Iñigo Peña: “Teníamos mucha ansiedad. El aplazamiento de los JJ.OO. fue una liberación

El año de Tokio 2020 dejó de serlo. La decisión tardó en adoptarse y asumirse por parte de todos los agentes implicados. Un deportista como Iñigo Peña, dentro del movimiento olímpico,  es como un grano de arena en el desierto. Sin embargo, para él y para el resto de competidores, el aplazamiento se convirtió en oasis. No es que hoy viva debajo de las palmeras, pero las sensaciones son muy diferentes. Lo pasó mal. Nunca le vi tan afectado, tan inquieto, tan sumido en la zozobra y me atrevería a decir que tan hundido.

En el trajín de las poblaciones y las regiones, además del número de las fases, los deportistas profesionales, permisos, tolerancias…etc. A esta hora ¿cómo es tu situación personal?

-Ahora mismo estoy en Madrid concentrado con la selección. Estamos en la cuarta semana de entrenamientos tras el confinamiento. Las sensaciones día a día van mejorando, pero ha costado volver a los entrenamientos. El cuerpo es muy desagradecido…

Lo último que compartiste en redes sociales se relacionaba con una piragua, navegando en solitario en el pantano de San Juan. Cuando vi esa foto, decidí hacerte la entrevista.

-Era una publicación de alegría y liberación. El primer contacto que tenía con el agua y la naturaleza tras siete semanas metidos en casa.

Aquello fue como una descarga, o quitarse muchos pesos de encima, después de las tensiones vividas.

-Sí, los primeros diez días del confinamiento hasta que nos confirmaron el aplazamiento fueron días de mucha ansiedad y nervios. Estábamos viendo cómo se nos estaba escapando la posibilidad de llegar al 100% a los JJOO y competir en igualdad de condiciones con nuestros rivales. Iba a ser una pena llegar a los JJOO a un 70% y conseguir un resultado mediocre.

Hasta que no aseguraron el aplazamiento de los JJ.OO, lo vuestro no era vida. Junto a Paco Cubelos, habíais logrado el billete para Tokio, pero os impedían entrenar, mientras en otros países vuestros rivales lo hacían…

-Teníamos mucha ansiedad. Sentir que la mayoría de nuestros rivales (incluso países como Italia que estaban peor que nosotros) tenían permisos especiales emitidos por el Gobierno para poder realizar sus entrenamientos y nosotros no. Ese fue el peor momento, ver que el confinamiento se alargaba y no había perspectiva de vuelta a los entrenamientos. Cuando se anunció el aplazamiento fue una liberación, me quité un peso de encima.

Con el paso del tiempo ¿has digerido todo ese proceso, mezcla de injusticia, ansiedad, tensión?

-Una vez que los JJOO pasaron a 2021, me tomé el confinamiento con mucha tranquilad, sabiendo que tenemos más de un año por delante para preparar los JJOO con mimo. Me dediqué a mantenerme en forma con el ergómetro, pero también he aprovechado para sacarme un par de asignaturas de la universidad.

Seguías una preparación específica con la meta puesta en los Juegos. Falta ahora más de un año, ¿Le das continuidad?, ¿Bajas el listón de la exigencia?, ¿Se vuelve al punto de partida?

-Ya hemos vuelto a los entrenamientos con la selección y están siendo muy exigentes. Estamos a 14 meses de los JJOO y no te puedes despistar. Hemos perdido muchas sesiones con respecto a nuestros rivales. A día de hoy, tenemos competiciones a finales de agosto y septiembre. Estamos adecuándolas, pero son pruebas preparatorias en el camino hacia el gran objetivo, Tokio 2021.

También quita peso de la mochila, el hecho de saber que se respetan las plazas conseguidas y que no hay torneos clasificatorios, selectivos, preolímpicos, etc.

Si, la plaza que conseguimos con la plata en el mundial de 2019 se mantiene, y no tendremos que afrontar ningún clasificatorio ni preolímpico internacional. No así a nivel nacional, ya que, la plaza no es nominal y de momento está en poder de la federación. Sabemos que tendremos que pasar el selectivo nacional para sellar definitivamente el pase a Tokio.

Parte de vuestro enfado en los momentos de zozobra tenía que ver con las aspiraciones. No os conformabais con llegar a Tokio, sino que aspirabais a una medalla…¿Os obsesionaba?

-Claro, el objetivo no es solo ir a los JJOO. Ya soy diploma olímpico en Rio 2016 y soñamos con mejorarlo.

Cerrado el CAR de Madrid buscaste acomodo en un piso con tu pareja. El ergómetro en el salón, el kit de mancuernas, las cintas, las pesas…repartidas por la casa. ¡Un cuadro en toda regla!

Jajajaja, pues sí. Había que adaptarse para poder mantener la forma y le llené el piso de trastos. ergómetro, bicicleta spinning, mancuernas, barras, discos,…

Se intuye un cambio de calendario, objetivos previos a la cita de 2021. Quizás no pasaba por vuestra cabeza afrontar nuevas citas que ahora pueden ser necesarias en test que os sirvan de comprobación…

-En principio, hay una Copa del Mundo a finales de septiembre y sabemos que quieren realizar el Cto. de Europa que se pospuso, en otoño. Antes de esas citas tendremos selectivos nacionales para configurar el equipo que acudirá. No hay tiempo para dormirse…

Pregunta de revista de peluquería. Varios deportistas tenían previsto casarse al acabar la cita olímpica. En vuestros planes estaba contraer matrimonio, realizar un viaje de novios al país de Trump, después de la experiencia en Japón. ¿Cambio de tercio, aplazamiento, planes al garete?

-A día de hoy seguimos con la fecha prevista, pero esperando acontecimientos. Cada día cambia mucho la cosa y no sabemos lo que pasará de aquí a tres meses. De momento esperar…

Pregunta que enlazo con el futuro personal de Iñigo. En septiembre cumples 30 años. La siguiente cita olímpica te pillaría con 34. ¿La ves factible?; La decisión ¿depende de la cabeza, del corazón o de otros elementos que influyen?

-Físicamente me encuentro en el mejor momento de mi vida, con los mejores valores (resistencia, fuerza, marcas,…) de toda mi carrera. Sé que a Tokio llegaré con 30 y en mi mejor momento. A París llegaría con 33. A día de hoy en el deporte no son muchos años. El marca del k2 alemán que nos ganó en el Mundial tiene 38. Una vez que pase Tokio iré año a año, pero si mantienen mi categoría probablemente intente otro ciclo olímpico, además será de solo 3 años.

En el horizonte a medio plazo, ¿ves más la imagen del abogado en su despacho, llevando casos y pleitos, o el piragüista con chándal y palas?

-A día de hoy estoy centrado en el deporte, pero cuando finalice mi carrera deportiva me gustaría ser abogado.

En estos casi tres meses de vida diferente, ¿has salido a aplaudir a las ocho, a sonar cacerolas, a cantar “Resistiré”?

-He salido a aplaudir todos los días. Es lo menos que podíamos hacer por todos los sanitarios que estaban en primera línea luchando contra el covid. También, era un momento de encuentro con los vecinos y momento de saludar a otras personas de, balcón a balcón, antes de meternos a otro encierro de 24 horas.

Vives en Madrid, pudiendo residir este tiempo en la casa familiar de Zumaia. Quedarte aquí era otra alternativa posible. ¿Qué pesó a la hora de decidir entre ambas posibilidades?

-Sí, ir a Zumaia podía haber sido una opción, pero conseguir material de la federación para entrenar en casa era más fácil en Madrid. Y entre los dos o tres días que dudé qué hacer, decretaron el estado de alarma y ya no me pude mover. Además, no pensé que fuese a durar tanto. En principio solo nos hablaban de dos semanas, y siempre tuve la esperanza de que en cualquier momento las gestiones del COE diesen resultados y nos otorgaran el permiso para poder salir a entrenar.

Como os digo, elegí esta foto tan representativa. La imagen no enseña lo que en ese momento anida en su cabeza, en los pensamientos y en el corazón. El reencuentro con el santo y seña de su día a día habló de liberación, una especie de viento norte “Ipar Haizea” que sirviera para oxigenar los conductos atascados. Las lentas paladas sobre las tranquilas aguas del escenario de la preparación sonaban a música celestial. La misma que le gustaría escuchar encima de un podio cuando llegue el momento.

 

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