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A eta hora los aficionados al ciclismo, lo mismo que los profesionales, deben estar frotándose los ojos y preguntándose si, todo lo que han visto, es verdad. La undécima etapa del Tour de Francia ha sido un monumento de entrega, combate, táctica y estrategia. Todo a la vez en los 151 kms del recorrido alpino entre Albertville y el Col de Granon, final de etapa.

Antes, dos subidas míticas como el Telegraphe y el Galibier. En esos tramos no hubo racaneo. Se movieron en busca de la gloria y de un escenario diferente al previsto. En él, Tadej Pogacar, el todopoderosos corredor esloveno, dispuesto a sentenciar la carrera. Su directo rival, Primoz Roglic, parecía tocado y lejos de liderar cualquier revuelta. A día de Hoy, su equipo, Jumbo Visma, es muy fuerte y si falla uno, surge otro.

Se llama Jonas Vingegaard. Lo suyo ha sido tremendo. En mitad de la subida al Granon atacó. Pasó la pulidora para superar en el camino a quienes iban por delante. Los Arkea, Quintana (2º en la etapa y 5º en la general) y Barguil, sintieron su emboscada. Ellos y todos los que venían por detrás. En el esfuerzo acumulado del día se desconocía cuánto les quedaba para el tramo final. Pogacar seguro que no esperaba un ataque tan brutal y las propias carencias que le hacen perder el liderato.

Fue séptimo en la meta (a 2’51») y es tercero en la general (a 2’22). Tan inesperado como real La llegada de los corredores a la pancarta era la imagen del agotamiento. Todos, de uno en uno, se iban dejando una minutada.. Enric Mas, décimo quinto, perdió 8’08», al igual que Geschke. Estos dos fueron los primeros corredores en entrar juntos. Los cuarteles de los equipos deberán explicarse qué ha podido pasar en una jornada calurosa y plagada de espectadores y preparar la estrategia para le etapa de este jueves que afronta el mítico Alpe d’Huez. ¿Le durará la pájara a Pogacar? ¿Los Jumbo explotarán aún más sus fortalezas?.

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