Saint Martin d’Odegaard

Después de tres semanas viendo corredores por los caminos franceses y disfrutando de las pasionales vistas del helicóptero que enseña imágenes, paisajes, conventos y catedrales, ríos y montañas, palacios y ruinas, decido quedarme con los nombres de pequeñas poblaciones, pueblitos diseminados que sienten orgullo. Por ejemplo, cuatro casas, una pequeña iglesia, rematada con esbelta aguja y una denominación del lugar que no tiene desperdicio. Sin ir más lejos, los corredores pasaron ayer por Les Alluets-le Roi y por Saint Nom-La-Breteche antes de disfrutar de los Jardines de Luxemburgo. ¡Qué pasada!

En cualquiera de las etapas hubiera sido fácil rotular una población humilde y recogida que atendiera por Saint Martin d’Odegaard. Probablemente, hubiera colado. Como estoy como un cencerro, se me va la pinza imaginando cosas y me mido poco, decidí elegir ese título para este beaterio. No voy a decir que en honor al futbolista noruego, pero sí en reconocimiento a su paso por este territorio. Para que no se nos olvidara, Zidane nos lo restregó ayer como lija sobre herida. ¡Hala, titular para que no faltara de nada!.

Pocas veces nos encontraremos un jugador tan recogido, tan silencioso, tan querido en el vestuario, tan reconocido por los aficionados. Un año, sin una mala palabra, sin un mal gesto. Comprometido al máximo, dándolo todo aun a riesgo de sufrir menoscabo y lesionarse. Poco cabe censurarle. Cuando se conoció que Zizou lo quería, pese a que todos dábamos por hecho que se quedaba una temporada, la familia txuriurdin se llevó un disgusto. No ocultó su desazón y las redes sociales se volcaron en elogios, reconociendo públicamente cariño, agradecimiento y, por supuesto, pleitesía al juego, a la donosura de su pierna izquierda y a los hermosos partidos que disputó.

Sumida la feligresía en desencanto, pronto cambiaron las tornas. La llegada de David Silva fue un aldabonazo en toda regla. Heredaba el “21”. La reacción de los dirigentes realistas fue una cuchipanda para todos. A estas alturas nadie va a dudar del valor del jugador canario, en el que están puestas todas las miradas. Dispone de un historial imponente al alcance de pocos profesionales del fútbol. A él nos encomendamos, siempre y cuando no le salpiquen los virus, las pandemias, los pcr y demás componentes del protocolo al que estamos sometidos.

Odegaard y Silva son muy diferentes. Uno dispone por delante de mucho tiempo para colmar una carrera de experiencias, que el otro ya ha completado y cuenta en su haber. Lo que dé a partir de ahora es valor añadido. Los dos, en cambio, coinciden en elegir este club para competir. Los valores intangibles que van más allá del dinero. Hay sitio para todos, incluso para los más jóvenes que cuentan con Imanol como su principal aliado. Es un idilio en toda regla. Pocos técnicos se hubieran atrevido ayer a decidir una alineación con tanto pimpollo. Que el mayor de todos los titulares fuera Portu (28 años) marca tendencia y valentía. Eso, siendo virtud, puede conllevar falta de poso para afrontar lo que el rival propone. Si es un equipo del calado del madridista, máximo nivel de concentración.

Sinceramente, llegar al descanso con tablas en el marcador lo di por muy bueno, porque el dominio visitante (eso me pareció) a veces arrollaba. La Real aguantó el temporal. Tras el descanso, escampó y el encuentro sin ser una locura de amor tranquilizó. Fue el momento de los cambios en unos y otros, la aparición de futbolistas casi desconocidos y el pacto final de no agresión para llegar al pitido final con el empate inicial. Quizás en el segundo periodo el equipo mereció un premio mejor, sobre todo al final cuando las fuerzas flaqueaban. El pan nuestro de cada día y de postre un nuevo patrocinador “Iqoniq”, algo así como un paso al frente en las relaciones del club y sus seguidores. Precisamente, esa legión de miles que sigue sin poder sentarse en la grada y alentar a los suyos en los momentos de flaqueza. A veces no queda otra que encomendarse a un santo que de nombre a un pueblito francés.

APUNTE FINAL: He oído una y mil veces que los deportistas jóvenes no están preparados para la alta competición hasta que alcanzan una edad. Ayer, Tadej Pogacar ganó el Tour con 21 años. Hoy cumple 22. ¡Zorionak!. Ahora ponte a defender la tesis de la madurez y esas milongas a las que se aferran tantas veces quienes deben tomar decisiones y conceder oportunidades. La que tuvo ayer otro debutante con el “37” a la espalda. Cuatro minutos para Urko González de Zárate, un piscis de 19 años. ¡Ai ene!

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