Odegaard

Tratar de entender a los grandes clubes en cualquier deporte roza lo utópico. En fútbol, mucho más, Y si hablamos de Barcelona, Real Madrid, todavía más.

Martin Odegaard es un futbolista de comportamiento ejemplar. Nadie en la Real Sociedad te dirá nada malo de él, porque es un profesional como la copa de un pino. Y además, persona agradecida. No es de mucho hablar, pero sabe mejor que nadie, cómo le han tratado aquí, lo que ha significado este club en su carrera y el valor de un vestuario que le arropó desde el primer minuto.

Los clubes llegaron a un acuerdo para que el futbolista noruego recalara a orillas de La Concha durante dos temporadas. La pasada y la próxima. En principio, no parecía que existieran dudas, aunque se entiende que en los contratos de cesión hay mucha letra pequeña y que en las cláusulas puede existir la posibilidad de recuperarlo antes de que concluya el tiempo de cesión.

El fracaso monumental en Champions y la liga ganada de aquella manera, con el peor Barça de muchos años como principal rival y con el VAR haciendo chiribitas,  determinan reflexión y decisiones. Obviamente, la palabra del entrenador pesa.

No manejo tanta información como para saber si Zidane ha hablado con el jugador para explicarle y convencerle. Lo que conozco de sobra es que cuando un futbolista acelera procesos, por muy bueno que sea, puede pegarse un tortazo en el camino. Si Odegaard. amueblado hasta el techo, defendía permanecer en la Real es porque sabe de sobra que es un lugar idóneo para crecer, madurar y fortalecerse antes de dar el paso definitivo. Hasta diciembre no cumple 22 años.

Ni le ciega el dinero, ni el oropel de los éxitos que llegarán a su vida cuando sea el momento. El camino está plagado de desencuentros, que no me atrevo a llamar fracasos. No hay que irse muy lejos para comprobarlo. De la ilusión del gran fichaje al fiasco posterior hay muy poco tramo.

Martintxo se ha portado no de «10», sino de «21». Otro en su lugar se hubiera bajado del barco hace mucho, porque está lesionado. Hablaron todos. Le cuidaron y protegieron hasta donde fue necesario, porque su concurso era vital para conseguir un objetivo del que es parte importante. ¡Europa a sus pies y a su zurda!. Todo pertenece a un guión que se ha escrito sobre la marcha y que la Real ha valorado en la confirmación de su adiós: «Es difícil calar tanto en tan poco tiempo, te deseamos lo mejor. Eskerrik asko, Martintxo»

Serio y alegre al mismo tiempo, aguanta las bromas de sus compañeros y es feliz en la relación con ellos, con los jóvenes y veteranos. No va de estrella por la vida. Y ese vestuario le encanta. Echará mucho en falta a Isak, su amigo del alma.

Se va y es una pena, porque más allá de su gran capacidad como futbolista (nadie lo discute) cambia el Cantábrico por El Retiro, el Urumea por el Manzanares, la txuleta por el cocido, sus compañeros actuales por los futuros, uno de Orio por otro de La Castellane, la tranquilidad de poder pasear tranquilamente por la burbuja del aislamiento. Sinceramente, ¡No hay color!

En la despedida como jugador txuriurdin ha plasmado tres ideas:

-No olvidaré todo este cariño

-Me habéis hecho sentir un canterano más

-Aquí tenéis un txuri urdin para siempre

Ahora, a la dirección deportiva le toca reinventarse. Siempre pasan cosas, esperadas o no. Estamos ante una temporada muy fuerte y exigente con un montón de partidos y competiciones (La liga, La Copa de ayer, la de mañana, la Supercopa, la Europa League…) No es moco de pavo.Ante todo, calma.

 

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