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Desde que se crearon las redes sociales, el campo de posibilidades es inmenso. Conviven muchas cosas a la vez: noticias, avisos, publicidad, fotografías, vídeos, opinión, información, desencantos y desencuentros, ironía, imaginación y ocurrencia. Recibí el sábado por la noche un twitt que me apetece compartir ahora con vosotros. Decía lo siguiente: “Mañana nos podemos poner a 3 de Champions. Dicho esto, felicidades al Elche por la victoria de mañana”

Sin conocer al autor, seguro que hay una persona con experiencia, que ha visto muy de cerca la posibilidad de una conquista, pero que a la hora de la verdad, como tantas veces, se escurría como el agua entre los dedos. Por una vez y sin que sirva de precedente, la Real ganó con justicia. Suma tres puntos y sigue su consistente travesía hacia el objetivo que persiguen. Más allá de las lesiones, de los estados de forma, el alma sigue siendo irreductible.

El partido de Elche conllevaba varios peligros. Por encima de lo que el rival iba a poner sobre el césped, convenía no olvidar que se celebraba el Domingo de Ramos, día muy florido en la ciudad alicantina. Jornada muy especial, en la tierra en la que se asienta el mayor palmeral de Europa, Patrimonio de la Humanidad. La palmera de Elche es blanca. Los artesanos trabajan con ella desde la tradición familiar de quienes logran auténticas obras de arte. Se pudieron ver ayer por las calles que recorrió la tradicional procesión. Ignoro si los realistas se asomaron a las ventanas de hotel para ver el espectáculo que representa la entrada de Jesús en Jerusalén. Durante muchos años el equipo se hospedaba en el Huerto del Cura, edificio ubicado en medio de un palmeral espectacular y que permite destacar la belleza de un entorno singular.

Los historiadores vinculan también este acto con el culto a la diosa Proserpina, desde la mitología clásica. Sea lo que fuere, con la procesión de ayer se iniciaba la Semana Santa, ambiente más o menos soleado y con temperatura agradable. Ese ambiente de relativo jolgorio por ser fiesta de interés turístico, las propias necesidades del conjunto de Francisco y la oportunidad de la Real para consolidarse, planteaban un cuerpo a cuerpo interesante que los de Imanol debían aprovechar para acercarse al objetivo y transmitir fortaleza a sus rivales directos. Sorprendió el plan de salida, más aún cuando el equipo encaja un gol de pájaros y flores nada más iniciar la contienda. Lucía el sol, la temperatura agradable y sospecha de que esperaba una tarde con poco glamour. Falsa alarma.

Comenzaron a suceder cosas raras. Por ejemplo, el rombo que se sacó de la chistera el míster y su posterior adecuación a otra realidad. El penalti que transformó Isak y que no subió al marcador. Hasta donde me alcanza la memoria, no recuerdo una situación semejante en la que se anula el tanto por paradiña y al autor del gol se le enseña una amarilla por pararse cuando no debe. Creo que la decisión dejó a Isak desconcentrado para el resto del partido. La jugada, lejos de afectar al equipo, le mantuvo en la misma dinámica. los granas siguieron a lo suyo y sendos cabezazos cambiaron la tendencia.

Le Normand se estrenó en liga. Lo de este chico es una locura. Más allá de que se meta en piscinas de agua fría a las ocho de la noche, ofrece un rendimiento extraordinario y un crecimiento impensable hace no muchos años, cuando siendo más joven abría la lata de antxoas. Pecados de juventud que hoy son historia..

Hablando de pecados. En el descanso del partido hice zapping por distintos canales de televisión hasta que llegué al andaluz. Un directo con procesiones de Semana Santa. Casi me da un soponcio, cuando pasando la Virgen de las Angustias por las calles de la Palma del Condado, en el lateral del paso, un redactor entrevista a una pareja de confiteros que sujetan con las manos una bandeja llena de torrijas almibaradas. En otro tiempo hablaríamos de herejía, pecado mortal, excomunión y castigo con latigazos. Hoy, como se puede comprobar, todo cabe en la viña del Señor. Y el Viernes Santo, partido en Anoeta, con la visita del Betis. ¿Se admite acudir al campo con vestido de nazareno y capirote?.

El domingo de Ramos supone un paso al frente de un equipo que fue de menos a más. Después del trajín de un calendario inafrontable, el equipo ha vuelto a la calma de partido por semana. Ello conlleva que unos cuantos jugadores recuperen las sensaciones perdidas y aporten aquello que el equipo necesita. Hay días en los que David Silva debería vivir en una hornacina. Si coincide con Mikel Merino sin dolores, el centro del campo es una centrifugadora, porque al motor se suman Zubimendi, Rafinha o el que decida el técnico. Luego están los rematadores. Por ejemplo, Sorloth. David Slva le pone un caramelo al que el delantero escandinavo quita el celofán. En siete minutos la tortilla dio la vuelta. Y a partir de ahí, la sensación de que el partido estaba controlado. Los cambios oxigenaron y apuntalaron. Tres puntos más en el camino hacia el objetivo que supone jugar la próxima temporada, de nuevo, una competición europea. Hablar de Champions y esas cosas da un poco de vértigo, máxime con el calendario que se avecina, pero estamos tan a gustito.

Apunte con brillantina: Una hora antes del partido en el Martínez Valero se jugaba el Manchester City-Liverpool, alto voltaje por el título en la Premier. Les separaba un punto y les sigue separando, después de noventa minutos escandalosos. Grandísimo encuentro, sin medio segundo de respiro, con dos imponentes entrenadores en los banquillos y con un abanico de futbolistas que quita el sentido. Sabéis que Kevin de Bruyne me apasiona. El encuentro que se casca es monumental. Si podéis ver semejante oda al fútbol, no perdáis la ocasión.