Ander Torriko: “Los malos momentos hacen que valores los más dulces con mayor intensidad”

“Uno para todos, todos para uno”. Este era el lema de los tres mosqueteros. Cabría decir lo mismo de un trío de jugadores, nacidos en Zumaia, que eligieron el balonmano como deporte hasta convertirlo en pasión. No son Athos, Porthos y Aramis, sino Kauldi Odrizola, Mikel Martínez y Ander Torriko. No necesitan un D’Artagnan que les haga más fuertes. Quizás se valgan por ellos mismos para seguir en la lucha personal por alcanzar los objetivos.  En la charla con Ander se descubre fácilmente que el camino no es de rosas.

Anaitasuna, nuevo destino, al menos dos temporadas. Equipo con unas características definidas que hace una apuesta por ti. Otra oportunidad para progresar y consolidarte en Asobal…

-Me parece un señor equipo, y el punto de inflexión para tomar la decisión final ha estado en el aspecto deportivo. Por esta razón he fichado por un club referente como es el Anaitasuna.

Te despediste del BM Sinfín agradeciendo el trato, el apoyo y la relación. Muchas veces, y lo sabes bien, sentirse a gusto en un equipo supone un plus para el jugador…

-Era lo mínimo que debía hacer por la familia del Balonmano Sinfín. Es vital que un jugador encuentre su sitio con los compañeros de equipo y tenga la confianza del entrenador. Por fortuna, he podido vivir estas experiencias gracias al ambiente sano que hay entre todos los jugadores y por la buena relación profesional que he creado con el técnico Rodrigo Reñones.

En todo este confinamiento, además de preparar unos canelones estupendos, qué has aprendido…

-He aprendido a valorar más las cosas de la vida y me ha servido para estar más tiempo y compartir momentos con mi familia. También a saber cocinar, como es debido, una buena paella.

Después del éxito inolvidable, siendo juvenil con el Pulpo, el aprendizaje en Zarautz, para pasar a Benidorm, tu primer equipo profesional, en el que las cosas no fueron fáciles para ti.

-Pienso que de las etapas que he vivido adquieres experiencia tanto en lo deportivo como en la vida en general. La lesión y la frustración de jugar mi segundo año como extremo en Benidorm no fueron fáciles de digerir. Pero ahora que sigo creciendo como jugador, me han servido para valorar y ver de otra manera las cosas y ser consciente en el oficio donde estamos inmersos. En definitiva, los malos momentos hacen que valores los momentos dulces con más intensidad.

Allí estudiabas una carrera que no has abandonado, aunque hayas cambiado de universidad varias veces el expediente…

-Así es… sigo con el grado de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte que inicié en Vitoria cuando jugué en Zarautz. He tenido que realizar el traslado de expediente dos veces, de Gasteiz a Alicante y de Alicante a Santander. Espero acabar la carrera en los siguientes dos años, ya que nunca sabes cuándo puede terminar la trayectoria deportiva de un jugador y más sabiendo que el balonmano no te da para vivir toda una vida, por desgracia.

¿Qué valor le das a un entrenador en la progresión como jugador?

-En un escala del 1 al 10, un 9. Sentir que un entrenador confía en ti es una satisfacción muy grande, ya que te hace jugar con plena libertad. Ese rol que adquieres en el equipo está, muchas veces, vinculado al valor que te da el entrenador.

Has pasado por manos de distintos estilos: Ibon Enbil, Aitor Urbitarte, Zupo Ekisoain, Rodrigo Reñones. ¿Qué te ha impactado más de ellos y por qué?

-Tuve la gran suerte de ser entrenado por Ibon Enbil aunque sólo fuera por un año, el que logramos el subcampeonato de España delante de nuestro pueblo. Nos enseñó mucho sobre la posición y orientación defensiva, ya que nos decía que en ataque no teníamos problemas para marcar goles y la clave del éxito estaría en una buena defensa colectiva. Lo que más me impactó de él fue la serenidad con la que afrontaba todos los partidos independientemente de su importancia, y lo mucho que disfrutaba viéndonos cuando jugábamos bien. Me quedo con la buena persona que era.

Aitor ha tenido mucho que ver con mi salto a la máxima categoría nacional. Recuerdo que me exigía muchísimo en todas las facetas del juego desde el momento en que llegué a las filas del Amenabar Zarautz. Disfruté mucho jugando en un pueblo como Zarautz porque se vive de otra manera este deporte. La confianza que Aitor depositó en mí dándome muchísimos minutos, me sirvió para coger experiencia con tan sólo 19 años. Me llamó la atención en él lo bien que preparaba los partidos en función del rival que nos tocaba enfrentarnos cada fin de semana. También la energía que transmitía a cada uno de los jugadores con su temperamento tan llamativo. Mi relación con Aitor era un amor-odio.

Zupo me ayudó a entender el deporte profesional. Era un entrenador que confiaba en la gente veterana y con experiencia. Los jóvenes estábamos sometidos a una gran presión el tiempo que permanecíamos jugando en el campo. Lo más llamativo de Zupo era su experiencia y la personalidad que mostraba en el campo con árbitros, mesa, etc.

Rodrigo ha hecho que recupere la confianza que perdí en la última etapa en Benidorm. Le daba gran importancia al aspecto físico, nos llevaba él la preparación física. Lo que más me ha impactado en él ha sido la disciplina férrea que transmitía tanto con el equipo como consigo mismo.

La salida de Iñaki Aniz del banquillo navarro conlleva un cambio Ahora, Quique Domínguez. Para todos, traje nuevo…

-No conozco a Iñaki, por lo tanto, no puedo opinar sobre él. He hablado con compañeros de equipo y otros jugadores que han sido entrenados por Quique y sólo tienen palabras positivas hacia su persona. Espero que su experiencia y aportación nos ayude a todos para luchar por los objetivos establecidos por el club.

Eres un central de los que acelera. La dirección de un equipo nunca es fácil. Dominar los sistemas y hacerlos efectivos con los jugadores depende muchas veces de la madurez, del poso de los tempos de los que conducís…

-Es un puesto que requiere mucha responsabilidad en momentos de crucial importancia en la competición. Para llegar a ser un gran central hace falta experiencia y haber acumulado muchos minutos, aparte de leer y entender el balonmano. Los dos últimos años en Santander he jugado más de lateral izquierdo, puesto que me encanta también.

¿Cuesta encontrar el sitio? ¿Convives con las dudas y los miedos a fallar? O esa etapa está superada.

-Pienso que todo deportista profesional tiene dudas y el miedo a fallar o no estar a la altura que exige la competición en situaciones puntuales. Es algo que hay que saber convivir con ello. Depende mucho de la autoconfianza que tiene cada persona y también de los años que lleves en el deporte de alto rendimiento.

En mi caso, durante la temporada puedo encontrarme en diferentes niveles de confianza y, en función de ello, actúo y me comporto de una manera definida. Es una etapa que no se supera porque las dudas están presentes en todo momento. Tengo 23 años y noto que cada temporada que transcurre voy adquiriendo más pose en el juego.

Uno de tus grandes amigos, Kauldi Odriozola, juega en el Bidasoa. Guipuzcoano, internacional y en constante progresión. ¿Cuesta mucho llegar y mantenerse? ¿Has perdido la esperanza de jugar algún año en Irún?

-No pierdo la esperanza de volver a jugar con Kauldi. Es más, me haría especial ilusión para revivir todos los años que hemos compartido vestuario en el Pulpo. Es complicado llegar a la élite, pero lo es más el mantenerse. Debes ser disciplinado y trabajar a diario. No he perdido la esperanza de jugar ni en Irún ni en ningún equipo que esté actualmente a ese nivel, jugando Europa.

Has pasado por malos momentos, situaciones duras. ¿Qué se aprende en esas situaciones, cuando uno no siente la confianza necesaria para ser efectivo?

Son etapas complicadas porque esa desconfianza generada no te permite jugar como realmente uno sabe. Me viene a la mente la lesión que sufrí en el hombro izquierdo, en mi segunda temporada con el Benidorm. No había un claro diagnóstico y me perdí casi toda la segunda vuelta. Estos momentos te hacen madurar como persona para poder afrontarlas con otra mentalidad los que puedan llegar en un futuro.

Sobre los centrales se especula mucho. Técnicos que prefieren portentos físicos o los que saben sacar chispas de “esos locos bajitos” como es tu caso o el de Erik Balenziaga, por poner ejemplos cercanos.

-Hay ideologías de todo tipo en los entrenadores y como jugador tienes que intentar adaptarte de la mejor manera posible a la filosofía de juego que el técnico busca en ti.

¿Hay algún central que te cautive especialmente?

-Centrales como Jon Azkue o el mismo Erik son referentes para mí. Hay varios aspectos en ellos que me llaman mucho la atención como la velocidad de Balenciaga o la verticalidad de Jon. He podido jugar junto a ellos en la selección de Euskadi.

Cuando el balón se paró en marzo, era el segundo goleador del equipo, a uno de Da Silva. ¿Tienes la sensación de que no te valoran como te mereces?

-No, pienso que soy joven y que aún me queda mucho camino por recorrer en este deporte.

Tiene un poco de monaguillo pillo y seguro que eso le vendrá bien para oficiar en “La Catedral”. Cerca de casa, en un entorno favorable, ayudado por sus nuevos compañeros, tratará de confirmar que la apuesta que el equipo navarro hace por él no es un brindis al sol. Ander está ante una nueva oportunidad para crecer, para seguir madurando como jugador y como persona. Es imposible separar una cosa de la otra.

 

 

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