Seleccionar página

No me refiero a la película de los Monty Python, sino al extremo que ha elegido Valencia para jugar al fútbol hasta el próximo verano. Por eso, he escrito con y griega su nombre. Hace tiempo aprendí que en este deporte del fútbol donde se mueven dinero, intereses, agentes, secretarios técnicos y demás feligresía, dos y dos casi nunca suman cuatro. Alguien filtró que la Real seguía sus pasos, que interesaba incorporarlo para la causa, sobre todo después de la lesión de Ander Barrenetxea. Iba a llegar un futbolista excepcional, una revolución para las bandas, un elegido de los dioses, un adalid con las melenas al viento. Cuando la tabla de surf iba sobre la ola, el personal estaba convencido de que aquel chaval que tanto brilló en Ipurua terminaba en la arena de Anoeta. Sin embargo, en el take off cambió de rumbo y terminó en el Turia. Nada que objetar porque la decisión es de él. Ha sido maravilloso comprobar cómo han sido las ciabogas para confirmar que no llegaba, que las cosas se complicaban, que no es tan bueno, que el futuro pasa por Zubieta, que mi abuela con bigotes, mi abuelo…Decepcionante mercado de invierno. Menos mal que Januzaj e Isak se fueron a Londres para mover un poco el ambiente y comprarse unas rebequitas y unas tabletas de chocolate Cadbury con permiso de la nutricionista.

Confirmado quedó en su día que en los despachos se controlan cincuenta mil jugadores. ¡Oiga, que ninguno ha aterrizado en el aeropuerto! Por tanto, tiramos con lo que ya se tiraba desde hace meses (incluyo aquí a Rafael) y traemos al Sanse a un chico de Louisville que atiende por Jonathan Gómez, un central de Zaragoza, Enrique Clemente y recuperamos a un lesionado como Alex Sola. Así que tanto el partido de anoche con el Betis, lo que falta de la liga y la inmediata eliminatoria con el Leipzig la asumirán los que estaban. ¡Je suis desolé!

Desolado por la falta de fichajes, no. Desolado por el meneo, sí. El partido fue casi un calco del que ambos equipos disputaron en liga no hace muchas semanas. El Betis abrió el campo, aprovechó las bandas para llevar peligro y poner balones que supieron rematar de modo muy efectivo. Mejor situados en el campo, dominadores de las segundas jugadas e inteligentes a la hora de descubrir los espacios para llevar peligro a la meta de Remiro, al que no le podemos poner un pero. Los de Heliópolis forman un conjunto solidario que pelea y presiona hasta el pitido final y que pasa de ronda de forma merecida, porque además la fortuna no estuvo del lado guipuzcoano. Ni en el terreno de juego, ni en los alrededores.

La primera parte fue exactamente lo que no deseábamos. Un gol tempranero de los sevillanos y mucha dificultad para superar la presión alta del Betis. La autoría correspondió a Juanmi por cuya continuidad txuriurdin no hubo demasiado entusiasmo. La situación restó fluidez al juego ofensivo y complicó la búsqueda de caminos por los que llegar a la meta verdiblanca.

Pese al mazazo y a las complicaciones, la Real fue capaz de recuperar sensaciones, llevar peligro en acciones de balón parado y marcar el gol del empate. No subió al marcador porque ese invento llamado VAR funciona a su manera, al igual que quienes lo manejan. Hay que tener bemoles y pelotas para anular el tanto. En aquel tiempo del sentido común arbitral y de las decisiones, ese gol valía a todos los efectos. El equipo tuvo que seguir remando contra la corriente hasta el descanso. Poco antes Remiro salvaba una acción espléndida de los andaluces que pudieron sentenciar con un segundo tanto.

Al poco de reanudarse el juego, llegó la parada de la noche. Una mano increíble de Rui Silva evitó el empate de Isak. La jugada merecía otro final desde la perspectiva blanquiazul. Luego, ya sabéis, Canales, con mando en plaza, jugó como sabe y le gusta. Tanto Juanmi como él fueron nuestros, pero…los renglones de cada historia y cada decisión a veces se escriben torcidos. En estos dos casos es evidente.

Cuando el segundo tanto bético amplió la diferencia, la eliminatoria estaba terminada, porque la Real no lograba imponerse en ninguna faceta del campo. Los futbolistas saben de sobra que esa situación atolondra, desanima y supone una enorme decepción. Seguro que soñaban con una historia muy diferente. Lo mismo que la fiel feligresía que se llevó un palo que no esperaba. Palo del que el equipo deberá recuperarse cuanto antes. Ante el mismo conjunto ha encajado ocho goles en dos partidos, sin marcar ninguno. Quedan muchos retos por delante y será bueno afrontarlos en las mejores condiciones, pese a la oportunidad perdida de acceder a una semifinal. Podía pasar. Trataré de refugiarme en La vida de Brian que, al menos, es una comedia.

Apunte con brillantina. No me diréis que la gala en la que se elegía representante para el festival de Eurovisión está dando un juego supremo. La vi enterita de principio a fin. La que ganó, Chanel, presentó una canción festivalera, con trabajada coreografía. Sin dejar de reconocer su mérito, disfruté más con la catalana Rigoberta Bandini y su ¡Ay mamá!. “Paremos la ciudad sacando un pecho fuera, puro estilo Delacroix” dice la letra. Anoche el territorio quedó atónito, no pudo sacar pecho, ni presumir. (Foto: Noticias de Gipuzkoa)