Odei Jainaga: “Estuve dos años en la oscuridad, yo sé lo que he sufrido”

No hace muchas semanas, Odei Jainaga recuperó el record estatal en lanzamiento de jabalina. Fue en León, se llevaba las manos a la cara siguiendo  el vuelo de una jabalina que se clavó en 81.90 metros. Estaba exultante. Pocos días después pulveriza su propia marca y la pone en 84.10, casi tres metros más. ¡Un marcón!. Odei se sincera y reconoce los malos momentos vividos. Hoy, la historia es diferente. Es feliz como muchas personas de su entorno.Entre ellas, su madre, Cristina Larrea, que fue una excelente competidora en la misma especialidad en la que se proclamó tres veces campeona estatal en la década de los 90. Odei Jainaga es un volcán en erupción, una tormenta desatada que está cerca de terminar sus estudios de magisterio. Acaba, como quien dice, de pasar a la historia del deporte, con otro record. Quiere más, mucho más. Sólo el tiempo dirá dónde está el límite.

Es un récord histórico de 81.90, ¿Qué hay detrás de esa cifra?

 –Mucho tiempo de sacrificio. El número, el lanzamiento, lleva mucha historia por detrás. Es la suma de muchos entrenamientos, de momentos buenos y malos. Con este número he vuelto a salir a la luz, cuando había estado en la oscuridad durante dos años, después de la grave lesión del codo y de haber desaparecido del mapa prácticamente.

Son números como de recompensa. Estoy contento por haber lanzado esa distancia. Es una muestra del trabajo de tanto tiempo. Estos dos años he estado trabajando más duro que nunca, porque mi cuerpo me lo ha permitido. Me estoy haciendo adulto, me estoy poniendo más fuerte. Paso por un buen momento de mi vida y hay que aprovecharlo y reflejarlo en la competición.

Al final he podido lanzar a la vuelta del confinamiento. Días de 78 metros, 80, 81…La marca de 81.90 está guay porque vuelvo a ver que tengo un buen nivel. Era lo que buscaba. Alcanzar el record de España era el objetivo.

Te citas en Vallehermoso y por poco sacas la jabalina del estadio. Casi tres metros más. Rompes tu propio record

-Empecé calentando bien. Después del tercer lanzamiento iba enchufado. Técnicamente no lo estaba haciendo muy bien. En el cuarto tiro acelero la marcha, entro más rápido. De repente, sale el lanzamiento y va volando. El aire voltea la jabalina, gira para abajo y empieza a caer. Echo un par de insultos, me enfado porque no me planea nada. Me giro y de repente escucho a la gente aplaudir. Uff he hecho record. Pensé ¡82!. Ha pasado la línea por poco. Como estás tan lejos no se aprecia. Voy hacia la parte de atrás y mis compañeros…¡Odei, Odei, felicidades!. ¿Pero qué pasa? ¡84!. Qué bien. me dio una alegría. Es una cifra considerable, afincarse por encima de los 80. Se ve que estoy capacitado para ello. Un premio al sacrificio. De metros, ya estoy contento.

Tu entrenador, en plan jocoso, te hablaba de que era mejor un 91.80 que el record establecido. Se trata de mover las cifras…

 -Hablar de 90 metros es hablar de cosas serias. Es otro nivel, otro cuento al que no llega cualquiera. Ahí entran muchos factores, Solo están al alcance de unos pocos afortunados. Intentar lo intentamos todos, pero sólo llegan unos pocos.

Me quité la espina, rompí esa barrera, volvía a conseguir el record. Me quedé más tranquilo. A partir de ahora las competiciones se llevan de otra manera, más relajadas, sin tanta presión y creo que eso me va a beneficiar.

Yo solo sé lo que he sufrido, al igual que mi familia. Estar arriba del todo y luego abajo abajo es una situación que genera impotencia, por culpa de una lesión. Al final, lo superas. Con esto he visto que, poco a poco, se da la vuelta a las cosas y que el tiempo es muy importante para todo. Es necesario para cambiar las cosas. Se tarda bastante, toca ser paciente, saber esperar y ser constante.

 Hablamos del entrenador, la persona que te marca el camino, el que trata de obtener tu mejor versión como atleta…

 -El trabajo de Josean Feijóo está ahí. Si no fuera por eso, estaría perdidísimo. Creo que hemos hecho un buen trabajo hasta ahora. Desde jovencito en este proceso de formación, tuvimos la desgracia de la lesión, pero hemos seguido esperanzados. Ahora el trabajo y la espera nos están dando su recompensa. A ver hasta dónde podemos llegar

Cuando consigues la marca en las pistas de León, hace poco tiempo (81.90) ¿Qué fue lo primero que llegó a tu cabeza y cuál fue tu reacción? ¿En quién y en qué pensaste?

-Me saco una espina. No pienso en nada, siento una relajación. Lancé, Sabía que era un buen tiro. Sentía la curiosidad por ver hasta dónde llegaría la jabalina. Mientras la veía volar iba dando pasitos hacia atrás. Cuando miro a los jueces por donde está el metro, “Son 82, son 82” le decía al entrenador. Objetivo hecho. Estaba contento. He vuelto al record y eso me da más esperanza para las tres competiciones que nos quedan. A ver si consigo rascar más metros. La reacción fue esa.

En principio no pensé en nadie. Luego, en mi familia, en la alegría que les das. Te ven sufrir. Te alegras por ellos, como ellos se alegran por ti. Es muy gratificante hacer feliz a tus seres queridos haciendo un deporte como el mío. Comprobar que la familia y los amigos están contentos, al final, me llena.

¿Te obsesionaba llegar a ser el recordman estatal en jabalina? Horas y horas de trabajo esperando el momento…

 -No era obsesión. Era algo que me apetecía y que creía que podía hacerlo. Las obsesiones son malas y normalmente se vuelven en contra de ti. En el momento que tenía el record y me lo quitaron estaba lesionado y no podía competir. Estaba sufriendo uno de los peores momentos de mi etapa deportiva. Desde lo más alto, hasta desaparecer. En este camino, me he ido construyendo como atleta. Podía lanzar hasta donde podía. Por eso, como te he dicho, me he podido quitar una espina. La tenía clavada. La gente te lo recuerda  y te pregunta ¿el récord para cuándo?. Creen en ti, tienen esperanzas. Conseguirlo entraba dentro de mis capacidades. Al final, lo he hecho. Tanto trabajo y tanto entrenamiento ha servido para algo. ¡Un metro de mejora!. Se agradece  volver a un nivel competitivo alto.

Llegados a este punto, ¿qué te planteas en el horizonte más inmediato a corto y medio plazo?

 –Afincarme por encima de los 80 sería un buen objetivo, una buena señal, porque me permitiría hacer lanzamientos más largos. A corto y medio plazo, intentar terminar del mejor modo posible. Me gustaría poder rascar algún metro, pero ahora toca disfrutar de los campeonatos, del ambiente, estar con la gente.

A medio plazo, la cita olímpica de Tokio del año que viene. Prepararme para poder alcanzar esa posibilidad. Sé que debo pelear por acudir. Soy capaz y creo que puedo hacerlo. Ya se verá. El año que viene nos podemos ver allí. Estaría bien, porque después de tanto sufrimiento estos años sería un premio al esfuerzo, una buena recompensa.

Cumplidos los 22 años, se intuye un margen de mejora. ¿En lo físico o en lo técnico? 

En efecto, tengo 22 años y tiempo por delante para ponerme más fuerte en lo físico. Hay bastante en lo que progresar, en la técnica sobre todo. Cuanto más voy mejorando la técnica, me doy cuenta de lo difícil que es lanzar bien. Ves vídeos de los profesionales, de la gente buena y te preguntas cómo lo hacen Algunos son muy hábiles. Si te fijas por ejemplo en el checo Jan Zelezny es una absoluta locura. Estableció el record del mundo en 1996 con un lanzamiento de 98, 48 metros, un campo de fútbol entero. Ahí sigue vigente la marca casi 25 años después. Espero estar diez años dando guerra subiendo mis marcas hasta donde sea posible.

Seguro que después de esta conquista, has oído hablar de los JJ.OO. de Tokio 2021, tú mismo te acabas de referir a ellos. ¿Cantos de sirena o posibilidades reales?

-Son un objetivo sin duda. Lo tenía antes en mente del récord y ahora más. Es un objetivo ambicioso. Me gustan los objetivos ambiciosos, porque los fáciles me parecen una tontería. Hay que ponerlos altos para luchar por ellos. El listón debe estar siempre alto, porque si está bajo lo pasas y ya está. Tokio sería un premio al esfuerzo y dedicación y podrían ser mis primeros juegos aunque sólo sea para poder decir que he compartido la experiencia más que nada. ¡Sería guay!

Las siguientes citas en París y Los Ángeles me vendrían mejor, porque me pillan con 26 y 30 años respectivamente y en ellos en teoría estás para poder competir realmente. Mirando la edad serían más adecuados en el progreso deportivo y en mi formación personal. Me vendrían mejor que los de Tokio, pero estos para ir cogiendo experiencia son clave y además nos permitirían vivir un momento inolvidable como deportista.

Haces atletismo, en concreto una modalidad muy específica que pocos la intentan. Desde tu perspectiva, seguro que dispones de un punto de vista respecto de otros deportistas…

De un deportista valoro que sea una persona normal y corriente. Valoro el esfuerzo porque el deporte requiere sacrificio y esfuerzo. Es lo básico. Luego, a los que logran mejores resultados se les valora mejor, pero es injusto porque entran las condiciones de cada uno (genética). La constancia es otra virtud que debe acompañar cualquier trayectoria. Si no eres constante, no llegas a conseguir nada. Hay que seguir y seguir y no parar. Cuando paras, has terminado tu carrera deportiva. Te puedes retirar tranquilo y hacer otras cosas que el mundo no es solo deporte.

Odei camina con paso firme. Sabe de sobra lo que ha sufrido para llegar hasta aquí. Otros hubieran tirado la toalla. Defiende la actitud y la constancia. Con 22 años dispone de margen de mejora y quiero conocer hasta dónde es capaz de llegar. En los ratos libres, cogerá una caña de pescar truchas, con cucharilla o mosca. Beberá un Nesquik con leche fría (le encanta). En la residencia en la que convive con otros deportistas sabe que le escucharán cuando necesite compartir un tema personal. Cuando llama a la puerta de al lado, siempre se abre.

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