La Copa que no marea

Hay Copas y copas. Las primeras las disputan los equipos que compiten en muchas especialidades deportivas. Las otras nos las tomamos cuando nos apetece. Éstas sólo dependen de nosotros. Las otras, a día de hoy, forman parte de un «totum revolutum».

Si hablamos de fútbol, la Real la jugará en Sevilla y a eso le dedicaremos en su momento algo así como un tratado de metafísica. Lo inminente se relaciona con el balonmano. Este viernes, en Madrid, inician su andadura los ocho equipos masculinos. Entre ellos el Bidasoa. Sus seguidores, su peña fiel, se habían organizado para animar al equipo, pero no podrán acudir al recinto elegido, porque no se permiten los desplazamientos.

La Copa de la Reina es un laberinto. En principio, estaba prevista para el mes de abril en Gipuzkoa (23 al 25) , pero está claro que la no presencia de aficionados en las gradas de aquí  (En Madrid autorizan 1.500 este fin de semana) crea quebrantos presupuestarios. Cero ingresos y múltiples gastos no se soportan.

Se pensaba en Artaleku como un recinto idóneo, pero el Bidasoa está jugando la liga Asobal en esas fechas y el encaje no era fácil. Se reúnen las partes afectadas y deciden aplazarla. Bien a mayo, junio, o después del verano. Esto ya sucedió con la pasada edición en Alhaurín de la Torre. la pandemia hizo estragos entonces y sigue presente en nuestras vidas.

Se ha llegado a hablar de una sede alternativa pero el ente foral de Gipuzkoa realizó una apuesta fuerte por esta competición: «La Diputación lo visualiza como una oportunidad de visibilizar y difundir el deporte femenino en nuestra provincia y, específicamente, el balonmano femenino», se recoge en una nota explicativa.

Sólo el tiempo nos enseñará un nuevo camino.

 

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