La corbata azul

Como no he estado nunca en Rijeka no os puedo recomendar restaurantes. Es una pena. Sin embargo, como uno suma más años que las famosas yemas del canónigo de Burgos, tan ricas y dulces ellas, os relato un pasaje de 1998. Es decir, veintidós años atrás. Roberto Olabe era portero del primer equipo y en su camiseta lucía el “25”. Ha llovido tanto y han sucedido tantas cosas que hoy, viéndole al frente de la gestión deportiva de la Real, tan serio, tan firme en sus convicciones, tan convencido del proyecto que defiende, entiendes que los caminos y vericuetos de la vida dan una y mil vueltas.

Estábamos concentrados en un hotel de Castellón, la víspera de jugar en Villarreal. No volvíamos a casa, porque, seguido, viajábamos a Moscú. Una expedición en toda regla, con vuelo chárter para jugadores, técnicos, enviados especiales y aficionados. Normalmente, la mayoría vestíamos corbata porque formábamos parte del grupo oficial. Al verme en el aeropuerto con la que elegí para el desplazamiento, algunos jugadores me metieron unas gomitas, con bastante coña por cierto. Supongo que era floreada y con alegres colores, pero no me acuerdo bien. Por allí andaban, tocándome las maracas, los Antía, Gracia, Sa Pinto, De Paula, Idiakez…y el actual DF. Era sábado. La tarde libre y, como sucedía entonces, los jugadores disponían de tiempo para salir a la calle y darse una vuelta libremente.

A la hora de la cena, cuando coincidimos en el hall del hotel, Roberto Olabe vino con un paquete pequeño. “Toma, para que te la cambies”. Subí a la habitación, abrí el envoltorio y allí había una corbata azul marino, seria, discreta y elegante. No me la quité de encima ni en ese viaje, ni en muchos posteriores. Hasta tal punto que aún la guardo. Que un futbolista le regale algo a un informador es un milagro mayor que los de Fátima o Lourdes. Y viceversa.

Por eso, ahora, cuando comparece en rueda de prensa para decir que “no queremos que estar en Europa sea ir a un parque de atracciones al que se viaja y se sacan fotos. No vamos a visitar el Adriático, a comer pizza o a conocer los canales de Ámsterdam» sonrío y recuerdo el pasaje que os acabo de relatar.

Eran desplazamientos espectaculares. Viajaban muchos aficionados que seguro están ahora con un disgusto del copón. Visitábamos todo lo que nos daba tiempo a ver, conocías seguidores fieles de todo el territorio y se reforzaba la fidelidad a la marca txuriurdin. Eran oportunidades impagables para entender el sentimiento de la afición por su equipo. Ayer, viendo las gradas vacías, ausentes los partisanos de la Real, brujuleó esa idea, siempre discutible, de que cualquier tiempo pasado fue mejor. En aquel doble desplazamiento, las cosas no fueron mal. Empate en Villarreal (1-1) con dos expulsados. Pitaba Puentes Leira y enseñó la roja a Sa Pinto y a Mikel Antía. Luego, en Moscú, triunfo (2-3), con Darko Kovacevic protagonizando un doblete y Javi de Pedro logrando marcar el penalti que decretó el suizo Dieter Schoch. Lo que son las cosas, en el submarino jugaba entonces Imanol, lo mismo que Gerardo y Gica. Estas fichas técnicas, como os podéis imaginar, las apunto en un cuaderno cuando pasan. Por mucha memoria de la que presumas, es imposible acordarse.

Del partido de ayer anotaré que un chaval subió, por un día, al Olimpo con un gol que nos trajo la alegría a raudales. Jon Bautista es un futbolista que había cumplido tres años cuando sucedió lo que os cuento. Celebro infinito que sea él quien con su remate ocupe hoy los titulares de prensa. Persona humilde, buena gente, que jamás ha dicho una palabra más alta que otra y que ayer sintió el “abrazo de gol” de todos sus compañeros que le hicieron piña.

No sé si es bueno o malo, si da el nivel para estar en la plantilla. Lo único real es que cuenta con la confianza del técnico que le sacó al campo cuando quedaba poco y aquello aromaba a empate con postes y palos. Supongo que se emocionaron él, su gente, su entorno, los que le defienden y miles de seguidores del territorio. Y supongo también quienes decidieron ofrecerle una renovación hasta 2023 que aceptó, aunque le tocara salir camino de Bélgica. Hoy, en casa, marca un gol decisivo, más aún después de la victoria del AZ Alkmaar en Nápoles. Apunta a grupo con muchas incógnitas donde los aciertos decidirán y los fallos penalizarán. Para empezar, los dos visitantes se llevaron los puntos en este grupo que nos toca.

Nos hubiera sabido a muy poco un empate sin goles, porque ocasiones hubo suficientes para haber decantado el partido antes de los minutos de prolongación. Como comentó el técnico, no era un partido fácil. Posiblemente, no se refería sólo al rival, sino a las dimensiones del estadio, a la presencia del público en las gradas, a la inexperiencia de algunos debutantes, al estado del césped y a la fortuna. Por si acaso, antes de tirarme en el sofá de casa a ver el partido, busqué y encontré en un cajón la referida corbata. Hice el nudo cómodo, la situé en su sitio y vi el partido con cierto aroma a naftalina, tratando de que la buena suerte nos acompañara. A esta hora, está de nuevo en el cajón, sin perder un átimo de su estigma

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