¡Si, quiero!

Cuando comenzó la temporada, a medida que la Real iba confirmando el nivel de los refuerzos, se instaló un razonable optimismo que imaginaba un final feliz. La entidad y su entorno dieron un ¡Si, quiero!, alto y claro para que nadie dudara del objetivo planteado. Mientras las cosas siguieron el camino de lo racional, el equipo ofreció más claros que nubes, buen y eficaz juego, haciendo disfrutar a sus parroquianos. Hasta aquí casi todo impecable, pero llegó la mitad de marzo, sucedió lo inesperado y aquello nos llevó por un camino rampante, lleno de piedras y guijarros que nos ha traído hasta aquí. A trancas y barrancas. Tanto, que llega con opciones europeas a la última jornada. El empate sin goles ante los sevillanos y el resto de resultados de los directos rivales exigen alto conocimiento de cálculo.

Les ha sucedido lo mismo que a unos cuantos deportistas del territorio que habían decidido contraer matrimonio este verano. De hecho, mañana se casaba un internacional. Le envío un abrazo, porque esa boda debió suspenderse hasta, por lo menos, octubre o noviembre. Una faena para ellos, para los invitados, para los restaurantes, incluso para los trajes elegidos para tal día.  Es lo normal. ¿Qué hacemos con los novios en el altar a metro y medio de distancia? Lo mismo que el sacerdote y los padrinos. O el concejal de turno, si deciden ir por lo civil. ¿Cómo se dan el piquito si deben llevar mascarilla? ¿A qué sabe un beso con un biombo en medio?

No es el único jugador que iba a dar el paso. Otros deportistas, olímpicos por más señas, habían adoptado la misma decisión. Aplazan sine die el cortejo nupcial. Es cierto que las parejas de hoy no son como las de ayer y que a estas horas la noche de bodas es una historia que cuentan los muy mayores. Aquella tensión no se parece en nada a lo que ocurre a esta hora. Las parejas viven juntas y en ese vivir se incluye el pack completo. Y no me hagáis ser más expresivo. Más allá de esa convivencia, esperemos que dentro de unos meses cuando llegue el momento de los anillos, las  arras y los besos de verdad, el amor siga intacto y no haya habido arrepentimientos en la travesía. Confío en que mantengan el mismo tipo y la ropa elegida les sirva. Sólo falta que se les quede pequeña por esos kilos de más acumulados en ese tiempo de espera.

Los jugadores realistas, buena parte de los cuales estaban invitados a una boda a la orillita del Guadalquivir, declinaron su presencia, entre otras cosas porque el novio sigue compitiendo y ellos, también. Les queda un partido más, el último de esta travesía inolvidable. Será el domingo en el Metropolitano. El objetivo sigue dependiendo del equipo realista, aunque sea en un escenario complejo como el madrileño y ante un rival que tampoco se juega nada especial.

Como aperitivo de la jornada, el partido de Ipurúa que (con respeto) podía considerarse de solteros contra casados, porque ninguno se jugaba nada tan trascendental como el resto. Victoria de los de Mendilibar y misión cumplida. La cita de Anoeta no era intrascendente. Imposible hablar de un encuentro fácil, porque el rival es de Champions y cuenta con un plantillón. Por la mañana, mientras hacía la compra, un señor me preguntó qué pensaba del partido ante el Sevilla. Él mismo contestó la pregunta, antes que yo. “Si ya están en Champions. Les vamos a ganar, seguro”

Mientras seguía dando vueltas con el carro, traté de imaginar el escenario vespertino, sin olvidar que el equipo de Julen Lopetegui aún debe afrontar las eliminatorias de la Europa League dentro de unas semanas y que mantener la tensión competitiva hasta entonces supone un esfuerzo añadido por no decir colosal. Que Imanol decidiera montarse atrás a la espera de mejores opciones, respondía a lo que esperaba de su rival. Los sevillanos presionaron tanto que obligaron a otro esfuerzo físico descomunal. Lo dijo Reguilón en las declaraciones posteriores al empate. Tiramos de orgullo y lo damos todo siempre. Llevaban no sé cuántos partidos sin encajar un gol. Hubiera salido redondo el partido txuriurdin, si Bono no detiene el disparo de Mikel Merino, o el de Portu no lo devuelve el poste. También es cierto que Moyá salvó parte del equipaje ante Ocampos cuando la contienda agonizaba.

Por eso, entendí las declaraciones de Imanol antes del partido. “Miuras”, con cuernos afilados. No existe otro modo de ganar si no afrontas la cita con todo lo que te queda. En ese compromiso decisivo, la persona de David Zurutuza, veinte años de fútbol, muchos de ellos en la Real, su equipo. Jugador auténtico que siempre quiso ser él. Muchas veces no le entendieron y le sacudieron estopa sin parar. Le correspondía haberse despedido a lo grande, con su gente, al grito unánime de ¡Zuru, Zuru! Sólo le acompañaron sus compañeros y técnicos, en un rondo de palabras y un manteo final como rúbrica a una trayectoria que aplaudo.

Nos queda un partido para concluir el ejercicio. Los jugadores se agarraron a un teléfono móvil al final del encuentro para comprobar el estado de la cuestión. Alguna sonrisa y una pregunta en el aire. ¿Quieres jugar en Europa la próxima temporada?. ¡Sí, quiero!

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