La historia inolvidable de hace un año

Se cumple un año del histórico triunfo del equipo femenino de la Real Sociedad. Jugaba la final de la Copa de la Reina ante el Atlético de Madrid y las de Gonzalo Arconada no partían como favoritas. Suelo organizarme los viajes a mi manera, sin depender mucho de los expediciones oficiales. Así que cogí el coche, atravesé España y llegué dos días antes a los pies del Albaicín.

Hacía buen tiempo. Como casi siempre, elegí un hotel muy cercano a Los Cármenes. Fui afortunado porque allí mismo se hospedaba el cuadro rojiblanco y toda la estructura de la RFEF. Las ruedas de prensa previas de ambos equipos se celebraban allí y desde el edifico al campo de fútbol no había que recorrer 500 metros. Los hice de víspera cuando se adelantó el Granada-Tenerife, equipo que también se hospedaba en el hotel. Entendí aquel día que el conjunto nazarí iba a subir, porque pareció superior. Me gustó mucho.

Para entonces había recorrido buena parte de la ciudad, pateado el centro, degustado los productos que me gustan y mirado a las crestas de Sierra Nevada y La Alhambra. También había preparado el partido a conciencia. La ficha técnica, los nombres de las jugadoras, las posibles alineaciones. El habitual proceso antes de una transmisión.

Me pidió Onda Vasca el favor de contar la final desde lo alto del estadio para que los oyentes pudieran sentir cerca el valor de lo que luego fue una conquista. Había decidido que mi último encuentro en directo ante los micrófonos coincidiera con la despedida de Xabi Prieto y Carlos Martínez aquel emocionante día ante el Leganés. Me fui con ellos. Esta era una oportunidad de vivir algo diferente.

Si he de ser sincero, creía que el papel de favorito lo tenía el equipo colchonero. Mucho más cuando al poco de empezar el partido se pusieron por delante con el gol de Esther González. Estaba muy tranquilo hasta que estalló la tormenta txuriurdin. He de confesar que Gonzalo me había anunciado, la víspera, un plan de choque, un cambio de sistema con el que poder doblegar al rival. Movió sus peones y la respuesta fue formidable. Un tiro desde la vega del Genil entró en la portería de Lola Gallardo. Kiana Palacios había golpeado el balón con toda su alma. Empate y momento clave..

Desde ahí hasta el final, las cosas cambiaron mucho. Las realistas se quitaron los complejos de encima. Ni miedo, ni inferioridades, ni nada. Al revés, descaro desde un planteamiento acertado con Nahikari García, la propia Palacios y Nerea Eizagirre creando muchos problemas en la zaga madrileña.

Las del Metropolitano tocaban el balón con Laura Meseguer, Jenifer Hermoso, Angela Sosa, como directoras de una orquesta que se encontraba con una actitud ejemplar de sus rivales. Las de Gonzalo Arconada defendieron como titanes, salieron al contraataque, hilvanaron buenas jugadas y metieron el miedo en el cuerpo a sus rivales.

Mucho más cuando Nahikari García apareció para hacer aún mejor una jugada formidable de Palacios y Leire Baños. Quedaba media hora para el final. Del mismo modo que las guipuzcoanas crecían, a las rojiblancas les entraron todas las dudas. Lo intentaron con todos sus recursos, pero además de pegar dos remates en los palos, chocaron con la meta de Mariasun Quiñones. Recordé entonces las transmisiones del fallecido Héctor del Mar que solía poner apodos a los jugadores. A Luis Arconada le llamaba “Pulpo Arconada” porque las cogía todas como si tuviera tentáculos. Tiros largos, cortos, faltas, saques de esquina. La de Hondarribia podía con todo. Actuación brillante a lo largo de la noche, lo mismo que el  encuentro heroico de Chini Pizarro en el pivote.

Los seguidores realistas empujaban y empujaban viendo cerca la posibilidad de ganar otra copa. Esta vez, con el equipo femenino. También ante el Atleti, también con un Arconada en sus filas y además con un trabajo psicológico que en pocas horas le dio la vuelta a una derrota en liga, ante las mismas jugadoras,  para ganar un título por primera vez en la historia del club.

Había algarabía txuriurdin detrás de la otra portería en la que entraba el balón. El partido se situó  en una fase de incertidumbre, dudas, esperanza y creencia. Todo en la misma coctelera. Cuando la colegiada de Murcia, Martínez Madrona, pitó el final, se desataron las tensiones, las emociones, los sentimientos, la alegría. Todo lo que cabe en un cuerpo humano. Sandra Ramajo, capitana, recogió el trofeo de Campeonas de Copa de manos de la reina Leticia, mientras se escribía una de las páginas más hermosas y humildes de la historia del Club.

Bajé a la zona de vestuarios, que parecía el metro en hora punta. Saludé a unos y otros. Dos consejeros del club me agradecieron el esfuerzo de haber llegado hasta allí para contarlo. Quise entrar a la sala de prensa, a la rueda de Gonzalo Arconada. Estaba encantado. Le hice una pregunta “reivindicativa”. ¿Con este triunfo te sacas una espina?  Se despachó a gusto tras reconocerlo. Aquel fue un momento muy emotivo. Voló por los aires, le regaron con cerveza las jugadoras, le zarandearon a él y al segundo entrenador, Iñaki Goikoetxea.

Recogí los trastos y volví al hotel.  En la puerta coincidí con los familiares que esperaban a las desconsoladas jugadoras del cuadro rival. Bastaba ver las caras. No había nada que preguntar. El deporte es eso muchas veces, la cara y la cruz, el haz y el envés, el blanco y el negro. Entré y subí directo a la habitación. A la mañana siguiente, a las siete estaba de vuelta en la carretera. Como no había cenado, tenía bastante hambre. Aguanté hasta Valdepeñas. Recuerdo el desayuno como el pasillo de casa. Zumo de naranja, tostada con aceite y jamón, café con leche y churros. ¡Gloria bendita!

Esa tarde, Anoeta vestía de gala. Llegaba el Real Madrid. Todo salió redondo. Las jugadoras saltaron al centro del campo, compartieron la Copa con la afición y vieron ganar a los chicos (3-1).  Un año después conviene recordar los felices momentos, sobre todo ahora que todo es tan diferente y triste a la vez. No viene mal mirar hacia atrás para coger fuerzas y sentir orgullo por lo conseguido..

 

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