Aitor Zubizarreta: “El error es parte del juego y de ellos se aprende”

Cuando un deportista reconoce que la convivencia con el error le dominaba y se da cuenta que ese camino no le lleva a ninguna parte, sólo cabe valorar la reacción positiva, algo así como una sublevación contra lo que impide ser lo que él quiere. Es ahora cuando disfruta en el desarrollo del proceso que le marca su vida como jugador de baloncesto, como correa de distribución de sus valores en la cancha y fuera de ella. Descubre lo que significa la amistad, la superación de los momentos complicados, la ansiedad por querer llegar y ver los resultados de inmediato.  Aitor Zubizarreta vuelve a Palencia, allí donde anidan parte de sus buenos recuerdos.

Retorno a Palencia. ¿Qué razones han pesado para tomar esa decisión?

Cuando estuve allí, terminé contento. Me sentí muy cómodo en la ciudad y con la gente del club. Al final, retornar a un equipo que conoces y de buenos recuerdos, es una de las razones. Era una gozada jugar todos los viernes en un pabellón lleno. Suponía un espectáculo y eso te motiva también. No sé cuándo jugaremos con público, pero estoy contento de volver  a un equipo puntero, uno de los mejores de la liga.

¿Lo dejas ahí y te olvidas de la esencia?

¡Hombre, hay también una razón deportiva!. Me ha atraído que el entrenador sea Arturo Álvarez. Me han hablado mucho de él. Le conocía. Es muy buen entrenador, sobre todo con jugadores jóvenes. Esa es también una razón que ha pesado mucho en la decisión final.

Llegas después de una experiencia en Cáceres ¿Qué ha significado para ti?

La experiencia ha sido estupenda. Un gran año como equipo e individualmente he dado un paso adelante en mi carrera. Me transmitieron mucha confianza desde el primer día y el equipo estaba instalado en una dinámica muy buena. Ocupábamos puestos del play-off. Habíamos conseguido enganchar a la afición porque la temporada estaba siendo muy buena. Lo pasábamos muy bien hasta que se suspendió la liga. Es una pena. Son cosas que pasan y no queda otra que seguir.

De aquel chico que volvió de la universidad americana al jugador de hoy ¿existen muchas diferencias en lo físico, en lo técnico-táctico y en lo mental?

Chico diferente en todo. Cambié mucho en los cuatro años que estuve en Estados Unidos, desde los 18 hasta los 22. Aprendes muchas cosas, diferentes experiencias. Estos tres años que he competido como profesional, antes de afrontar el cuarto en Palencia, vas aprendiendo cosas y sobre todo lo estoy notando en lo mental. Antes frente a un error era muy duro conmigo mismo. No los aceptaba, me afectaba mucho y lo pasaba mal. Ahora sé que el error es parte del juego y debes estar preparado ante los  fallos, porque de los errores se aprende. Eso es lo que he cambiado y en estos tres años he aprendido de los demás, de jugadores, por ejemplo, como Ricardo Uriz. Te fijas en ellos, y coges cosas todos los días.

No sé si se llama competencia entre dos o complemento. Vas a coincidir con Dani Rodríguez en la dirección del equipo. A priori, cuáles son tus sensaciones.

¡Competencia con Dani para nada! Al final compites todos los días en los entrenos, pero no solo con Dani, sino con otros jugadores del equipo. Creo que somos complementarios en el juego. Él es un jugador veterano, uno de los mejores bases de la liga, si no el mejor. Hacemos una pareja muy interesante porque él controla muy bien el juego, es tranquilo, con pausa. Soy el contrapunto. Entro a cambiar el ritmo. Aporto más juventud y más físico, más intensidad y más defensa. Creo que somos diferentes y según van las cosas en cada partido, se necesita un estilo u otro. Hacemos una pareja muy, muy buena.

Un base puede ser de muchas maneras, o responder a diferentes parámetros. Los que aceleran, los que dan calma, los que miran al aro, los que no lo hacen, los que persiguen en zona o en marca individual…¿Cuál es el perfil que más te gusta y en el que te ves reflejado?

Hay muchos tipos de bases. Me centro en que los jugadores que están jugando  conmigo se encuentren a gustos y tengan confianza en mí. Les intento transmitir seguridad. Elegimos jugadas, que mandamos Dani, yo y el entrenador. Eres casi un técnico en la pista y debes ir un poco por delante de los demás para decidir cosas. Eso es lo que intento, que estén cómodos y confianza, para que los cinco en pista funcionemos bien. Soy un base físico que puedo jugar de escolta y eso me ayuda. Si tengo que compartir pista con Dani, tendré que hacerlo.

De vez en cuando te paras a reflexionar y le das vueltas a las cosas. ¿Tienes la sensación de haber ido muy deprisa por llegar antes?

No sé qué decirte. Quieres ver resultados cuanto antes. Si es cierto que en Estados Unidos era más impaciente que ahora. Quieres ver cuanto antes el premio por el que peleas. Estos últimos años en cambio trato de disfrutar del proceso, de los días duros, buenos o malos, de los entrenos, de afrontar retos, pensando en lo positivo del equipo. Los resultados llegarán. La felicidad no está solo en los resultados, sino en el desarrollo. Intento disfrutar de ello, porque si sólo te planteas resultados, parece complicado vivir así, dependiendo sólo de ellos.

Todas las virtudes de Aitor, sus prestaciones en la cancha, ¿han llegado a su techo o existe margen de mejora?

Me queda mucho por mejorar, sinceramente. Para nada he llegado al máximo potencial que tengo. Al final, no me paro a pensar hasta dónde puedo llegar o hasta dónde quiero llegar. Lo que quiero es trabajar para ser un jugador mejor y disfrutar del proceso para conseguirlo. En eso estoy. Tengo margen de mejora y no sé cuándo llegaré a ese techo del que me hablas, pero siempre tenemos algo en lo que mejorar.

Existen entrenadores que se adaptan a los jugadores y viceversa. ¿Qué es lo que más te gusta de un entrenador?

Hay diferentes situaciones. A veces les toca adaptarse a unos, y a veces, a otros. Me gusta que sean sinceros, honestos, para poder conversar y afrontar lo que viene. Es importante la buena comunicación y confianza. Que transmitan claro el mensaje que quieren hacer llegar. Me gusta preguntar cosas, pedir ayuda y hablar con ellos. Que seamos sinceros los dos para poder ayudar. Son prioritarias la confianza y la buena comunicación.

El nuevo técnico es Arturo Álvarez. ¿Has hablado con él? ¿Le conoces? ¿Te gustan los entrenadores exigentes y que aprieten?

He hablado con él antes de fichar, como es habitual en estos casos. El objetivo es que te explique el proyecto y lo que quiere de mí. Lo mismo que las expectativas que tiene de mí, lo que espera. Son cosas entre el entrenador y jugador.

Le conozco desde pequeño. Iba al campus de verano de baloncesto y era uno de los entrenadores. Me gustan los técnicos que aprietan, los exigentes. Mi padre ha sido mi entrenador de vida y mi entrenador de baloncesto y ha sido  muy exigente conmigo y así es como he crecido. Me gusta que lo sean.

El curso pasado el equipo estuvo muy bien situado. Llegó el virus y se paró todo. A esta hora, ni ascensos, ni descensos. ¿Cómo viviste aquella situación?

Íbamos muy bien. Estábamos en una situación estupenda en la segunda vuelta, con seis victorias en siete partidos. Luego nos informaron de todo, del aplazamiento de los partidos y de la suspensión de la liga. Es una pena, porque había mucho trabajo detrás, porque no nos llegó la recompensa. No supimos hasta dónde íbamos s ser capaces de llegar. ¿Cuál era nuestro límite? ¿Podíamos hacer algo mucho mejor? En los play-off podíamos ser la sorpresa, pero no lo sabremos nunca.

En marzo cumpliste 25 años y da la sensación de que tengas muchos más. Has vivido tantas experiencias desde que saliste de casa, de tu Azpeitia, de tu Iraurgi…

Cuando salí de casa con 18 años. Los cuatro siguiente viví en dos universidades. Ahora voy a por la cuarta temporada profesional. Conoces mucha gente, aprendes muchas cosas, vives experiencias, te relacionas con entrenadores. Cada uno de ellos es un mundo. Siempre sacas algo de ellos, lo mismo que de cada compañero. Lo mejor que estoy viviendo, lo más gratificante, son las amistades que estoy haciendo. Nunca imaginé que uno de mis mejores amigos podía ser un chico de San Diego que está trabajando allí.

Más allá de las decisiones que se pueden adoptar, el curso próximo se amplía la liga (18 equipos) Gipuzkoa Basket, Valladolid (patrocinado por el club de fútbol), Coruña, Cáceres, Granada, Huesca, Palma… muchos gallos en el corral, además del vuestro. Guerra sin cuartel.

La Leb Oro es una liga muy dura. Hay equipos, por ejemplo, como el Cáceres que hace dos años, a un partido, se salvaron y no bajaron. Y este año, ese mismo equipo hace un temporadón. Estaba en los play-off con la posibilidad de ascender. Puede pasar cualquier cosa y eso es lo bonito de la liga. Siempre hay equipos punteros. Breogán, Coruña, Alicante, Girona están haciendo equipazos y espero que Palencia esté ahí, peleando con los de arriba que es lo que deberíamos hacer.

Poco antes de que se detuviera la competición sufriste una rotura parcial del cartílago del hombro. El tiempo corrió a tu favor. Nadie compitió más y pudiste hacer una recuperación en condiciones…

Jugando contra el Mallorca se me salió el hombro y en ese momento lo metí yo mismo. Parecía que no era nada, pero no mejoraba y recurrimos a especialistas. Convinieron que no era necesario operarme. El plan era recuperarme para llegar a los play-off en condiciones. Se trataba de seguir el plan con tranquilidad para cuando llegara el momento estar a disposición del entrenador. Llego el virus y se paró todo. En relación con el equipo, sólo perdí dos partidos. El que me lesioné y el siguiente. Pasó todo lo que se sabe y se suspendió el campeonato. Con más paciencia, seguí la recuperación. Hoy estoy perfectamente, sin problemas, entrenando en Azpeitia un 5×5 con gente de aquí y preparado para empezar de nuevo.

Las sudadas sobre el parquet son diarias, porque se trata de llegar al punto de partida en la mejor condición posible. No vuelve a Palencia por casualidad, sino por convicción de las dos partes. Eso conlleva dar respuesta positiva a la confianza depositada. Nunca es fácil. Seguirá “el proceso”, ese que le llevará hasta el punto más alto de la experiencia. Apartados los miedos y las inseguridades, el paso hacia la madurez y la consolidación como jugador profesional se cimenta sobre la pisada de un pie que se acerca al 50.  No le pararán ni las gélidas aguas del Carrión, ni los malos pensamientos, esos que se enamoran de las dudas.

 

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