artífices: desde el presidente Beñardo García, que lideró aquel gran equipo fuera de la cancha, hasta Juantxo Villarreal, al frente del equipo de la pista.

El equipo más fuerte es el que suma grandes jugadores y cuerpo técnico, el impulso de las instituciones, la implicación de los patrocinadores y las firmas colaboradoras, un amplio grupo de trabajo, una afición incansable, los periodistas y en definitiva, a todo un pueblo. Lo vivimos entonces y lo recordamos hoy. Solo de la historia no se vive, pero conviene tenerla presente al intentar volver a esta fórmula.

Los actos que de la mano del Ayuntamiento de Irun la comisión del 25º aniversario ha preparado con tanto mimo coinciden con un tiempo de incertidumbre y sufrimiento para la sociedad. Semanas en las que el C.D. Bidasoa sigue a disposición de lo que necesiten las instituciones públicas y el conjunto de la sociedad para darle la vuelta a la pandemia. Al lado de las víctimas y de sus familias, las que más están sufriendo el COVID-19. A todas ellas, nuestro ánimo y nuestra fuerza.

Después del aniversario por la segunda Liga, este miércoles se cumplen 25 años del triunfo de Elgorriaga Bidasoa en la Copa de Europa. Y en septiembre recordaremos el primer ascenso a División de Honor hace 50 años. Cuando superemos esta situación lo celebraremos juntos como se merece.

Son momentos de calma, tranquilidad y fortaleza. También de orgullo y alegría. De lucir en los balcones y las ventanas de nuestras casas esas camisetas, bufandas, dibujos y pósters de ese color amarillo que deslumbró Europa. Recuperemos este miércoles la sonrisa que se nos dibujó hace 25 años, cuando Irun se convirtió en capital de Europa.

Eskerrik asko!

 

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