Cuando Ezkaray entra en el programa

El mundo de la pelota a mano está convulso y convive con distintos frentes abiertos. Complicados y difíciles de gestionar. Un amplio sector de los pelotaris de la empresa Baiko están muy alejados de las tesis y comportamientos de sus gestores. Esgrimen las razones de su disidencia y deciden ir a la huelga. Nadie ha sido capaz de evitarla. Las posturas frontales no han encontrado un punto de orden y en esas estamos. Como, por lo general, los pelotaris profesionales son pocos y bien avenidos, por solidaridad, los jugadores de la otra empresa (Aspe), que no tienen problemas con sus rectores, deciden no acudir a los festivales que organice Baiko, a la que, a día de hoy, le quedan cinco pelotaris disponibles que no secundan la huelga.

Así, las cosas este sábado debía disputarse la tercera jornada de las semifinales del Campeonato de Mano por Parejas. El partido era decisivo porque quienes ganaran acudían a la final. Por una parte, Ezkurdia-Martija y por la otra Asier Agirre y Jon Ander Albisu. Estos dos últimos, en principio, no se presentarán a la cita del frontón de Bilbao puesto que forman parte de los pelotaris en huelga. Tampoco lo hará Julen Martija, positivo por coronavirus, aislado en su domicilio, al que sustituye Iñigo Bikuña. Estos llegarán dispuestos a jugar el partido y se supone que les darán la victoria por incomparecencia de sus rivales.

Donde están puestos los ojos es en Ezkaray. Allí se disputa un estelar «de damnificados», ya que se enfrentan cuatro jugadores a los que Baiko decidió no renovar sus contratos, que es una de las razones de la huelga solidaria de quince compañeros.

Víctor Esteban y Iosu Eskiroz se medirán a Unai Laso y Jon Mariezkurrena a quienes apoya el ayuntamiento de la localidad, organizador del evento. Será un encuentro con la emoción a flor de piel. No estarán solos, ya que sus compañeros, solidarios por su situación, anuncian que acudirán al frontón San Lorenzo de la población riojana para arroparles.

El momento es muy complicado. Las partes afectadas por el conflicto tensan la cuerda y mientras la soga aguante «habrá partido». Seguro que las dos partes en litigio creen que se romperá por la otra parte y que se impondrán sus voluntades. Es una decisión de riesgo y de consecuencias incalculables. A día de hoy, el panorama apunta a desolador, porque es un palo para el deporte y para los pelotazales que asisten atónitos a la realidad que les cuentan.

 

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