Jon Iglesias: “Las personas son la base de todo, las que enriquecen el vestuario”

No ocupa portadas de periódicos, ni titula las crónicas del equipo en el que juega y cree. Jon Iglesias es un arquetipo, modélico, ejemplar, que lleva Beasain, y su equipo de fútbol, por la sangre de sus venas, que mantiene vivos los sueños y que alcanza la madurez desde las experiencias vividas tanto en el mundo del deporte como en el laboral. Si te sientas con él a tomar un café, bastará con escuchar, para entender el valor, el calado, del individuo del que vas a aprender muchas cosas.

 Te lo he preguntado más de una vez, me has respondido siempre, pero me olvido…¿Por qué te llaman “Txistu”?

-A mi padre siempre le han llamado con ese seudónimo y supongo que lo he heredado de él; porque ni sé tocar el instrumento ni silbo bien. Mi padre sí que suele silbar mucho y de ahí que le llamen de esa manera.

Acabas de cumplir 30 años, de los que los diez últimos los has pasado, entre otras cosas, defendiendo la camiseta del Beasain. Una insignia de oro, un “one club men”, un compromiso con el club de tu lugar de nacimiento…

-Desde alevines he estado en la SD Beasain. Inauguramos el campo de fútbol de Igartza, he jugado en el campo de hierba natural del viejo Loinatz, en el nuevo, ahora en el de hierba artificial; he sido recogepelotas del primer equipo, formé parte de la primera plantilla de regionales desde su fundación etc. La verdad que son muchas las historias que hemos vivido juntos.

¿Alguna vez te hicieron ofertas para cambiar de aires? En caso afirmativo ¿por qué las desechaste?. En todos los casos, ¿qué supone el club para ti?

-Sí que he tenido alguna que otra opción para cambiar de equipo, pero ya sabes que la cabra siempre tira al monte. Al fin y al cabo, yo he nacido y lo he vivido todo aquí; y me siento muy feliz.

La SD Beasain me lo ha enseñado todo a nivel futbolístico. He vivido buenos y malos momentos, he crecido y me he formado como persona. Me ha dado la opción de disfrutar de una de mis pasiones cerca de los míos. Que un sábado a la tarde el mejor plan de tus padres e incluso amigos sea ir a verte y apoyarte no tiene precio.

Ha habido entrenadores que han decidido alinearte en el centro del campo, en la variante  mediapunta/extremo. Existe siempre un sitio físico y otro químico. ¿Cuál prefieres?

-Desde pequeño he jugado de centrocampista, aunque en regionales primero y en Tercera división después me ha tocado jugar de media punta o incluso de extremo. La verdad que prefiero jugar centrado en el campo más que tirado a una banda, que sea más arriba o más abajo no me importa tanto pero el físico también va imponiendo sus límites poco a poco.

La sociedad está viviendo situaciones complicadas que afectan a la salud, al trabajo, a la convivencia, al ocio, a la práctica del deporte…¿Qué has aprendido en todo este proceso?

-En mi caso, siento que mi vida ha cambiado mucho en algunos aspectos durante este último año. De primeras, me he independizado con mi novia y hemos convivido juntos toda esta situación. Decisión que seguramente se hubiera pospuesto en otras circunstancias.

Aunque suene a tópico, creo que he aprendido a valorar más las pequeñas cosas que vivíamos en el día a día y que, por desgracia, hoy día se han convertido casi en extraordinarias. Como el compartir una comida con los amigos, visitar a la familia etc.

Por suerte, la salud nos ha acompañado en todo este tiempo y en el trabajo he tenido la oportunidad de teletrabajar. En cuanto al deporte, me siento un privilegiado de poder entrenar y jugar con bastante normalidad.

Has conocido el fútbol sobre tierra y hierba, con charcos y barro. Ahora, pisas un césped artificial de nueva generación. ¿Cuesta adaptarse después de tantos años?

-He sido de los románticos del césped natural, aunque el terreno de juego no esté en perfectas condiciones creo que el olor a hierba recién cortada, los charcos, la cal… tienen otro encanto. Sin embargo, estoy encantado con el césped artificial que tenemos en Loinatz. La adaptación fue inmediata y la calidad de los entrenamientos también ha incrementado. El tener cada vez más equipos de categorías inferiores en el club unido al altísimo gasto que tiene hoy día el mantenimiento de un césped natural, hacen que cada vez más clubs opten por esta opción.

Visto desde fuera, parece que el Beasain cuenta con estupendas plantillas. Sin embargo no termináis de demostrarlo. ¿Presión añadida o ansiedad por confirmar el valor del vestuario?

-Tras los fantásticos años que vivimos con Urtzi Arrondo, hace ya más de tres años, vino un cambio generacional y tuvimos que renovar prácticamente tres cuartos de la plantilla.

Estos últimos años han pasado jugadores excepcionales por el vestuario; algunos llegaron, nos enseñaron y se marcharon y otros, en cambio, llegaron para quedarse. Lo importante es que hemos vuelto a formar un bloque sólido, manteniendo gran parte de la plantilla año tras año y llegando a conocernos mejor. Personalmente creo que este último año hemos alcanzado la madurez como equipo.

Aunque clasificatoriamente nos gustase vernos más arriba, estamos compitiendo bien en cada partido y con el formato de liga que tenemos esta temporada pienso que todavía estamos a tiempo de conseguir grandes objetivos. Y lo mejor es que todo el equipo está convencido de ello.

Esta temporada con dos subgrupos, con una remodelación en ciernes, ¿cada partido es una final? Salvo el Gernika, quizás el Pasaia, el resto marca menos diferencias y parece que cualquiera puede ganar a cualquiera…

-Como decía anteriormente, el formato que tiene la categoría esta temporada hace que para Marzo queden ya definidas las posibilidades reales por las que puede luchar cada equipo. Es por ello, que los primeros 20 partidos sean de vital importancia pero también es verdad que se mantendrá la emoción hasta el último momento para saber cuáles serán los equipos que suban y bajen de categoría definitivamente.

Lo cierto es que al estar divididos en dos grupos y reducirse el número de partidos a jugar durante esta primera fase, aumenta la necesidad de ganar partidos y sumar puntos a nivel clasificatorio. Cada partido, como bien dices, es una final y como no habrá tanta diferencia de puntos entre un equipo y otro en la segunda fase; la competitividad será máxima en todos los partidos.

Con el cambio de entrenador, con la llegada de Gordobil, ¿las cosas difieren? ¿Hay tiempo de avanzar?

-El cambio de entrenador nos pilló un poco por sorpresa. Nadie esperaba un cambio así a mitad de temporada, con pocos partidos por delante para el fin de la primera fase y con partidos por recuperar entre semana.

Sin embargo, desde el primer día Igor nos ha intentado trasmitir esa intensidad y agresividad que creo nos hacían falta. Llegó con las ideas muy claras y aunque hayamos mantenido la principal idea de juego que teníamos de intentar salir con el balón jugado, no le gusta que especulemos y quiere que terminemos las jugadas muy rápido. Quiere que seamos un equipo compacto, intenso y agresivo tanto en las pérdidas como en las transiciones.

Poco a poco y con el paso de las semanas estamos interiorizando cada vez más conceptos y mejorando en las cosas que quiere que hagamos. No es la situación ideal para que un entrenador pueda mostrar sus ideas y enseñar lo que quiere que hagamos, pero el equipo tiene la actitud y predisposición de aprender y mejorar. Y aunque estemos avanzando más lento, lo estamos haciendo con paso firme.

Después de varias temporadas con José Luis Ribera en el banquillo, cuáles son las fortalezas del grupo y dónde está el margen de mejora.

-Creo que José Luis llegó al equipo en un momento delicado, en un año de transición en el que había muchas dudas sobre cómo iba a reaccionar el equipo por la marcha de jugadores importantes.

Sin embargo, gracias al gran trabajo y esfuerzo realizados durante estos últimos años el equipo ha cogido unas señas de identidad y se siente muy cómodo con el balón. Nos hemos convertido en un equipo muy disciplinado que sabe lo que tiene que hacer en cada situación y sabe ocupar los espacios en el campo para crear superioridades y generar ocasiones para ganar el partido.

A su vez, siento que el equipo tiene que tener mayor carácter competitivo e instinto ganador para estar más arriba en la clasificación.

Eres ingeniero industrial, acabaste un máster y ahora trabajas en Ampo. ¿Supone mucho sacrificio compaginar estudios y fútbol? ¿Los lunes, cuando llegas a la empresa, los seguidores del Beasain y de otros equipos, te dan caña por el resultado? ¿Se parece en algo el mundo laboral al futbolístico?

-Me siento muy afortunado de trabajar en lo que he estudiado y poder disfrutar del fútbol al mismo tiempo. El fútbol supone una vía de escape a los problemas diarios, una forma de desconectar del día a día y liberarse con compañeros haciendo lo que más nos gusta.

Personalmente no supone ningún sacrificio porque lo que hago, lo hago a gusto. Es cierto que todos tenemos días mejores o peores; pero el día en el que suponga un sacrificio entiendo que se habrá terminado todo.

En la empresa en la que trabajo, Ampo, hay muchas personas que siguen el fútbol de cerca y siguen al Beasain también. Ahora que no pueden ir al campo a animar podría parecer que no siguen al equipo; pero te das cuenta que hay mucha más gente de la que creías la que está pendiente de los resultados y la marcha del equipo.

Aunque parezcan mundos muy dispares, tanto en el mundo laboral como en el futbolístico lo importante son las personas. Son la base de todo. Las personas son las que enriquecen un vestuario o un grupo de trabajo y lo convierten en equipo. Saber lidiar con ellas es lo que va a determinar el éxito o fracaso tanto en un partido como en un proyecto.

Ahora convives con tu pareja. Antes, con tu familia directa. Después de un partido, hablas de fútbol o tratas de desconectar. Muchas veces se desconoce la realidad de vuestra vida. Sois profesionales, aunque compitáis en categoría amateur, y no os gusta que os den la chapa…

-En mi caso la mayoría de las veces depende del resultado. Cuando se gana un partido siempre gusta más que se hable del mismo, aunque sólo sea por el gozo propio. Cuando se pierde, sin embargo, normalmente suelo estar bastante cabreado. No suelo querer que me hablen y espero a que pasen unas cuantas horas para que todo vuelva más o menos a la normalidad.

También me suele gustar analizar o hablar con algún compañero sobre el partido para intercambiar opiniones y discutir en qué hemos fallado, dónde hemos acertado y así sacar conclusiones y mejorar para la próxima.

¿El partido de tu vida del que no quieres acordarte jamás y aquel en el que sentiste un montón de emociones y alegría?

-El partido que recuerdo con más rabia es el partido de vuelta de la tercera eliminatoria de los play-offs de ascenso a Segunda B que jugamos en Gijón contra el Sporting B en 2017. Íbamos con un resultado de 2-2 y convencidos de que podíamos lograr algo bonito. Sin embargo, el árbitro se encargó de esfumar nuestras ilusiones a los cinco minutos de partido al expulsar a un jugador con tarjeta roja directa.

Aunque la alegría la siento cada vez que entreno, siempre recordaré con emoción el día de mi debut en Tercera división con Iñaki Pola como entrenador. Fue un partido en casa contra el Zarautz que terminó en empate. Y como no, el partido en el que marqué mi primer gol en la categoría, contra el Santutxu en Loinatz. (En la foto, la celebración).

¿Cómo es el vestuario del Beasain, las personas? ¿Qué recibes de esa relación y qué das? Sin una buena gestión del vestuario, ¿los logros son posibles?

-Como he comentado antes, las personas son la base de todo y en el Beasain tenemos la suerte de tener a un grupo de personas fantástico. Un vestuario alegre, comprometido, disciplinado… Cada uno llega a entrenar con la mochila de lo vivido durante el día pero sabiendo que cuando llega al vestuario todos estamos ahí para ayudarnos mutuamente. Y cuando hablo de vestuario no hablo únicamente de jugadores; sino de toda la gente que forma esta familia ya sean entrenadores, preparadores, delegados, utilleros o cualquier persona que ayude en el día a día con toda su buena voluntad. Eso es lo que realmente hace grande a un equipo.

Para mí, es fundamental una buena gestión de las personas para el éxito. Está claro que cuando las cosas marchan bien esa gestión pasa prácticamente desapercibida y se le resta importancia. Pero cuando las cosas no marchan tan bien es cuando se dejan entrever los puntos débiles de un equipo.

Pienso que sin esa gestión del vestuario los logros pueden llegar a ser posibles, pero siempre que se haga una buena gestión se estará más cerca y mejor preparado para alcanzarlos. Que en esta vida no se trata únicamente de llegar y lograrlos; sino de llegar y lograrlos bien.

Personas como tú, Jonma, Etxabeguren, Aiert Ordoñez, Arzamendi, Aritz Imaz, Iván Claver… universitarios titulados, expertos en el fútbol y en la vida, ¿sois un espejo en el que se miran los jugadores jóvenes? ¿Aceptan lo que les decís? ¿Son diferentes a vosotros?

-No sé si seremos un espejo para ellos, lo que sí es cierto es que yo mismo también aprendo de todos ellos cada día. Tenemos una bonita mezcla de gente con experiencia y jóvenes que acaban de empezar en esto del fútbol y de la vida. Todos nos respetamos y la palabra de uno es tan importante como la de otro más allá de la edad.

Sí que es cierto que tenemos a jugadores que han jugado en categorías superiores; en otras ligas, ciudades o países y sus vivencias son muy bien valoradas por todos. Eso hace que los jóvenes se sientan arropados y den más de sí mismos por el equipo.

Por lo demás, creo que el tener cada vez a más jugadores de casa en la primera plantilla es esperanzador para los jóvenes ya que ven que apostar por ellos es posible en el futuro.

Después de tantas temporadas ¿Jon Iglesias mantiene vivos los sueños? ¿Cuáles?

-Es una muy buena pregunta que cada vez la escucho más. Será que verdaderamente me estoy haciendo viejo para esto del fútbol. La verdad es que no tengo un sueño en concreto. Un sueño es poder entrenar cada día con amigos que lo han sido desde la infancia. Con compañeros que he ido conociendo por el camino y que se han convertido en amigos. Poder compartir el día a día con personas que no habría conocido si no fuera por el fútbol y aprender de ellas. Esos son sueños de verdad; sueños hechos realidad.

He aprendido a disfrutar del proceso hacia el éxito; más allá de si finalmente se consiga o no. Aprendido a disfrutar de un entrenamiento, de una merienda, de una charla de vestuario. Alcanzar pequeños logros en el camino hacía el éxito final ya es un éxito en sí mismo. Eso te hace crecer y formarte como persona.

Me encuentro bien físicamente y mientras así sea espero seguir disfrutando de todo esto. El día que físicamente no pueda o deje de disfrutar del proceso, entenderé que es momento para dejarlo y buscar otra afición con la que pueda engancharme.

Defiende la unidad familiar en la que cree. Sus padres, su hermana, su pareja, forman parte de un mundo feliz. Disciplinado y exigente, profesional y solidario con todos los proyectos en los que participa. Le encanta viajar y Filipinas fue el lugar que más le ha impresionado de los muchos sitios que conoce. Por su belleza y por lo que permite desconectar.

Podría hablar también de las morcillas de Beasain, del pescado a la parrilla, de un buen plato de jamón o de lo que sea. Le gusta comer de todo y que las raciones sean vascas, amplias. Eso sí, al final un café de primer nivel. Hablando de personas hacia dentro y hacia afuera, a día de hoy se fija en las páginas de un libro de autoayuda, cuya autoría corresponde a Dale Carnegie y que se titula «Cómo ganar amigos e influir sobre las personas».  Aunque es bien cierto que si entras en su casa, la biografía de Xabi Alonso, su ídolo futbolístico, ocupa un lugar preferencial. Lo mismo que la camiseta del Beasain, las fotografías, los recuerdos y el orgullo de pertenecer al club que lleva en las entrañas.

 

 

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