David Zurutuza, la última parada

Las últimas ruedas de prensa a las que he acudido en los últimos años y que se refieren a la Real Sociedad se relacionan siempre con deportistas, jugadores que se despiden, que dicen adiós a una trayectoria y que han sido ejemplares en la defensa de la camiseta del club que llevan dentro.

Es el denominador común en  personas del calado de Mikel Aranburu, Mikel Labaka, Ansotegi, Imanol Agirretxe, Xabi Prieto, Carlos Martínez, Markel Bergara…, santo y seña del vestuario txuriurdin. En todos los casos, no acudí a hacer preguntas, sino a aplaudir. Para dar las gracias por la forma en la que me han tratado y por los muchos ejemplos de fidelidad a los colores.

Hubiera hecho lo mismo con David Zurutuza, pero la pandemia evitó nuestra presencia en la sala en la que el presidente Aperribay valoraba el camino recorrido por el «17». Compañeros, técnicos y directivos le aplaudieron en nombre de todos en la última parada. Se ha ganado la insignia de la pertenencia, la que un día recibirá con los aficionados como testigos. No se entiende ningún reconocimiento sin el calor de los seguidores. Zuru convoca a miles y es capaz de sacarles de dentro el grito de guerra: ¡Zuru, Zuru!. La unión hace la fuerza.

Es diferente, frío, con personalidad propia y ajeno a la pose habitual. Ha dicho muchas veces lo que piensa y siente. No siempre le han entendido. Es por ello que, se ha llevado buenos palos. Sin embargo, no se queda con eso, sino con la relación inquebrantable de compañeros-amigos, con los que ha hecho piña y peña en los duros momentos que vivieron cuando la entidad se tambaleaba en Segunda División. Ese grupo de personas generosas ayudó mucho a salir de aquel atolladero y deben sentirse satisfechos, muy orgullosos de ver cómo aquel esfuerzo se ha traducido en la idílica situación actual.

David ha puesto muchos granos de arena. Recordaré siempre el gol que marcó al Numancia en Los Pajaritos y la forma de celebrarlo. Y ahora que dispondrá de más tiempo libre espero que, además de comernos unos calamares, consiga que me regale un cuadro. Es muy bueno manejando pinceles y colores.

Es el último mohicano de una generación inolvidable. Quedan pocos futbolistas en activo de la plantilla que ascendió a Primera. En la Real, ninguno. El último dice adiós con la satisfacción del deber cumplido: “Me siento un privilegiado por haber defendido la camiseta de la Real durante tanto tiempo. He disfrutado mucho y toca dar el testigo a una nueva generación joven”.

Él y sus compañeros recogieron un día el testigo de quienes les precedieron. Han sido ejemplo para la generación con la que han compartido objetivos. Asier Illarramendi, Mikel Oyarzabal, Aritz Elustondo, Joseba Zaldua, Ander Barrenetxea, Mikel Merino, Ander Guevara, Le Normand, Aihen, Sangalli, Zubeldia…cuentan con un espejo en el que mirarse sin que esté empañado. ¡Que nunca más salte todo por los aires, salvo para celebraciones!

¡David, gracias por tantas cosas!

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