Me cuesta tanto olvidarte…

Soy de Mecano. Disfrutaba con sus canciones e, incluso, acudí a un musical en Barcelona con ellos de protagonistas en el recorrido de letras y músicas apasionantes. Las aprendí y las tarareé. Sobre todas destaco una, la que elijo para titular este comentario. Viene como anillo al dedo, ahora que hemos ido a Cádiz, para volver a ganar, después de tantos años en los que es imposible olvidarse de aquella jornada en la Tacita de Plata. Un 5 de junio, a las seis de la tarde, apretando el calor y zumbando el sol de lo lindo a la gran mayoría de seguidores, felices y emocionados, que se encontraban delante de nuestra cabina de transmisión.

Le decía esta semana a un jugador del equipo realista que, cuando llegara al césped, mirara hacia lo alto, buscase el lugar en el que se sitúan las emisoras de radio y llenase, virtualmente, las gradas de aficionados blanquiazules. Que hiciera un esfuerzo por imaginar la algarabía. Estaban allí, disfrutando con los goles de Carlos Bueno, con la muy cercana posibilidad del ascenso y con una alegría inconmensurable, después de tres años de duelos y quebrantos. No se puede comprar con dinero la imagen de la fiel hinchada txuriurdin derramando felicidad a raudales. Han pasado diez años y es imposible no recordar el momento vivido. ¡Imposible!. Guardo las imágenes en la retina y las emociones y sentimientos en el corazón, como si hubieran sucedido hace un cuarto de hora. Tanto cariño.

Mikel Labaka y Jon Ansotegi, adscritos hoy al trabajo del primer equipo, fueron protagonistas aquella tarde y seguro que, al llegar ayer al vestuario del Carranza, sintieron algo que les salió de las entrañas, muy difícil de definir. Aquel grupo de profesionales puso la piedra angular de un proyecto que nos ha traído hasta aquí. Como declaraba, esta semana, el bueno de Bueno, “allí empezó todo”. Con casi los mismos directivos, muchos técnicos y otros jugadores que, o se acaban de retirar, o siguen al pie del cañón. Aún dan coletazos los Dani Estrada, Alberto de la Bella, Asier Riesgo, Mikel González, Javi Mandaluniz, Antoine Griezmann…

Jugando contra el mismo equipo, en el mismo escenario, pero en Primera División, el partido de ayer no se asemejaba en nada al de hace una década. Los perfiles de los clubes, los recursos, han cambiado tanto que cualquier parecido con aquella realidad es mera coincidencia. Casi casi, y sin casi, ni el color ni el diseño de las camisetas. Ni la grada, claro. Ese es un estadio en donde la gente va a divertirse, en donde retumban la caja, el bombo y la chirigota. En donde, como en tantos otros sitios, la afición lleva en volandas a sus futbolistas. Huérfanos de apoyo y ante un equipo superior por delante, perdieron el partido, no chutaron a puerta ni una vez y vieron ante sí una especie de ciclón creativo que marcó un gol, pero pudo hacer unos cuantos más en la línea de pasados compromisos. Aumenta la racha de victorias y se agitan los adjetivos calificativos en las crónicas y en los comentarios.

Como a Imanol le faltaban defensas centrales, pensó con buen criterio que lo mejor era contener con el balón en campo enemigo, doblegar, hasta agotarle, al contrario en su feudo y aprovechar alguna oportunidad que seguro iba a aparecer en los borbotones del fútbol ofensivo. Llegó Januzaj, que está que se sale (tengo pasión por conocer a su peluquero). Pone un centro, en parado y con el interior. La maestría del pase no la desaprovechó Isak para rematar de cabeza, cruzado y sin remisión para los gaditanos. Abrazos sin freno. Quizás tardó mucho en llegar el gol, pero sabían de sobra que la paciencia además de virtud es un arma que en el deporte concede réditos. Lo mismo que las sociedades de inversión, eso dicen. Se juntan Silva, Oyarzabal, Merino, Isak y compañía, se ponen a jugar y se lo pasan tetíbiris. Pero es que, salen Willian José, Portu, Guridi, Barrenetxea, Zubimendi, Guevara, o quien sea, y sigue siendo lo mismo.

Con Zubeldia cerrando el eje de la retaguardia, la eficacia de los cinco de atrás fue extraordinaria. La puerta “a cero” otra vez que es lo que les gusta. Una donosura en el toque del balón, con toda la calma del mundo. Normalmente, nos fijamos en los de delante, pero los que viven guardando la finca merecen reconocimiento. Ayer me gustó mucho Nacho Monreal, sobrio y muy eficaz. Partido completo, como el del resto de sus compañeros. Pocos peros que poner al colectivo. Estoy seguro que, si el público pudiera entrar en el estadio, la Real del Carranza no hubiera estado desasistida. Primero, por las peñas andaluzas que deben estar disfrutando como nunca; luego, por unos cuantos de los que se organizan viajes de aquí para allá y se apuntan a un bombardeo. ¡Estamos tan a gustito!

Al futbolista que le pedí la mirada hacia lo alto, le encargué también, por qué negarlo, una tableta de turrón de Cádiz, de mazapán y frutitas, si se terciaba y pillaba alguna confitería, cerca del hotel. Hace años una pastelería en la Plaza Candelaria, La Gloria, lo vendía a paladas, al igual que los pestiños. No perdía la ocasión de darme una vuelta por allí, poner los ojos haciendo chiribitas y no volver de vacío. Justo lo mismo que hizo ayer la Real. Puso al personal boca arriba, sumó tres puntos, no se volvió de vació, encabeza la clasificación del campeonato, iguala o supera el récord de victorias consecutivas en su historia y no sé cuántas cosas más.

Paso a paso, con poco tiempo para disfrutar del momento y con sendos compromisos inmediatos. ¡Vaya dos!. Un viajecito europeo a la cancha del AZ Alkmaar y la visita del Villarreal. Del primer sitio encargaré tres puntos y un buen queso y a Emery le pediré unos dátiles del rey Salomón y un bonito plato de porcelana. Ya os he dicho que se trata de hacer acopio para las navidades, sin que nos pille el toro con la despensa vacía, para poder celebrar todo lo bueno que es capaz de compartir este equipo. Con el tiempo y los años, nos va a costar mucho olvidarnos de todo lo que están logrando, en silencio, de puntillas, sin levantar la voz…, ni siquiera para interpretar canciones.

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