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No nos conocíamos de nada hasta hace unas cuantas semanas en las que compartimos mesa coloquio en el CM Olarain. Aluciné en colores por las cosas que dijo y cómo las dijo. Es un chaval, no amueblado, sino amuebladísimo, que el pasado domingo se llevó un mamporrazo en toda la nariz, por obra y gracia de un codo despegado, con brazo y antebrazo, movido por una palanca invisible. Todo pasó inadvertido para el asistente que estaba a un estornudo de la jugada, para el árbitro que, al parecer, perdió las gafas, para el responsable del VAR que, también al parecer, en ese momento sufrió un apuro mingitorio. Si no es así, parece inexplicable que todo el mundo se llamara a andanas. Buena parte del coro de antiguos combatientes, ahora comentaristas, no dudó en asegurar que la acción merecía una tarjeta roja y expulsión.

Al pobre Aihen, que midió sus palabras post partido y se mordió la lengua de lo lindo, no le respetaron. Gentes hartas de los atropellos, casi siempre por tolerancia de los mismos, comentan que el chaval se debía haber tirado y meterse en un ay, ay, ay, como si estuviera cantando, en plan espigadora, la rosa del azafrán. Cuando un colegiado no quiere ir a ver la tele, no va, por mucho que le aprieten los jugadores. Sabe que se puede encontrar con lo que no quiere y decidir en contra de uno de los más mediáticos. En cambio, el pobre Aihen se lleva un soplamocos y si cae al suelo, henchido de dolor, a lo mejor hasta ve una amarilla por simulación. ¡Tenemos el culo pelado, Mikelarena!

Aihen es un jugador de equipo, un hacedor de vestuario. Su enagua no dispone de bies, porque es más claro que las aguas cristalinas. La lesión de Diego Rico le ofrece una oportunidad para defender la camiseta que lleva con orgullo y cumplir con lo que le diga su entrenador. Da lo que tiene hasta donde sabe y puede, aun a riesgo de que le partan la crisma. Ayer fue titular en Elche, jugó los noventa minutos y sumó uno más en su cuenta personal de partidos, al igual que Elustondo. Llegar a doscientos encuentros no está al alcance de la mayoría. Son jugadores de casa, de label propio, con sello personalizado. El mismo de los Pacheco, Karrikaburu, Barrenetxea, Illarramendi, soldados de la guardia de corps txuriurdin.

Por ahí iba la semana. Andábamos por esos lares informativos  cuando surgió el tsunami que no dejó títere con cabeza. Llegó el Newcastle con una talegada. Entra dentro de lo probable que la Real no creyera que eso iba a suceder, pero sucedió. De repente, un carretón de millones y una necesidad de reforzar la zona damnificada por el oleaje. Las redes sociales echaban humo y los teléfonos ardían. Se nos ha ido Isak, tan grande como humilde. Ejemplar. Sin embargo, como comentaba Brais al final del partido, debemos seguir adelante. Disfruto mucho con estos momentos de los rumores, de las filtraciones interesadas, del gato y el ratón, del despiste y de todo lo que se mueve en torno a las decisiones. Cuando vino Isak nadie le conocía y mira cómo se ha escrito la historia. Ahora, llega el momento de concretar. No es fácil: Sorloth, Mariano, Raúl de Tomás, Ayoze Pérez, Memphis Depay, un húngaro, un centroeuropeo, un armenio, algún francés, tal vez la Terremoto de Alcorcón y, ya puestos, la Pantoja de Puerto Rico. ¡Piruleta al que acierte!

No quiero ni pensar en otro uppercut de última hora que nos levante otra pieza indiscutible en la estructura del plantel. Lo hizo el Barça al Deportivo con Rivaldo, cuando no quedaba tiempo para reaccionar. La caja estaría rebosante, pero en lo futbolístico un sopapo a la línea de flotación. En medio de tanto desasosiego llegó el partido de Elche. En circunstancias normales, os hubiera hablado del helado de turrón que tanto me gusta y que no he comido mejor que en aquella ciudad pero, estando el horno para otros bollos, cualquiera se atreve.

La primera cuestión que quería conocer era la decisión del míster ante la ausencia del referente ofensivo.  Como en las películas toleradas para mayores de 14 años, un rombo. Titulares dos de los nuevos y el tercero, autor del solitario gol de la victoria. Brais Méndez, elegido MVP del match, no desperdició el pase de hornacina que le dibujó Zubimendi. El gallego saludó a las meigas. Cosa que no hizo Merino cuando desde los once metros dispuso de una oportunidad para que todos abandonásemos las tilas. Se inventó un no sé qué, impropio de su condado. Seguro que si hay una próxima vez, le pega al penalti un mangazo que destartala la red. Como los puntos volvieron en el avión de regreso, miramos hacia otro lado. ¡Faltaría más, con todo lo que nos ha dado!

Lo mejor del triunfo son los tres puntos, la espléndida primera parte y la capacidad de imponerse al trasteo de la semana. Entre lo de Aihen, lo de Isak, el sorteo europeo, los rumores de posibles fichajes, es de mérito lo que el equipo fue capaz de conseguir, con el apoyo siempre fiel de un más que nutrido grupo de seguidores más contentos que unas castañuelas. Dos partidos, lejos del hogar, dos victorias. Para el siguiente partido en casa conoceremos la habilidad del club en las contrataciones, de qué color es el conejo de la chistera y quién hace magia.

Apunte con brillantina: ¡No se me ocurre nada!