¡Empate con pañuelico rojo!

Lo primero que quiero hacer es saludar a las buenas gentes de Pasaia, Lesaka y a quienes siguen esta sección desde la capital navarra. Hoy es San Fermín, el día del santo patrón que este año se celebra de aquella manera, por no decir que no se celebra. Un recuerdo también para Mikel Merino, Nacho Monreal, Alex Remiro quienes, en lugar de vestir de blanco, pañuelico rojo y tomarse unas birras con los amigos, se pondrán un chándal, unas medias y unas botas de colores después del empate ante el Levante para entrenar en Zubieta y comer menú de dieta. Es lo que hay.

Disfruto mucho viendo la plaza abarrotada del ayuntamiento pamplonés, cuando va a encenderse la mecha de un cohete que anuncia fiesta. Ayer el txupinazo se escuchó en La Nucía. Fue Isak quien puso fuego al centro de Oyarzabal (otro más) para marcar de espuela un gol de esos que te dejan patidifuso. Con que calma y frialdad manda el balón al fondo de la portería. Este chico es como es. Cualquier  otro futbolista del mundo hubiera hecho cabriolas, se hubiera abrazado con el palo del banderín de córner, nos hubiera enseñado la tableta y no sé cuántas cosas más. Si este un día corriera el encierro, salía por delante de la manada y se presentaba solo en la plaza de toros. ¡Qué barbaridad y qué zancada! Lo preocupante son las imágenes del final del encuentro cuando se vio que llevaba una fábrica de hielo en su muslo derecho. Están todos de mírame y no me toques.

Lo que pasa es que muchos no son como Alex. Hay morlacos que cabecean a los lados y enganchan al que se despista. Poco después del gol del jugador sueco, nos cazaron para empatar casi a renglón seguido. El cuerno, por el chirimbolo. Un pelotazo desde el pueblo de al lado nos sorprendió y nos dejó un mal regusto cuando nos relamíamos.  Puede suceder y de hecho sucede. El técnico, sin serlo, funciona muchas veces como trapecista sobre el alambre. Debe equilibrar un montón de cosas. Primero, la esperada catarata de lesiones que no va a dejar de pie a casi nadie. Luego, el obligado  reparto de minutos y de esfuerzos. Más tarde, la preparación de los partidos y, finalmente, la dosis de fortuna. En medio de ese coctel cambió seis jugadores en relación con el último partido ante el Espanyol con Moyá bajo palos.  Pretender con esos condicionantes que el equipo esté perfectamente ensamblado no es que sea una utopía, pero se le acerca. Meto en el mismo saco el cambio de sistema con las sustituciones sobre la marcha en la alineación inicial. Nos fue mejor en el primer tiempo que en el segundo, pero quizás este partido se hubiera perdido en la dinámica de las semanas anteriores al choque con el Espanyol. Y a lo mejor si Portu acierta en su ocasión a esta hora hablamos de otra cosa. ¡Vete a saber!

En esta época del año suelo levantarme antes de las ocho. Enciendo el televisor y veo los encierros. Me gusta que pasen cosas, del mismo modo que valoro la osadía de quienes deciden correr delante de los astados. Hubo un jugador de la Real que se atrevía, corría siempre en la misma zona de Estafeta, periódico en mano, vestido impecablemente, al lado de los más expertos participantes y disfrutaba de las carreras como cuando metía un gol. Un día le pregunté qué sentía y por qué se la jugaba. Me miró, sonrió y casi guardó silencio, porque probablemente no encontraba una explicación con la que satisfacer mi curiosidad. ¡Se lleva dentro! Cuando dejó el fútbol siguió participando muchos años y no sé si lo sigue haciendo. Son de otra pasta.

A veces, cuando visitó Pamplona, suelo hacer el recorrido al revés. Comienzo en la entrada a la Plaza y terminó en la casa Consistorial. Mucho más lento que los toros y parando más de lo recomendable, bajo por Estafeta. Es una calle emblemática, con mucho sabor y atractivo, mezcla de olores y sabores. Como la Real a día de hoy que es un compendio de cosas. Jugadores expertos y debutantes, unos sanos, otros lesionados y otros más, rajados en los quirófanos, aunque para algún sabio, y no precisamente de Roma, esas quirurgias sean un cuento chino. ¡La madre que les parió!

Como la jornada había planteado unos cuantos resultados favorables a las tesis europeas del equipo, sumar un punto, ante un rival que siempre nos incomoda, no parece malo. Será mucho mejor si en el próximo encuentro ante el Granada (creo que el viernes) los puntos se quedan en casa. Está todo igualadísimo, cualquier error se paga. Los partidos se resuelven por pequeños detalles. La Real salió enganchada en La Nucía, pero terminó por desengancharse poco a poco, aunque no descarriló. En las declaraciones de Moyá al final del partido se pudo leer entre líneas que el calor había hecho mella en el rendimiento. Imanol realizó los cinco cambios que le permite el vigente reglamento y alentó a los suyos en las pausas de hidratación. Conoce mejor que nadie cómo está su gente y a lo mejor hoy le pide a San Fermín que le eche una manita para lo que falta desde aquí hasta el final. Todo nos va a hacer falta. Y prometo una vueltita por Estafeta y una visita a la capilla del santo si el año que viene estamos compitiendo más allá del Bidasoa.

¿Os habéis dado cuenta que llevo dos beaterios seguidos sin hablar del VAR? La risa ha cambiado de barrio. Amén.

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