Ander Bardají: “No miro hacia atrás y no me arrepiento de ninguna decisión que haya tomado”

Vive en Huesca, entre la catedral y el ayuntamiento. Por su altura, pudiera ser el arco apuntado de la gótica portada catedralicia o la frialdad renacentista de la fachada consistorial. Oye las famosas campanas y respira el mismo aire que el romano Quinto Sertorio o los reyes medievales. Ander Bardají patea las calles oscenses, sin prisa, con la mirada puesta en los pétreos dinteles de las puertas que va abriendo su experiencia y dejándose llevar por la calma que transmiten los espacios del alma que palpita. Juega al fútbol. Es portero.

La vida en Huesca. A esta hora, entrenando con el primer equipo a la espera de que alguien baje la bandera y se dé rienda suelta a los partidos que faltan…

-La vida en Huesca es como si estuviera en casa. De hecho, después de estos años ya me considero oscense en cierto modo. Es una ciudad pequeña pero a su vez acogedora, y yo, viniendo de un pueblo, me siento muy a gusto. Además tiene un entorno precioso, rodeado de montañas, parques naturales, pueblos, etc. En lo que es el día a día, me mantengo ocupado con los estudios, quedando con amigos, con los compañeros o haciendo excursiones de todo tipo.

Cuando se declaró el estado de alarma, el club nos comunicó que nos quedáramos en Huesca. Siendo una situación tan excepcional en la que nadie sabía, ni todavía sabe, lo que va a pasar, pensé que quizá nos mandarían a casa con la familia. Sin embargo, me he pasado todo el confinamiento aquí, en Huesca. Me he entretenido cocinando, haciendo ejercicios para mantenerme en forma, dando clases de matemáticas, estudiando, con las videollamadas, grabando videos, jugando con amigos… Por lo general, tampoco he tenido mucho tiempo para aburrirme. Lo he llevado con buen estado de ánimo.

El único momento más complicado fue cuando el entrenador nos comunicó que nuestra liga se iba a suspender (la Segunda B con el Ejea) y algunos compañeros empezaron a hacer las maletas. Entonces es cuando empiezas a darle vueltas, a pensar que a ti te puede pasar lo mismo, que después de cincuenta días encerrados, esperando la vuelta a los entrenamientos, te puedes ir a casa sin tener oportunidad de ni siquiera despedir la temporada. Afortunadamente, a los pocos días me comunicaron que tendría que empezar a entrenar con el primer equipo.

Ahora, poco a poco empezamos de nuevo “una pretemporada” para coger la forma física y afrontar el último tramo de liga. En lo que respecta al fútbol, el regreso está siendo  de forma escalonada. Empezamos con sesiones individuales, para seguir ejercitándonos, después, en grupos pequeños y terminar entrenando el equipo entero. Esperemos que sigamos esta progresión y podamos finalizar la temporada sin problemas. Eso sería sinónimo de que la evolución de la pandemia ha sido favorable.

Vuelta a la casa grande, después de haber sido cedido esta temporada al Ejea de Segunda “B”, equipo que mantiene la categoría y que no jugará más partidos hasta el curso que viene…

Este año el Ejea llegó a un acuerdo con el Huesca, por el cual federativamente pasaba a ser su filial. Por eso, a pesar de que nuestra liga se haya suspendido, nos han citado a algunos jugadores para estar en la órbita del primer equipo. Personalmente, me alegré mucho cuando me dijeron de unirme a la dinámica del Huesca. Por un lado, siempre es agradable entrenar con la primera plantilla. Por otro, después de la cuarentena sentía la necesidad de volver a la normalidad, entrenar en el campo, hacer lo que te gusta y, como he dicho anteriormente, terminar la temporada jugando al fútbol y no en casa.

No ha sido un año fácil para ti, las lesiones son malas compañeras de viaje…

-No, no ha sido fácil. A principios de temporada tuve una lesión en el recto, que me ha terminado dando más guerra de la que me hubiera gustado. Al final, el hecho de tener que estar fuera de las rutinas del equipo, no es agradable. Hay algo en ti que no te termina de llenar. No puedes hacer lo que te gusta, que es jugar al fútbol.

¿De qué te ha servido la experiencia en ese equipo?

-Obviamente cada equipo y cada club es un mundo, los compañeros son nuevos, los objetivos son diferentes, las exigencias, el ambiente, los entrenamientos, el día a día… Toda nueva experiencia te hace crecer. También destacaría que me ha servido para valorar lo que uno tiene. Muchas veces no nos damos cuenta de ello hasta que lo perdemos.

Por un lado, tal y como hemos hablado anteriormente he sufrido por las lesiones que te impiden ejercer tu trabajo al 100%. Muchas veces, cuando estamos bien en lo que a salud se refiere, nos quejamos por cosas insignificantes sin motivo alguno, sin ni siquiera pensar en la suerte que tenemos.

Por otro lado, hasta ahora había estado en clubs con una estructura muy profesional y con muchos recursos. El Ejea, en ese sentido, es un club más humilde. Por eso, me ha servido para ver otra realidad y darme cuenta de la suerte que he tenido en muchas etapas de mi vida.

Son momentos de zozobra, de incredulidad mezclada con dudas. No ha sido una situación fácil para nadie. Tampoco para ti. ¿Qué se aprende y valora en estas circunstancias?

Aprendes a valorar muchas cosas que de por sí parecen normales y no les damos importancia. Por ejemplo, las cosas sencillas de la vida, tu trabajo, la rutina, el relacionarse con las personas… También nos hace ver que por mucho que sepamos (o al menos eso creemos), la naturaleza es un mundo del que todavía nos queda mucho por aprender.

A veces nos preocupamos por cosas insignificantes si las comparamos con todo lo que sucede a nuestro alrededor. ¿Crees que la vida, tu vida, va a cambiar a partir de ahora?

Realmente no sé si mi vida va a cambiar. En lo que respecta a las costumbres sociales, que últimamente se oye mucho que tendremos que cambiarlas, pienso que como persona de este mundo deberé adaptarme a las nuevas circunstancias.

En lo relacionado con lo personal, tampoco creo que mi vida cambie mucho. Soy la misma persona de antes con una nueva experiencia compartida. Es verdad que, posiblemente muy diferente y extrema a lo que las que haya podido vivir hasta ahora. Pese a todo, en el fondo sigo siendo yo. También creo que mi vida irá ligada en cierto modo a lo que pueda pasar en mi futuro. A día de hoy no sé dónde voy a estar dentro de unos meses, y cada posible solución supone un nuevo camino en mi vida.

En la escala de realidades, cuando concluyes un contrato el próximo 30 de junio, deberías estar preocupado por no saber por dónde pasa tu futuro. ¿Es así o relativizas el momento? Muchas cosas no dependen de nosotros. Y en el fútbol, menos. ¿Le has pedido algo a tu representante o lo dejas en sus manos?

-El futuro es algo que siempre inquieta pero tampoco es algo que me quite el sueño. A día de hoy estoy centrado en terminar lo mejor posible la temporada y ayudar al equipo en todo lo que se pueda. No he hablado nada en concreto con el representante, aunque durante la cuarentena sí que hemos estado en contacto. También creo que todos coincidimos que la pandemia afectara en lo que respecta al mercado del fútbol.

Ander Bardají es un jugador discreto, poco mediático, ajeno a las portadas de los medios… eso que llaman venderse. ¿Crees que te ha faltado un poco más de bombo para que se fijen en ti?

-Soy una de esas personas que no se fija mucho en la prensa. Me suele llegar más información del entorno que la que pueda leer de primera mano. De hecho, tampoco me considero muy activo en las redes sociales. Pienso que los medios de comunicación tienen bastante poder, pero no sé si me hubiesen brindado una oportunidad diferente. Creo más en el trabajo de uno mismo y que a través de él llega la recompensa.

La experiencia en Huesca te sirvió para vivir un ascenso a Primera División y celebrarlo, para convivir en un vestuario con jugadores muy diversos y para darte cuenta del mundo diferente al de un equipo filial y de cantera como la Real de Zubieta. ¿Qué se aprende y con qué te quedas de la experiencia?

-Creo que de las experiencias hay que quedarse con todas, las más agradables y las menos, porque de todo puedes sacar conclusiones. Como recuerdos bonitos, además del ascenso vivido hace dos temporadas con la SD Huesca, también me gustaría mencionar la del año pasado con el CF Fuenlabrada con el que también ascendí.

Cuando echo la vista atrás todos los recuerdos que me vienen a la cabeza son de felicidad, y no me refiero al ascenso en sí, me refiero al día a día. Tener un ambiente de trabajo que genera alegría es algo que no tiene precio.

¿Qué valor le das a la confianza? Un portero la necesita a raudales para transmitirla a sus compañeros y para reforzar su propia conducta. En algún momento del camino ¿la echaste en falta?

La confianza o el aspecto psicológico, en general, constituyen una parte muy importante del deportista, y más si cabe del portero. Nuestra actuación en el juego no es continua, pero sin embargo nuestras acciones son siempre decisivas. Aunque intentes mantener la confianza alta en todo momento, no todas las temporadas ni todos los partidos son iguales. Tampoco todas las personas que te rodean en el entorno del fútbol confían en ti de la misma manera. Hay que aprender a gestionar ese estado, y cuando esa confianza está más baja sí que la echas en falta porque tu rendimiento depende de ello. Claro que uno desea estar en todo momento en la cresta de la ola, pero obviamente eso es muy complicado.

Mucha gente del fútbol, de dentro y de fuera, se olvida de que el jugador antes de serlo es una persona a la que se suele faltar al respeto

Está claro que los futbolistas somos personas, y si alguno piensa que todos los futbolistas viven en una burbuja está equivocado. Es cierto que el fútbol de élite es muy mediático y hay mucho interés, pero es solo una parte de la realidad.

Personalmente, aunque creo que no me han faltado el respeto en muchas ocasiones, sí siento que alguna situación no se afrontó de manera apropiada en lo que a mí respecta. Ante esas situaciones creo que he actuado de una manera calmada y he tenido que tragar. Va con mi forma de ser. A veces pienso que, de vez en cuando, debería pegar un puñetazo encima de la mesa.

Tres años en Huesca desde que saliste de la Real Sociedad. ¿Qué ha cambiado en tu vida? Como persona y como guardameta.

Después de estar varios años en el equipo filial (alguno de ellos entrenando con el primer equipo) y el último formando en la plantilla del primer equipo, llegó un momento en el que parecía que la oportunidad de seguir creciendo allí era complicada. Había que buscar nuevas oportunidades fuera. Además, me apetecía vivir una experiencia lejos de casa con todo lo que eso supone.

Como persona he tenido que madurar, asumir esas responsabilidades que tiene una persona independiente, aunque sigo siendo el mismo de siempre. Como guardameta también creo que he crecido mucho. En la Real tuve muy buena formación, pero una vez que sales de allí ves otras maneras de entender y trabajar el fútbol. Creo que el hecho de poder desenvolverte en diferentes situaciones y tener que aprender de todas ellas te hace mejorar.

A veces la ansiedad por llegar, las prisas por quemar etapas terminan volviéndose en nuestra contra…

-Alguna vez me han solido preguntar o se me ha pasado por la cabeza si las “prisas” por llegar al primer equipo de la Real me hayan podido perjudicar. No sé, puede que sí o puede que no. Lo que sí me parece que es muy fácil sacar conclusiones una vez que pasan las cosas.

Cualquier pequeño detalle, un golpe de suerte, una oportunidad, una decisión… podría haber cambiado mi carrera deportiva, tanto para mejor como para peor. Es por eso que no miro hacia atrás, y lo que tengo claro es que no me arrepiento de ninguna decisión que haya tomado. Considero que eran las decisiones correctas en el momento que las elegí y afronté.

No sabemos si al final la competición volverá y los partidos podrán disputarse. Os someten al test del coronavirus, os concentran en régimen cerrado, etc. Entre la preocupación y el miedo ¿cómo vives el momento?

-Vivo el momento con una mezcla entre alegría y prudencia. Después del confinamiento, me siento muy afortunado de poder volver a trabajar. Se me estaba convirtiendo en una necesidad el hecho de volver a cierta normalidad. Y soy consciente de todo lo que eso supone.

Con una carrera universitaria terminada y con lo que llevas de fútbol a tus espaldas, ¿Ander se siente orgulloso de lo que es y tiene por su esfuerzo?

-Me siento orgulloso de lo que soy. Si no lo estuviera intentaría cambiar aquello que no me enorgullece. Considero que he dedicado mucho esfuerzo al fútbol y he sido profesional en todo momento. Gracias a eso he podido vivir experiencias inolvidables, que no me las quita nadie. Sin embargo, en la otra cara de la moneda sí que creo que en los últimos años, por diferentes circunstancias, todo el sacrificio por el fútbol no se ha visto compensado en el aspecto deportivo. Pero está claro que así es el fútbol profesional y hay que saber vivir con ello.

Ander es como es y no va a cambiar. No rehúye los compromisos solidarios, ni se le caen los anillos por ayudar a los demás. En la vigente cuarentena apareció el profesor que lleva dentro y explicó, durante unos días,  matemáticas a un niño en su casa durante los días en que los alumnos no iban a clase.

Es la praxis de lo que un día será su profesión posiblemente. En el camino de formación terminó un “Grado en Ingeniería Mecánica” y un “Máster universitario en formación del profesorado de educación secundaria obligatoria y bachillerato, formación profesional y enseñanzas de idiomas”. Ahora se zambulle en un temario de oposiciones que, como escribía Gabriel Celaya sobre la poesía, pueden ser  “un arma cargada de futuro”

No ha engordado un gramo en esta pandemia porque su genética así lo determina. Cuida mucho su alimentación, pero podría caer en la tentación de una de esas pastelerías de ensueño que encuentras  en las calles de Huesca (Vilas, por ejemplo) y no quedarse mirando el escaparate, sino entrar y elegir entre uno de los dulces que le apasionan. Nadie lo notaría. Es un pincel de trazo fino.

 

 

 

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