Carlos Martínez, despedida desde la honestidad

Uno de esos futbolistas con los que me iría al fin del mundo se llama Carlos Martínez. No porque me parezca mejor o peor lateral derecho, sino por lo buena persona que es. Ignoro quién le reclutó para la Real Sociedad y cuáles fueron las razones que motivaron su fichaje. El tiempo validó aquella decisión. Llegó al primer equipo, se mantuvo, lo dio todo en la defensa de los colores y formó con Xabi Prieto una banda derecha colosal. Esa relación brindó tardes inolvidables. El látigo doblaba la banda cuántas veces fuera necesario dejando a los rivales sin fuelle, agotados. Era el soplo de aire, el pulmón para el artista, para el futbolista que lo bordaba con un balón cosido al pie. Los dos eligieron el mismo día para despedirse. Anoeta se puso en pie entre emociones y recuerdos. Rodeados de los compañeros del alma, de los herederos del brazalete y del espíritu. ¡Cuánta humildad al servicio de la inteligencia, del compromiso y de la honestidad!

Si por algo valoro mi trabajo, la profesión que me ha ocupado durante décadas, es por esto. Cuando te encuentras personas que merecen la pena, personas que te entienden, personas que confían, la relación se enriquece. En una conversación no lleva la voz cantante, pero está muy atento. Sabe escuchar. Te mira a los ojos, tercia cuando cree que debe hacerlo. Cuando se suelta y cuenta anécdotas del camino, compruebas que su memoria es prodigiosa y no niega haber participado en alguna trastada colectiva junto a sus compañeros. ¡El titán de Lodosa como le apodaba en las transmisiones de los partidos! Gracias por todo. ¡No cambies!

Es muy fácil quererle. No le oirás hablar mal de nadie y aprenderás muchas cosas simplemente compartiendo una conversación. Sabía de sobra que lo que viniera después de la Real, no iba a ser lo mismo. Oviedo y Burgos han sido sus últimos destinos. Podría rajar de ambas experiencias, pero prefiere guardar silencio.  Siempre que voy a Lodosa a comprar verduras, le escribo un mensaje por si quiere algo y siempre me contesta que me tome un picante en un bar concreto de la población en la que nació y en la que sus padres mantuvieron hasta hace poco el pequeño negocio familiar.

Nos hemos reído mucho. Los espárragos no le hacen tilín, pero el jamón dura poco en un plato a su alcance. Un día le comenté que vivir al lado del Ebro otorgaba un plus y que bañarse debía ser grandioso. No lo ha hecho nunca, ni lo hará, porque le da un cierto repelús. Pocas semanas después de aquella charla me envió el recorte de una noticia. Habían pescado, en su pueblo y en el Ebro un siluro de dos metros y cien kilos de peso. ¡Por cosas de estas no se metía al río!

Entiende que su carrera termina y que prolongarla sin alicientes no merece la pena. La decisión la asumió hace tiempo y ahora la hace oficial a través de este comunicado que os ayudará a descubrir el talante de la persona de la que os hablo:

Ha llegado el momento, el de tomar una decisión complicada pero muy meditada y con el convencimiento de ser la mejor tras 15 años como profesional… decir adiós a un deporte que me lo ha dado todo, que ha sido mi profesión, pero sobre todo la consecución de un sueño y un premio a años de esfuerzo y sacrificio.

Quiero empezar agradeciendo a los clubes donde comencé siendo un niño, en primer lugar, al CD Lodosa, equipo de mi pueblo del que siempre estaré orgulloso. También al Izarra y CD Estella que pusieron su granito de arena en mi carrera.

También agradecer al Real Oviedo y al Burgos la confianza depositada para poder vivir mis dos últimas temporadas, y por darme la oportunidad de conocer a compañeros y amigos que guardaré para siempre.

Pero sobre todo a la Real Sociedad, al club de mi vida, en el cual he vivido 18 años, 7 de ellos pasando por todos los equipos inferiores y 11 siendo jugador del primer equipo, llegando en un momento complicado y ayudando junto a mis compañeros a llevar al club donde por su historia merecía… poder ascender con esta camiseta y llevar este escudo por Europa son momentos que nunca podré olvidar.

No puedo olvidarme de agradecer a todas las personas de los diferentes clubes, entrenadores, médicos, fisios, directivos, trabajadores en general y a todas aquellas personas que hicieron posible toda esta trayectoria profesional… en especial a aquellos compañeros que hoy en día se han convertido en grandes amigos.

Sin olvidar nunca a una persona que sin estar fue una de mis mayores motivaciones para alcanzar mi meta, prometí conseguirlo, así que espero estés orgulloso de mí, allá donde estés, Mario.

Y, por último, a mi familia… a mi mujer, por estar siempre a mi lado y apoyarme en los momentos complicados, y construir juntos la familia que hemos formado junto a Naia, Mara y Nikole (que está a punto de llegar).

A mis hermanos, de los cuales me tuve que separar pronto, pero siempre a mi lado y cuidándome como el hermano pequeño que soy.

Y, sin ninguna duda, a las 2 personas culpables de encontrarme escribiendo esta carta, mis padres, sólo nosotros sabemos lo duro que fue el comienzo, decisiones difíciles, miles y miles de kilómetros, tener que salir de casa… pero la recompensa ha superado con creces todo aquello.

Es hora de emprender nuevos caminos.

Eskerrik asko bihotzez guztioi,

Carlos Martínez Díez

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